por qué y por qué no

Quizá nacemos de pura casualidad, sin motivo alguno. En ese caso la muerte tampoco debería tener una razón que la justifique. Nacemos porque sí, porque sí morimos. O, mucho más simpático, nacemos por una razón aunque jamás nos sea revelada y morimos porque esa razón ha perdido vigencia: se cumplió una misión, se agotaron los medios para llevarla a cabo, expiró un plazo, o por cualquier otra causa el magno cometido dejó de ser relevante. En ese caso la muerta podría concebirse como un episodio grato por mucho que el sujeto en cuestión haya gastado en su vida en tareas nada llamativas: firmó habeas corpus, diagramó sistemas de información, duplicó llaves, destapó cañerías, metió un gol, crió hijos, cultivó una huerta, escribió un libro, ayudó a un ciego a cruzar la calle, robó un camión de caudales, se inmoló por una fe, redactó un proyecto de ley, vendió pan al fiado, examinó cadáveres, conquistó un corazón roto y lo remendó, barrió la calle, proveyó de paz espiritual a quien tocó su puerta, capturó a un malhechor, castró un gato, dio fe pública de un documento, puso un sello, mangueó en la calle, declaró la independencia de su país, decretó el cese de un fuego injusto, cargó maletas, pidió silencio, cantó canciones de amor y de protesta y de identidad, tiró más que una yunta de bueyes, socorrió víctimas, sirvió café, regaló abrazos a desconocidos por la calle, pegó ladrillos, extirpó tumores, descubrió las ruinas de una civilización, recolectó basura, tomó fotografías en cumpleaños de quince, pintó un grafiti, piloteó una combi, ordeñó vacas y esquiló ovejas, viajó a marte, podó árboles, repartió el correo, planchó camisas, inventó la teletransportación, fue mecenas del escaso talento de un pobre diablo, gobernó una provincia, enseñó sujeto y predicado, limpió mocos, pescó salmones, ayudó a que otros nazcan o dio dignidad a la muerte de quien apenas pudo ganarse la vida.

Si así de hermoso fuera, los que dicen que tal muerto vive, por la razón que fuera, eso es lo de menos, estarían denunciando que el festejado no cumplió su encomienda. Que vivió en vano. Y si hubiera verdad en tal afirmación estaríamos en una fea encrucijada: o no hay razón para vivir o bien una vida puede ser una oportunidad que se escapa.

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