Ya morí 

El trágico evento de Olavarría devolvió al tapete la canción que Juanse le escribió al Indio. Que la lírica de Juanse tiene menos vuelo que una torcaza no es novedad. Sin embargo, una lectura rápida y abominablemente contemporánea detecta que la palabra ‘gente’ está mencionada dos veces dentro de  las escasas cien de toda la canción. Casi como habla Sergio Massa. 

Si hacemos foco sobre ese par de veces en que se nombra a la gente, el público, la multitud sin nombre, podemos notar que es gente que cree y gente que muere. Gente que va detrás de una fe, que en tanto tal no admite duda, pliegue, reproche; y gente que muere de repente. La gente tiene para sí muchas formas absurdas de morir. Pretender que si no fueron por aplastamiento o asfixia son menos muertes es parte del dogma. 

Uno lo ve al Juanse actual, recuerda su intervención en el último show de Spinetta -la gente, la multitud innominada, le gritaba Pomelo, Pomelo-pondera su trayectoria, su cancionero, la misérrima lírica que puso al servicio de sus canciones y admite: sí, la verdad se aloja en hoteles extraños. 

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VI. Sueño del pibe

Una banda de rock es su propia leyenda, lo que su gente cree que es (con fuerte acento sobre ese “cree”).
La banda de El Bolsón se llama La Roca y mal o bien toca desde que los viejos más jóvenes tienen memoria.
Su líder es un inglés de edad indefinida llamado Mike, que con el tiempo ha perdido la voz, algunos kilos y su lengua sin por esto haber abrazado del todo el castellano.
Fui a un show en el patio de un bar. No éramos más de treinta espectadores, entusiastas en su mayoría; muy entusiastas conforme progresaba el fernet, un amigo y yo.
Después de una canción elevo mi voz en medio de las hurras para pedir You Really Got Me. Mike dice “demasiado gay para mí” pero no es a mí. Entretanto, la guitarra le pregunta al bajo ¿te la acordás?
El otro asiente y la guitarra brama tanana taná. Mike, que ya está de vuelta de todo, se limita a bailar como un Ian Curtis septuagenario antes del Girl…
El sol se pone, lento, detrás del Currumahuida.

V. Mañas

Año de elecciones. Múltiples, escalonadas, perversas. Nadie sabe bien qué se vota ni qué partidos juegan. A último momento, y sin decir agua va, este se va con aquel, que acaba de romper con un tercero. Un cuarto prefirió quedarse en boxes a la espera del siguiente turno. Algunos, cerradas las listas, se proclaman ganadores. Los perdedores, en cambio, exprimen los eufemismos. A todos los atraviesa el mismo nivel de bochorno.
Nunca falta ese, al que sus camaradas esperaban, expectantes, en un bar, que con estudiada cara de velorio dice:
-Nos cagaron, entré yo solo.

IV. No

A veces uno busca un No. Rotundo, gutural. Definitivo.
Sin embargo, la mayoría de los noes es cobarde. No pero, No por ahora, en principio No. Noes que no acaban de asumirse, noes cobardes, indecisos, irresueltos. Noes precarios, ligeros, en puntas de pie. Noes que en una de esas. Noes travestis. Noes que no hacen certeza. Quizáes.

III. Teléfonos

No sé si mi favorita (la percepción nunca se queda quieta, muta con los días) pero estoy seguro de que Teléfonos/White trash es la mejor canción que parió el rock argentino. Que la mayor parte de su letra esté escrita en inglés es apenas un indicio de que por estas pampas el rock no pasa de género implantado.
Por lo demás, treinta años después emerge una evidencia palmaria: cada vez falta menos para que tengamos que explicar la tristeza de la figura ‘Telephones ringing in empty rooms’.

I. Turista

Por cosas como esta uno debería amar al futuro. Estoy sentado en un banco de plaza con la melena al viento. Martillo letras contra la pantalla de mi teléfono, le hago fintas al autocorrector, me acaricio la barba y no dejó de estar a un clip de mandarla a internet, donde hasta un eventual lector de Hong Kong puede leerme por azar.
El sol brilla, los autos pasan, cruje mi triperío en reclamo de almuerzo. Soy, al fin y al cabo, un hombre del siglo xx que pasea con ojos asombrados por el siglo siguiente.