días.de.darcy

blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

  • Categorías

  • Archivo

  • delicious

El dilema de Belén

Publicado por jorgemayer on 25 25e Abril 25e 2008

[Este es un texto recobrado. Fue publicado originalmente hace un año en Crónicas inútiles, el único blog que se ocupa de la Feria del Libro de Buenos Aires]

Aquí, en este mismo espacio, se supone que yo debía ir anotando mis impresiones sobre la treintaytresava (el sufijo avo/a se utiliza para señalar la parte de un todo, no en el sentido ordinal, boludo, decí trigésimotercera) feria del libro. ¿Seguirá siendo del autor al lector? Qué feo, qué opinarán de eso mis amigos editores, los agentes literarios, los vendedores de panchos. Pero el caso es que no, que no pudieron conchabarme para que yo escriba una columna diaria. Yo creo que me rechazaron por celos profesionales. Todo el mundo sabe quién soy y qué tan malo soy escribiendo, qué les costaba pagarme el viático. ¿Muy caro? ¿Muy caro para tan magro resultado? Puede ser. Reconozco que estoy vacunado contra el periodismo. No sirvo para eso. Es más: tengo amigos periodistas. Los tengo, pero cuando se lo cuento a alguien (¿por qué contarle a alguien que tengo un amigo periodista? ¿para hacer roncha?) siento que le digo que tengo un amigo puto. Y sí, tengo un amigo puto, pero cuando lo conocí yo no sabía que era puto. Creo que no lo tenía decidido. Es más: hasta se dio el lujo de soplarme una mina que ya casi tenía a tiro para darle el tarascón. Pamela. Pamela no era muy cuidadosa al depilarse. Tampoco tenía buena dotación pectoral. Pamela tenía por única virtud el darme pelota. Le gustaba escucharme hablar y a mí me gusta mucho hablar. Hablar y que me escuchen, o al menos que pongan cara de, y ella, si es que no me escuchaba, era una artista en el arte de poner cara de. ¿Lo ven? Yo no podría ser periodista. Ahora mismo me acabo de dar cuenta de que todo lo escrito hasta acá no tiene ninguna relevancia. Por eso mismo me da fastidio, los zapatitos me aprietan, las medias me dan calor. Un periodista no se pone colorado por escribir cosas intrascendentes. Al contrario: me imagino que pensando en la paga mensual hasta se convencerán de que no se trata de decir la verdad, ni la mentira, ni de ponerlo en palabras bonitas ni feas. Es el sueldo, estúpido. Comprendo, no hace falta que me griten. Yo también he tenido épocas de malganarme un sueldo haciendo algo que no me gustaba. Tenía un jefe bajito. A veces se enojaba, pero en vez de meter miedo, daba risa. Igual, un día estuve tentado de darle una trompada. Casi lo hago, pero yo también soy bajito y de por medio teníamos mi escritorio, que es el más grande de la oficina. O sea que no le pegué por razones logísticas y me quedé con las ganas. No hay jefe que no haya hecho mérito para que le den una buena trompada, o es que alguien se atreve a decir lo contrario. Díganlo, imbéciles, anótenlo. Qué digo anótenlo, péguenle. Odio el capitalismo, pero más odio la opresión a la que son sometidos millones de cubanos de buena voluntad, qué quieren que les diga, pero es así, si no hay efectivo, no hay crónica. Lo mejor de todo es que tomé parte en reuniones. Llegamos a diagramar el formato de las crónicas y no, no pudo ser. En lo mejor del amor siempre pasa algo. Una vez llamaron a la puerta. Suerte que le había puesto llave, porque yo estaba de prestado en lo de un amigo. Y justo era mi amigo. O sea que lo dejé afuera. Ameritaba, no digo que no, pero cada vez que recuerdo la escena pienso en los tipos que toman viagra. ¿Cómo es que atienden los llamados a la puerta? ¿Se puede llevar una vida normal si uno consume? Digamos, si se me ocurre ir a batirme un café, que es lo que suelo hacer cuando necesito calmar mi ansiedad, cómo hago. O se supone que tengo que comportarme como los conejos. No envidio a los conejos. Se ve que hay gente que sí. Yo les guardo mucho aprecio a los conejos. Su carne es lo más delicioso que he comido en el último cuarto de siglo. No, seguro que miento. Antes decía lo mismo de una pizza a la parrilla que comí en Rosario, pero creo que la pizza no era tan buena y que Rosario debe ser la ciudad más fea del mundo y que estar bien acompañado mejora bastante las cosas. La compañía en cuestión sí tenía buena dotación pectoral y eso lo justificaba todo. Era taurina. Yo estaba en esa época de la vida de los capricornianos en que nos enamora tauro. Vamos, un estúpido. Pero es así nomás, una buena dotación pectoral puede lograr que uno se convenza de que acaba de comer la mejor pizza del mundo. Es un bulevar. Nada especial. En mi pueblo, hay sólo dos bulevares. Uno tenía unos canteros preciosos. A esos los regaba mi papá. No eran raras las noches en que los caballos del turco Mussi cenaban el césped. Una vez, quizá en parte de pago, le regalaron a mi hermano un caballito. Papá le puso Noble, pero hubo que devolverlo, o venderlo, o quitárselo de encima. La carne de caballo, en lugares como mi pueblo, llega a ser mucho más apreciada que la carne de conejo. Cosas del hambre que le dicen. Hablando de hambre, me estaba acordando de Belén. A Belén la conocí antes que a Pamela. Era la mina ideal. En algún punto creo que todavía lo es, o lo sería, si no fuera que está embarazada de otro. Morochita, delgada, alta. Bastante más alta que yo, simpática, lectora. Un poco tonta, también le gustaba escucharme perorar. A veces soñábamos con los ojos abiertos. Nos daba por querer una casa llena de libros. Colchones y libros. Colchones para coger como conejos, dondequiera fuéramos presa del deseo y libros para el resto de la vida, que no es poca. Algo falló en los planes. Habría que trabajar o algo así. Si uno no trabaja se muere de hambre y si trabaja le dan menos ganas de coger, menos ganas de leer libros. O al contrario, más ganas le dan pero menos fuerzas tiene. Me dejó, pero yo me quedé pensando. Siempre me quedo pensando. A veces, les juro, no hago otra cosa. Pensaba que la solución a lo que podríamos llamar el dilema de Belén (te voy a decir una cosa: de un tiempo a esta parte te has mudado al barrio de la cacofonía, no sé cómo hacés, pero hay una grosería cada dos frases). Hay que trabajar en algo ligado a coger. O de última, a los libros. Considerando que no podría comportarme como un conejo, descartemos el cine pornográfico, la prostitución y todo eso. Nos quedan los libros. Los libros cogen mentes. Coger y dejarse. De eso se trata.

