Superstición

La primera vez, no nos conocíamos, quizá tengan estudiadas las mil y una formas de empezar, porque siempre hay que empezar por algún lado, ¿no?, dije un par de boludeces y dimos por inaugurada la sesión con la pregunta capital seguida de otra, banal, casi estúpida, a tono con lo que yo había dicho bajo el pretexto del miedo escénico que a todos nos asiste la primera vez: qué te trae por acá y, a ver, por qué agosto es el mes más largo. Para lo primero tenía una buena respuesta y de hecho ocupó casi toda la sesión, o sea más de una hora, y para la segunda, sólo por quitarme el peso de encima, dije superstición.
Tengo para mí que el psicoanálisis también es una superstición, a eso no lo digo pero cada dos o tres parrafadas manifiesto mis reticencias, algunas mejor fundadas que otras, pero por qué negarle entidad a la superstición, existe, hace pie en lo real y no pocas veces se convierte en ley. De ahí vengo, la puta madre.
Supongo que hay gente a la que le cuesta hablar. No es exactamente mi caso. Es decir, pongamos que esto es medicina, yo odio a los médicos, sus protocolos, odio a los fármacos, tanto que en casi veinte años de obra social lo único que compré fue una cajita de Amoxidal y yo era tan novato en estos asuntos que ante la colombianita que me atendió en la farmacia, buenas patas, las chaquetas que usan las chicas en las farmacias tienen un modo bastante poco sutil de realzar las patas, no sabía bien como actuar, si es que había que llenar chiquicientos formularios, presentarse con escribano, con padrino de duelo, con padre, madre o tutor, pero es colombiana, Cali, Medellín, todavía no soy capaz de distinguir entre un acento y otro, pero ante el estímulo auditivo pienso inexorablemente en porno. Son las chicas de la Europa del este versus las colombianas, el clásico del porno mundial, las únicas pornostars realmente lindas; las otras, ¿son feas? ¿se ponen feas? Pediría una beca sólo para investigar el asunto, pero ya cumplí todos estos años, quedé excluido del campo de los becarios, tengo que arreglármelas por las mías. Vamos a volver sobre eso.
Pero las voces, hay algo en las voces, soy de los que se creen capaces de odiar a una persona por su timbre de voz, pero no es sólo el timbre, existen el volumen, la modulación, el comercio con el idioma. Hay gente que no escucha, a esa la odio de plano: para más, la gente que no escucha propende a decir mayor cantidad de tonterías que el promedio. Pero las voces, yo sé por qué es lo de las voces. Toda la vida me preparé para ser ciego. Lo mamé de la desesperación de mis padres y de la desidia de los oftalmólogos. No estaba bueno el piquete de ojo que me hacían. Yo me defendía con berrinches. Usé anteojos y fue una tragedia. Usé anteojos y más tragedia fue el día en que una pibita, la hermana de Argentina (había una piba llamada Argentina a la que todo el mundo conocía) me tiró los anteojos al piso y uno de los cristales quedó como los de Dustin Hoffman en Straw Dogs. Dicen que voy camino a la ceguera y yo les creo pero antes de eso voy a reformular por completo mi relación con las cosas: quiero verlas a todas como si fuera la primera vez.
El día que los del laburo me pidieron un certificado entré en pánico. Busqué en google un oftalmólogo de nombre impersonal, lo más Juan Pérez que se pudiera. Hizo los exámenes de rigor, ya mucho más modernos, la cabeza dentro de una máquina que sujeta la pera, luces de colores, y dijo no, tenés la vista de una persona normal para la edad que tenés. Sos conciente de tu edad, ¿no? No, no lo sé. Bueno, todos los órganos pasan factura por el uso, viste. Pero ni de lejos estás perjudicado como creés. Le pagué a la secretaria y deambulé con mi tristeza por las calles, cómo pueden tenerlo tanto tiempo engañado a uno. ¿Vos crées que te engañaron antes y ahora no? No sé, no tengo la menor idea, cambian los instrumentos de medición, las formaciones académicas, las técnicas de diagnóstico, el que no cambia es uno, que en esencia sigue siendo el mismo y apenas matiza con algunos aprendizajes, en mi caso, el respeto por el saber profesional. Si lo dice un profesional, así ha de ser.
Me angustia, no digo que no, el temita de las referencias culturales, noto que arrugás un poco la nariz cuando introduzco algún ejemplo que no viene literalmente de mi propia vida, como si los libros, las películas, las canciones, no formaran parte de ella, y obturasen de modo insalvable eso que vos llamás mi discurso, pero ya ves, no tuve la chance de elegir, de haberla tenido posiblemente habría tardado una década en decantarme por alguien; soy exigente conmigo, soy feroz con el otro. Es feo quedar pedaleando en el aire, no quisiera forzar nada pero, a lo mejor es el día, hoy no hay demasiado viento, quizá mañana llueva, se olfatea en el aire, y ya no estás en blancos y negros, una amiga me preguntó qué tenías puesto, y le dije la verdad: no tengo la menor idea, el paciente nunca termina de ver al analista, es una especie de fantasma, de perfil creado en el terreno de lo simbólico, un otro menos real que lo real, y se me destartala el modo de mirar. Podría echarle la culpa a la luz del sol, vos abrís esa puerta y sale al pasillo la claridad que entra por la ventana, que es mucho más grata que la que hay en esa incubadora que tenés por sala de espera, con sus sahumerios ymúsica de Aspen, no soy yo si no puedo mirar fuerte y la luz del sol me lleva puesto. Un día de estos va a estar nublado y yo no sé bien qué va a pasar ese día.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s