Sentir algo que nunca sentiste

La angustia tiene voz. Para oírla basta con dejar la casa en silencio. Basta suspender cualquier cosa que uno esté haciendo. Si hace bastante silencio podrá escuchar la respiración, las actividades de mantenimiento del aparato digestivo, el tránsito sanguíneo. Acto seguido se sentirá débil, indefenso, e inevitablemente volverá a pensar en eso que lo aflige.
Cuando me di cuenta de eso le pedí a mi madre que ponga música, que prenda la radio, que prenda la televisión, que converse, no importa de qué. No dejemos que la casa quede en silencio. La música es un buen sostén. Ahora que *aquello* ha pasado estoy pensando en que debería comprarle a mamá una radio sencilla pero que tenga entrada usb y un pendrive. El siguiente pasa es buscar en internet la música que le gusta a mi padre: chamamé, polca, valsecitos criollos, algún tango, el folclore de los ’60, cosas así. Una magia modesta.
Una tarde mi hermano me lo pidió a mí. Qué querés escuchar, le dije. Algo con onda. Puse música electrónica y no funcionó. Algo copado, insistió. Yo siempre vuelvo a Cerati.
Hoy pienso en esa canción tremenda que fue, que sigue siendo, Té para tres. A esa canción Gustavo la escribió pasando un momento como el mío. ‘Te vi que llorabas por él’ lo escribió pensando en su madre y él es su padre. En su momento la odiaba, es espinetteana pero a todos nos ocurre aprender.
En mi elección fui menos obvio. Puse Lago en el cielo en la versión del festival de Viña del mar de 2007. Esta otra es una canción que me cala hasta lo más profundo. No sólo es bella, también fue la última que Gustavo cantó sobre un escenario aquella fatídica noche de Caracas.
Siempre encontré significativa que fuese la última por su contenido. Parece otra estúpida canción de amor pero en realidad es un diálogo entre el hombre y la divinidad, el diálogo feliz entre dos que se comprenden. El tiempo es arena en mis manos, tu tiempo es arena en mis manos, querido Gustavo, y ahora quiero que vengas conmigo.
Hoy te apuré, estaba tan sensible. Y por sensible, enojado con lo que me pasaba, enojados con lo que nos pasaba: la enfermedad, el duelo trunco, las noches sin dormir, los filosos bordes de la depresión; por eso la ira, los dientes apretados, los disparos en falso.
Mi hermano tiene una instrucción rudimentaria, no era el caso que me pusiera a explicarle la letra. De todos modos no hizo ninguna falta. Perdimos la vista para concentrarnos en el sonido y antes del chururururú volvimos a cruzar miradas. Teníamos los ojos húmedos.

https://youtu.be/9yoPMChej_k

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