Publicado en -doc-, Hipomanía | Sin Comentarios »

Lo que vendrá

Publicado por jorgemayer on 18 18e Abril 18e 2008

Lástima El eternauta, pero la verdad es que una ciudad sitiada por el humo sería un buen comienzo para una novela apocalíptica como esas que se estilan ahora.

Publicado en Piquis | 1 Comentario »

I´m gonna give you the slip

Publicado por jorgemayer on 16 16e Abril 16e 2008

Si no mal recuerdo, mi yo de hace unos años gastaba sus mañanas en una mal llamada oficina pública.

Si lo digo así, tan suelto, es porque esa oficina pública ya no existe. Algo hizo el tiempo con ella y, si es tan sabio como la gente cree, haríamos bien en pensar que lo hecho ha sido lo correcto.

Gastaba, digo, y ya no gasta, porque yo ya es otro tipo. Pero sin embargo el gasto, que no la pérdida según me lo han enseñado mis maestros contables, sólo era de tiempo.

Lo escribo, lo veo escrito y me parece una patraña. Lo único que puede perderse es el tiempo; el resto se maquilla, se transforma, cambia de manos. Pero no ahondemos.

Mi yo ocupaba un escritorio cerca de la puerta de salida. Mi yo era el encargado último de echar un vistazo a la documentación antes de girarla al archivo. El archivo era un lugar remoto o el subsuelo, ya no lo recuerdo. El caso es que las horas se iban mientras mi yo leía la política hecha carne.

