#LTA

Triste es el derrotero de la política vernácula de estos años. Atomizados que fueran los partidos tras le hecatombe de 2001, la partidocracia, según gustan proclamar sus detractores, hay un puñado de siglas que pugnan, por lo pronto sin éxito, por ganarse el favor popular.
Atrás quedaron los años en que esas siglas tenían vocación programática. ¿Quién no recuerda con cariño al MID, Movimiento de Integración y Desarrollo, la lista 1 en las elecciones de 1983? Hasta el Partido Intransigente, desde su nombre prometía algo. Si hasta parece cuento que alguna vez haya existido la Unión Cívica Radical Intransigente. Radical y encima intransigente, tomá mate.
El justicialismo, por su vocación frentista, siempre se ha llevado de patadas con las siglas: FRECILINA, la mejor de todas; la cura a los males del país requería, sin duda, un nombre de remedio. FREJULI, FREDEJUSO, FREJUDEPA han sido los precursores de Frente para la Victoria, el nombre que es un sino, el fin de cualquier metáfora.
¿Qué será de la vida del Partido Comunista? ¿Y del Humanista? El Blanco de los jubilados, supongo, habrá muerto con su creador. El Conservador Popular debe de haber sido absorbido por la sigla PRO, que en verdad no sé qué significa, pero que en los hechos es la continuación de la Unión del Centro Democrática, que antes, conteste a los tiempos del bipartidismo, se llamó Tercera Fuerza. ¿Y del Federal? ¿Y del Demócrata Progresista? ¿y de sus primos, la Democracia Cristiana?
Hay los que han quedado atrapados por la sigla, tal el caso de los neuquinos del MPN, que se llaman a sí mismos emepenistas, pero es un poco más simpático al apelativo de neoperonista, con el que los cascoteaban desde los pasquines setentosos.
Por lo demás, hay Alianzas y Coaliciones y Uniones que no duran más que una elección y hasta se dan el lujo de llevar nombres diferentes en cada provincia, no sea cosa que aparenten tener otra intención que la de que llegar juntos al próximo comicio.
Por suerte ya nadie recuerda el arrebato político de Carlos Bilardo, que en el comienzo del milenio fundó su propia sigla, el UNO, con el que aspiraba a la presidencia de la república. Y no es casual que cierre esta enumeración de lamentos con el nombre del doctor. Después de todo, él fue un destacado actor de reparto la tarde en que vio la luz la sigla que le da título a esta nota.
Fue en el estadio Centenario de Montevideo. El seleccionado de fútbol la pasaba mal contra Uruguay, un equipo tan menesteroso como el nuestro, pero las eliminatorias sudamericanas de la copa del mundo tienen eso: cualquiera se le anima a cualquiera. Y a veces la pelotita no quiere entrar. No sé a qué azar le debemos el pequeño gran detalle de que el director de cámaras enfocase al doctor, apenas asomado, en la boca del túnel, gritando a toda voz: ¡ponelo al rubio! ¡ponelo al rubio! El rubio era Bolatti y, por esas cosas providenciales que hacen del fútbol una lotería imprevisible, quiso el destino que conectase una zapallada que fue a parar a la red del arco contrario. Gol, clasificación asegurada. Milagro en Montevideo.
Pero, se sabe, Diego Maradona, entrenador de ese equipo, nunca fue demasiado afecto a compartir la marquesina y a mitad de la conferencia de prensa arremetió con la gloria recién conseguida a modo de arma arrojaziza contra la prensa: la tienen adentro, dijo, aunque antes o después se disculpó ante las damas. Menos mal. Nunca reconoció la afortunada intervención del doctor. La gloria, la Ferrari, es mía, mía, mía.
Hoy la expresión ‘la tenés adentro’ o sus variantes, lejos de un exabrupto de boca de un pobre tipo, goza de una reputación inusitada. Cualquier discusión más o menos municipal se zanjan con un ‘la tienen adentro’, que nunca quiso decir otra cosa que su acepción más vulgar: el triunfo, no importa el modo en que haya sido conseguido, da lugar a la descalificación. De nada importa el contexto de un país que tiene miles de mujeres sometidas a la trata de personas o que la violencia de género se haya cobrado una cantidad indecible de víctimas o que se pregone a diestra y siniestra que este gobierno ha hecho más que nadie por los postergados derechos de las minorías sexuales.
Prácticos, con vocación de propagar la vulgaridad del mensaje, en tuiter es común el hashtag #LTA. En efecto, los tenemos adentro. No son pocos ni les falta entusiasmo.
A ese gol, que fue una zapallada del rubio que pedía el doctor, lo gritamos todos.

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