5/ El maillot amarillo

Los kraftwerkianos somos una minoría intensa. Solemos decir que Kraftwerk es más grande que The Beatles pero la verdad es que nunca tuvieron el favor popular. De muestra, este botón: sólo dos canciones alcanzaron el número uno del UK Sinles: The Model, obviamente, y The Telephone Call, la única canción que cantó Karl Bartos (eso sí que es realmente muy extraño).
La gira de presentación de Tour de France fue coronada con la publicación del primer registo en vivo de la banda, toda una rareza considerando que las bandas techno están más dadas a la edición de remixes que de discos en vivo. Con este disco alcanzaron por primera vez en el deutsch para de álbumes, ¡el maillot amarillo!
Pero, toda la verdad sea dicha, Minimum Maximum es más un disco de estudio que un disco en vivo. En primer lugar, por la transparencia del sonido logrado; pero también, y no menos importante, por la casi nula presencia del público, que se reduce a unas sombas negras que se levantan sobre todo con Dentaku (esa canción fue grabada en Tokyo y los hemanos japoneses la consideran *su canción*).
Por lo demás, nunca debimos esperar otra cosa que eso. Kraftwerk, a contramano de toda la cultura del rock and pop, carece de presencia escénica. Son cuatro tipos alineados detrás de un equipo del que apenas tenemos noticia en unos pocos pero jugosos planos. No se mueven, no dan discursos en tono de arenga. Apenas si sobre el final Hütter dice algo parecido a ‘gracias, buenas noches’.
Ese final alcanza un punto de épica notable. Music Non Stop, la canción que cierra los shows desde 1990 (salvo alguna excepción que contaré en alguna próxima entrega), lleva al máximo el concepto minimalista (valga el contrasentido) y estira hasta el paroxismo una melodía que uno quisiera que no se acabe nunca. Se llama Music Non Stop, caramba.
Pero queda la despedida y uno a uno los integrantes de la banda abandonan el escenario en medio de ovaciones, luego de despachar cada uno un solo (es Kraftwerk, tampoco podemos hablar de *solo*) que invita a pensar en la ingeniería que hay detrás del resto de las canciones, en las diferentes texturas que cada uno de esos equipos le imprimen a esa catedral sónica.

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