Por hache o por be, cada uno los trámites en los que mi yo era llamado ha intervenir se habían truncado. Entre hache y be se forjaba una vasta y morosa literatura de la dilación. Las excusas de las que se valía el funcionario competente para desligarse de aquello a lo que su investidura lo obligaba eran de lo más floridas.

La mal llamada oficina publica abarcaba demasiadas funciones pero su funcionariado se sentía cómodo hablando de fomento a la producción primaria. El estado y la producción, cualquiera lo sabe, tienen bien poco que ver. Como las rectas paralelas, sólo se cruzan en el infinito.
So pretexto de mejorar la especie, se importaron unos raros bichos al que los papeles bautizaron castrones de angora. El pueblo, no obstante, acaso por su perfume poco grato, siempre los conoció como chivos.

Los chivos viajaron en avión. Algo debía fallar y, de toda la tramitación, eso es lo único que se cumplió puntual: la fatalidad. Llegaron tarde, con el pelo crecido. Algún otro ruido impidió que se los internase en una cabaña adecuada a los fines originalmente previstos. Lo cierto es que todo el calor de diciembre se desplomó sobre el breve corral en el que doce fieras embravecidas bailaban una danza siniestra.

A esto lo supe leyendo el informe -desesperado, descarnado- de un ingeniero agrónomo. Y si resalto su condición profesional es porque siempre me ha gustado mucho leer informes técnicos. Me gusta la forma en que cada ciencia se forja su propio acervo y el modo en que lo retuerce hasta dar lugar a un idioma casi por completo ajeno al idioma padre que lo parió.

Los agrónomos no gozan de buena reputación entre los ingenieros. Los ingenieros no tienen buena relación con la palabra escrita. El informe, ya lo imaginan, era desopilante.

Como si fueran soldados de alguna tribu punk celebrando Transmission de Joy Division, los bichos se daban todos contra todos, hasta que, al fin, uno se daba contra el piso. En ese momento iban todos contra el caído. Hasta matarlo.
Estos días me ha visitado varias veces la imagen del pobre infeliz al que, culpa de un inoportuno mal paso, todos le cayeron encima. Ante el indicio de un ejemplar poco digno, la tribu lo ajusticiaba.

Lo ajusticia.

El ser humano, pensaba, no se maneja de un modo muy diferente. Hagamos leña que se viene el invierno.
Lo extraño es que un tipo se mande un moco y le caigan todos encima y antes -o después, poco importa cuándo- otro tipo se manda el mismo moco -o uno muy parecido o uno más gravoso- y el mundo siga su curso como si nada.

Eso sucede y no muy lejos de aquí.
No sé por qué lo harían los castrones, pero me late que hay una explicación para la conducta de los bípedos implumes.

Cuando el moco se lo manda un tipo que no vale nada, todos le caen contra él no por la razón episódica sino por la estructural. Si el moco es cometido por un individuo que goza de una cierta reputación a nadie le importa. Todos saben que, más temprano que tarde, el tipo volverá de su espasmo.

Cuando eso suceda nadie tomara nota de su rubor.

Publicado en -rtf-, Hipomanía | Sin Comentarios »

