Qué hacés que no escribís

Lavo la ropa. No tengo una camisa limpia para ponerme y el lunes me está comiendo los talones.
Duermo, que es decir recuesto la cabeza sobre la almohada y doy vueltas. A veces quito la almohada, me tumbo tan boca abajo como puedo y pongo las manos en las sienes. Vuelvo la almohada a su lugar. Compruebo que se corrió la funda y me acuerdo del ferretero que me dijo Esto es como ponerle el corpiño a una gorda. Sonrío. Me llevo las manos al pecho, como me enseñó papá, Nate Fisher, no sea cosa que la muerte me tome desprevenido. ¿Tardarán mucho en encontrarme?
Pongo algo a cocinar. Me gusta cómo me sale el peceto pero todavía no tuve el coraje de encarar la receta del peceto a la holandesa. Es una pelea continua entre dos formas de mi yo: el que piensa que cocinar, comer, lavar los platos, es una pérdida de tiempo que no reporta ningún placer, que quita horas de descanso, que lo expone a uno al riesgo inútil de quemarse, de cortarse un dedo, de impregnarse los dedos de aromas inconfesables, y el pelo, la ropa, esto a lo que pomposamente llamo mi casa. El que pretende soltar endorfinas a como dé lugar.
Plancho. Sólo camisas. A las apuradas. Renegando con la raya del brazo, que describe en su trazo lo que parece el plano de un ramal ferroviario. ¿Cómo hacés, mamá, la puta madre?
Rompo papeles. Todos. Los hago tan añicos como me dan los dedos. Doblo en dos, doblo en cuatro y rasgo. A veces, es inevitable, antes de romper, leo.
Corrijo. Con pena. Con furia. Con ganas de tener los brazos en sentido inverso para acogotarme a placer, para ver el rojo reventarme en las mejillas, para explotarme los ojos varicosos, para hacer de esta nariz una obra de arte.
Leo. Lo que puedo. A veces en la pantalla de la computadora. Con letra enorme. Faulkner, mi buen amigo, ¿será posible que me siga enredando en esas cataratas verbosas? O me voy al monólogo de Molly Bloom. En voz alta. Me salen con mucha fluidez las últimas ocho o diez páginas. Encontré los acentos. Se parece mucho al cielo con las manos. Contemporáneos. Para indignarme. Todos agarraditos de la parquedad carveriana. ¿Por qué pasó de moda lo barroco? ¿Por qué los libros son tan cortitos? ¿Por qué, incluso a los muy cortitos, les sobran páginas?
Saco la basura. Ayer, por no decir mucho, tiré el pantalón que llevaba puesto el día en que jugábamos a que me chupabas la pija en un bar. Nadie se dio cuenta. ¿Habrás vuelto? Yo, desde luego, no. Yo odio mis propias huellas. Las cicatrices que dejo, las cartas que mando, las frases por las que me recuerdan, las fotos en las que salgo, la memoria que guardan de mí las profesoras de la escuela en la que aprendí a comportarme como un hombrecito. Los regalos de la loca que me arrancó el corazón con una cuchara para dárselo a los perros, cuántos recuerdos.
Escucho diez o doce discos que me obsesionan. Velvet, Bowie, Kraftwerk, la santísima trinidad. Imagino que tengo un programa de radio y piso los temas. Y bailo agitando los brazos, chocándome con las sillas, mirando la sombra de la estela torpe que voy dejando. Y hago palmas con los primeros tambores de Trans Europa Express. Sucumbo ante las versiones de 1981, tan artesanales que dan la sensación de que Metal on Metal es la batucada de una cuadrilla de obreros de la construcción.
Me gano el sustento. Vendo tiempo de presencia a horas inauditas en una oficina cochambrosa. Me distraigo de todas las conversaciones. Conjuro la depresión con obsesión. Maldigo. Por esto y por aquello, por el imbécil de mi jefe y el inconstante de mi empleado, por la vejez de mis pares, por la mía propia, por haber trocado mis verdaderas obsesiones por estas otras, baladíes, estériles, rompecabezas.
Divulgo. Cuento películas, discos, anécdotas, como si a alguien le importase. Copo la parada, tomo por asalto el centro de todas las reuniones para huir a la carrera tan pronto como puedo. Me vuelvo bicho bolita, reflexiono. Hasta el llanto. Miro en el espejo mis cicatrices. El fondo rojo de los ojos por llorar.
Me masturbo. Cada vez peor. Mi talento no era una moneda de plata. No estoy seguro de que ni siquiera de que se tratase de una moneda, Me lo dieron y ya. O lo recogí del suelo, era muy tarde y había bebido demasiado.
Como. Chocolate, queso azul. Tomo té. Hace tanto que el mate no me sale bien que lo he declarado batalla perdida, una más, qué te hace, tigre, ¿una mancha? ¿más?
Busco. Palabras sueltas en el diccionario, que es como naufragar voluntariamente en un idioma demasiado ancho, en un mar que olea al pedo, seco de vientre, de peces, de historias para contar.
Viajo. Me gusta la Dinamarca de las películas. Parecen patagónicos a los que la vida le sonrió. O París, por la nobleza. O Londres, por lo vieja. O Escocia por los prados. O Italia por las calles empedradas.
Hago balances. Liquido impuestos. Tengo orgasmos en cada planilla que cuadra. Las dejo bonitas, como si a alguien pudiera interesarles la forma en vez del fondo.
Leo. Antes de tirar, leo. Y de vez en cuando me maravillo cuando un autor, una autora, tanto da, encuentra la musiquita y se entrega a la historia. Veo las letras bailar y celebro que no se pisen los pies, que describan figuras plásticas y etéreas, que a la pasada me claven aguigonazos, dentelladas, caricias de lengua.
Miro. Miro mucho. Miro fuerte. El cielo. El cielo y la luna. Las chicas de la calle veinticinco de mayo que a las cinco y media de la tarde salen a comprar chicles. Las mozas de los bares. Los abrigos con lazo y las botas de las señoras mayores que conservan la flor. Los mohínes de las niñas que van educando el minitazgo. Las minitas. Los bagayos. Las corajudas que se dejan coger con el viento en pollerita.
Anoto frases ingeniosas. Pero eso no es escribir.

