8/ Ética y estética

En 2003 The Guardian publicó una nota sobre Kraftwerk, Desperately seeking Kraftwerk, que prácticamente podría considerarse una no nota. Un tipo va a Düsseldof a buscar a los Kraftwerk. Tiene una descripción del edificio donde funcionan los estudios Kling Klang y algunos contactos. Descubre que eventualmente hay muchos edificios parecidos. Negocia y no consigue una entrevista referencia adicional alguna. Le pregunta a gente de la calle y nada, no hay el menor atisbo de un turismo kraftwerkiano, Düsseldorf no es la polis futurista que cabría imaginar a partir de la leyenda. Va a la disquería donde compra los discos Florian Schneider y nada. Va a una bicicletería, consigue el dato de que Florian tiene dos bicicletas. Y eso es todo.
¿Son casados? ¿Tienen hijos? ¿Hay groupies, noches de hidromiel y drogas alucinógenas? No lo sabemos en realidad. Bartos dijo alguna vez que operar el equipamiento de Kraftwerk exigía un cierto código de conducta que excluía el consumo de alcohol o drogas. Suena verosímil. Pero todo lo demás francamente no importa. No sabemos si son vegetarianos ni qué opinan sobre Angela Merkel. Detalles como esos nunca han sido relevantes para la apreciación de un artista pero el arte pop nos malacostumbró.
Hoy en día cualquier cacatúa que toca tres notas en la guitarra se dice públicamente músico, sale en la tapa de las revistas de la prensa amarilla y no se priva de bajar línea política. La obra se ha convertido en un apéndice del -seamos buenos- artista y el artista anda por la vida en pose de semidiós. Sobre la base de esos equívocos puede leerse una buena parte del desierto cultural de nuestra época.
Ese carácter de Kraftwerk se ha ido forjando con el tiempo. En youtube pueden verse shows de la primera época en que Ralf se agita con su instrumento como si fuera Hendrix y hasta en 1981, durante Pocket Calculator, el cuarteto se arrimaba al público ofreciendo que toquen los juguetitos electrónicos que habían diseñado para sustituir los instrumentos.
A contramano del rock convencional, los Kraftwerk siempre usaron saco y corbata, dieron pocas entrevistas y por fuera de lo estrictamente musical no hicieron gran cosa por ganarse el favor del público.
Kraftwerk es ética y estética.

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