Midnight

Publicado por jorgemayer on 10 10e Abril 10e 2008

Hasta cuándo, pensará ella, lo sospecho, cuando pone su cabeza enrulada sobre la almohada, de espaldas a él, que acaso en ese preciso instante esté haciendo el repaso de un día que no se resigna a morir sin pelear, uno de tantos, casi igual a todos, de esos en que te levantás,, te das una ducha, ves tu cara en el espejo brumoso de la hora, pensás que hoy es un buen día para ser el último día de algo, de este maldito trabajo, pongamos, de la facultad, de la vida en pareja, no como quien dice para empezar alguna otra cosa sino más bien con locas ganas de terminar algo y ver a los ojos el mismo abismo que ya nunca vas a ver. Ella ya no te quiere. Nunca te lo diría. Es demasiado… Demasiado no sabés qué, y a la vez tan suave al tacto, y de esos ojos sangrantes ya de ver tantos abismos y a vos mismo acurrucado, muerto de frío pero sin parar de hablar de esas cosas que a ella no le interesan. Un jefe que molesta demasiado. ¿A quién podrá importarle? No sabés bien ni te interesa saber por qué ha dejado de interesarte. El tiempo pasa y la primera cana que se infiltra en la cabeza enrulada que antes tanto le gustaba. Es el primer tipo que quise, dijiste alguna vez. ¿Eso debería ser bastante? Sí, pero quién lo pone por escrito, quién apechuga por vos. Quién podría poner en tela de juicio la segunda ley de la termodinámica, esa que dice… Las cosas, sólo en un sentido, y te aferrás a ese que conocías de mil y una referencias y la casualidad te pone un día en su delante y te despedís la segunda vez más cariñosa y al rato pensás va a darse cuenta y de qué me disfrazo si me mira a los ojos y me pregunta cómo me siento y qué planes tengo, no voy a tener otra alternativa que quedarme en silencio o suspirar y él se va a dar cuenta la tercera vez, cuando, sin soltarlo en abrazo, dejes caer la confesión: pusiste el dedo en la llaga y yo ya no quiera soltarla.

Publicado en -rtf-, Insomnia | Sin Comentarios »

Escritorio

Publicado por jorgemayer on 9 09e Abril 09e 2008

Abrochadora roja y ajena. Lapicera de tinta azul y prosodia lacrimosa Teléfono sin llamadas perdidas, sin mensajes sin leer. Primeros Philip a tres cuarenta el atado. Una hoja manuscrita en tinta azul de prosodia lacrimosa, tres ítem y una firma en mayúsculas. Cuatro hojas impresas. Tres vuelos semanales. Tres ciudades remotas. Una bien ganada ansiedad. Un robusto miedo a los aviones. Una deuda de sangre. Un jefe molesto. Una parejita en ciernes que cuchichea apenas por debajo de la canción por la que el mundo conoció a Scorpions. Una orden de pago sin imputación. Un señor de apellido impronunciable que espera a que lo atiendan. Tildes de tinta azul y prosodia lacrimosa para los días posibles. Los ojos en pleno brote de hastío. Un texto para escribir. Y otro no que merecería llamarse sí, o al menos quizá, en una de ésas.

Publicado en -rtf-, Inventaria | Sin Comentarios »

I´m gonna win ya

Publicado por jorgemayer on 31 31e Marzo 31e 2008

Si no fuera lo que soy, posiblemente hubiese seguido la huella de mi viejo. Estaría vestido de blanco y haciéndome el galán con todas las mujeres. Es algo inevitable, flota en el aire. Las clientas gozan con el buen trato. Es importante la higiene, suma puntos tener la mejor carne del condado, pero la carta ganadora es el trato. Mi viejo es tan amargo como yo pero se las ingeniaba, no sé cómo, para ganarse algún celo de mi madre, que es, sobra que lo diga, una santa.

Me impresiona la sangre. No me gusta el color rojo. No tengo espaldas para hombrear una res. Pero me hubiese gustado dedicarme. Sería un homenaje a los años felices, cuando en casa se comía carne vacuna en cantidades industriales. De allí sé que comer carne porcina es criminal, que el pollo es un bicho triste, que el cordero patagónico es un invento de la prensa obsecuente, que el conejo es una delicia de la que nadie debería privarse.

A veces salgo de mí para mejor verme.

Ayer salí de mí para mejor verme.

Me vi y era un perro. Oteaba del otro lado de la vidriera de una carnicería de mi barrio. Tramaba el modo en que daría el golpe. Me regodeaba mirando eso que el hombre de blanco cortaba en jirones. Pensaba qué bueno ser terrorista. Qué bueno hablar en castellano. Qué bueno tener manos para poder abrir la puerta, enseñarles una granada y decirles dénme lo que es mío y nadie saldrá lastimado. Y llevarme no mucho, un vacío, un matambrito, algo que sea digno de compartirse. Eso, por si me hiciera cosquillas el roce del amor.

