II. 1981

Lo único que recuerdo del verano de 1981 es la puntual hora incierta en que papá se despertaba de su siesta detrás -detrás y debajo- del mostrador de la carnicería y, todavía con la modorra del sueño y la voz pastosa de quien tiene sed, me decía Abrite dos Crush heladas.
-¿O querés una Gini?

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