El sueño de los héroes

La vida cotidiana está desprovista de épica. Esa es la principal razón por la que el deporte ocupa tantas páginas en los diarios. Sin embargo, lejos de limitarse a la información y el análisis, la prensa deportiva se ha convertido en lo que la prensa de la farándula para el mundo del espectáculo: una caja de resonancia que tiene por misión mantener encendida toda la semana la hoguera de unos leños que deberían durar más que un par de horas. Así, la gloria y la tragedia se amplifican, se multiplican, se retroalimentan.

En realidad, no aprendimos a jugar juegos que no remeden la guera, donde el único modo de prevalecer es aniquilar y, pulverizada la confianza que se deposita en los héroes, la cuota de épica cotidiana se hace añicos y nadie consigue resignarse fácilmente tal designio. Por eso las lágrimas, los arrebatos de furia. Somos mucho menos de lo que creemos ser. Brillamos con la luz que nos prestan esos héroes que acaban de morder el polvo pero antes que la retirada definitiva lo que se impone es reagrupar la tropa, racionar los recursos, vamos, barajar y dar de nuevo, y esa es la gracia de este juego.

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