Publicado en -rtf-, Espasmodia | 1 Comentario »

I´m gonna trick ya

Publicado por jorgemayer on 27 27e Marzo 27e 2008

agonía anomia
apriete barbarie ceguera
cohecho coima
confrontación defraudación
demagogia desabastecimiento
diezmo distorsión
enfermedad extorsión
falacia fraude
hambre herrumbre
inflación manganeta
manipulación muerte
obcecación peaje
peculado quiniela represión
retórica robo soberbia
usura
mentira mentira mentira

Publicado en -rtf-, Inventaria | Sin Comentarios »

I´ll follow your bus downtown

Publicado por jorgemayer on 26 26e Marzo 26e 2008

Si me callo porque me callo, si hablo porque hablo. ¿Cuándo van a entender? ¿O es que acaso en verdad tan mal está la educación y ya nadie que me vea en televisión entiende ni media palabra de lo que digo? Está bien, lo admito. Yo no te sé distinguir un lago de una laguna, pero a quién puede importarle eso. Te digo más: yo creía que Picasa era un servicio de hosting para fotos, mirá si mi relato, nuestro relato, el relato, es o no diferente de lo que dice esa manga de pelafustanes, cipayos, partizanos, que me dan con un palo ahora, que cometí esta gafe, pero son capaces de felicitarme si mañana salgo a repartir cachiporrazos y baños con el camión hidrantante. Hidrante, eso es lo que quise decir. Cualquier argentino de bien lo sabe. O debería saberlo. Y lo va a saber a partir de ahora. ¿O si no para qué venimos invirtiendo? Les llegó la hora. Se me ponen los pantalones largos. ¿Lo hacen por las buenas o tengo que mandar a alguno de los chicos? No quiero tomar medidas extremas. Conocida es mi postura en contra de todo modo de represión pública, de suerte que, si llegara a ser necesario, puedo, podemos, apelar a los buenos servicios de nuestros amigos de siempre. Me parece que no hará falta. No aprendieron nada. Se dividen. Se piensan que esto es un combate cuerpo a cuerpo y no, nada que ver. La revolución de mayo ocurrió bajo la lluvia, o al menos eso es lo que quieren decir los paraguas esos que se ven en cualquier pared de escuela primaria. O sea: ser patriota implica ser lo bastante fuerte como para soportar la inclemencia del tiempo, la catástrofe misma, llámese inundación, incendio de bosque nativo. No hay suficiente grandeza. No hay generosidad. Cuatro o cinco gatos patalean, y la redistribución qué. Y mejor que no me hablen de faraónicos dineroductos. Yo no conozco a ningún Lázaro levántate y anda ni a ningún Cristóbal que venga acá y me pare el huevo. A Julio no se lo toca y a Rudy a lo sumo le hacemos un lifting. Nunca oí a nadie hablar de panamerinosecuánto. Es el relato, estúpido. No se le retiene a las mineras y nadie abre la boca. Es que las mineras nunca fueron un grupo concentrado del capital internacional. Yo les meto el dedo en el ojo porque me gusta hacerlo. Yo les digo de los trabajadores que ellos tienen en negro. Y lo hago porque sé perfectamente que nadie va a contarle a nadie que un gramo de oro, oíme bien, requiere de diez mil litros de agua. ¿Te imaginás lo que eso significa en una provincia que no tiene un solo río? ¿Y a cuánto cotiza el oro? Me dicen que está en suba pero yo no confío en el melenudo. Creo que anda en la rosca. Ya le vamos a dar. Algún comunicador equivocado tiró al micrófono algo que me indignó: las retenciones son un impuesto y los impuestos deben ser aprobados por ley del parlamento. Lo dice la constitución. Ay, la constitución… dice tantas cosas. ¿Cómo era eso de que las cárceles de la nación…? ¿Cómo era eso de la ley orgánica de la auditoría general? Sin embargo, la constitución sigue estando llena de grandes verdades. Sin ir más lejos, el poder legislativo, en su condición de órgano deliberativo del poder ejecutivo, pondrá en vigor una ley de derechos sobre las exportaciones. Ni se les ocurra que la coparticipe, chicos. Si, de todos modos, siempre vienen al pie. Ahí lo tenés al gober ése, cómo es, el de apellido catalán, que dice “ojalá nosotros tuviésemos a alguien como él”. No lo tienen, ¿te das cuenta? Mejor tómense un tiempo. Reflexionen. Recuperen la cordura. Después, si quieren, conversamos. Ya se verá qué es lo que hacemos.