Anuncios

1 comentario en “Qué hacés que no escribís”

  1. Jorge Mayer (1915-2010) fue el arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Bahía Blanca, Bs. As, Argentina. Esta es la referencia que asociaba a este nombre y apellido; más allá… o acá? lo único que me conecta con el ex_tinto tipito es haber nacido el mismo día y mes + una charla intrascendente en un contexto grupal y obligado.

    Introito breve que oficia de presentación saludo; vengo de Catedral de Hormigas y topo con un homónimo de aquel olvidable que promete paisajes interesantes. Me gustan tus historias.

    Espero que el servicio meteorológico cumpla con su destino y vuelva a equivocar el pronóstico (se me terminó el pegamento para la peluca):

    ALERTA METEOROLOGICO N° 1 (12:00 HOA) 17 de Agosto de 2013
    Fenómeno: VIENTOS INTENSOS
    Zona de Cobertura: CHUBUT. SUR DE NEUQUEN. OESTE Y CENTRO DE RIO NEGRO. NORTE DE SANTA CRUZ.

    Situación:

    EL PASAJE DE UN FRENTE FRIO A TRAVES DEL AREA DE COBERTURA ENTRE LA MAÑANA Y LA TARDE DEL DOMINGO 18, PROVOCARA SOBRE LA ZONA VIENTOS DEL SECTOR OESTE CON VELOCIDADES ENTRE 60 Y 80 KM/H, CON RAFAGAS ENTRE 70 Y 120 KM/H. LA INTENSIDAD DE LOS VIENTOS TENDERA A DISMINUIR HACIA LA NOCHE DEL DOMINGO.

    Buen fin de semana largo.

    Seguiré visitando tu site.

    Abrazo.-

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s