Publicado en -rtf-, Hipomanía | 2 Comentarios »

And if the lights are all down

Publicado por jorgemayer on 25 25e Marzo 25e 2008

Sólo una vez en la vida me vi una película de terror. No sé cuál sería, pero estoy más que seguro de que no he vuelto a verla. ¿Cómo lo sé? Ah, qué buena pregunta. Esas cosas que tiene la mente, esos hilos invisibles que atan lo esto con lo aquello y uno ni siquiera avisado de que exista lo esto, lo aquello, lo hilo. Lo invisible sí, eso está, eso es lo único cierto de todo. Es decir: que algo no se revele a los ojos no significa que no exista, al contrario; que algo se revele a los ojos es una buena razón para comenzar a desconfiar. Todo esto quizá sea para mí un consuelo, un entrenamiento para ser ciego alguna vez.

Vi una película de terror y yo apenas era una criatura. El televisor era un armatoste de un tamaño que nunca he vuelto a ver. El televisor sigue estando, como si fuera una reliquia, en el cuarto que mamá y papá reservan para mis visitas. Quizá esté cubierto por un paño, quizá esté a la intemperie y lleno de polvo, pero el temor es siempre el mismo. O uno muy parecido al que sentí aquella noche. Aunque seguramente no fue de noche que yo miré la película. Mis padres no me lo hubiesen permitido. Al cabo, nosotros siempre hemos sido una familia decente y hay quien pueda entender a la decencia por el hecho de acostarse temprano. Mi padre, por dar un ejemplo.

Debió ser por la tarde, sí, pero no se me ocurre cómo fue que pasaron una película de terror a esas horas. O quizá, y eso me da más miedo, no fue por la tarde. Quizá fue de noche que yo estuve arrodillado sobre el asiento, con los ojos casi pegados a la pantalla, apenas lo bastante lejos para hacer foco y tironeado de las orejas para estar más cerca del parlante y escuchar el volumen misérrimo que la noche permitía.

Sí, era de noche. Por alguna excusa dejé la cama. Debí tener ganas de hacer pis. Pasé por la sala y vi el inmenso cajón de muerto, como mamá lo ha llamado todos estos años, y la tentación me llamó por mi nombre. Yo dije sí. Yo tomé una de las sillas de la sala y la llevé junto al aparato. La arrimé tan cerca del mueble que no podía estarme sentado. Debía ponerme de rodillas sobre la silla para ver mejor. Para ver algo. Nunca pude haber visto todo el ancho de la pantalla desde allí. Estaba tan cerca que veía descomponerse las figuras en dibujos a rayas blancas y negras y lo peor es que hablaban. Sabe dios lo que habrán dicho.

Publicado en -rtf-, Espasmodia | 1 Comentario »

Getcha

Publicado por jorgemayer on 24 24e Marzo 24e 2008

Y qué me decís de la chica. La chica que sólo de momento es tu chica. Si se enteran en el trabajo la polvareda que se levanta, ¿no? Qué les importa a ellos, pensás. No les va a importar nada si ahora mismo la despachás. Sí, así como lo oís. Estás a tiempo de decirle tomatelás. Corré, corré a cualquier parte y no se te ocurra abrir la boca por nada del mundo. Vos no estuviste acá, vos no viste nada. Te lo pido por el amor de dios. Es lo mejor que podés hacer por mí. Pero no lo hacés, no porque tengas un mejor plan para ella. No lo hacés porque ahora tenés el culo lleno de dudas. Pero harías bien en decirle que se borre. Pensá en lo mucho que vas a tener que explicar de ahora en adelante. Las rodillas te tiemblan pero no admitís que eso sea miedo. Es la hora de la fresca. Corré. Dale, antes de que te vean.

Publicado en -rtf-, Vagamundos | Sin Comentarios »