Pernos y tuercas

-¿A quién te gustaría ver en una porno?
-A Gerard Depardieu. Le creería todo.

El diálogo corresponde a una sección de la contrapa de Las 12, el suplemento femenino del diario Página/12 y no he tenido ganas de revisar en mi archivo a quién corresponde. Si me apuran, diría que fue Jimena Riestra. De hecho, me gustaría que fuera así.
Lo recordé a propósito de una película francesa, pequeñita, hermosa en su brevedad, La tête en friche (2010, Jean Becker, traída al castellano como Mis tardes con Margueritte), que he visto recientemente.

Depardieu encarna al loco/tonto del pueblo. Es un tipo sencillo, tirando a bruto, que se pasa los días trabajando su huerta, apurando tragos con un grupo de amigos en un bar o haciendo nada en una plaza. Es en esa plaza donde conoce a la Margueritte del título, una viejita encantadora, que le abre las puertas a un mundo por completo desconocido por él, el de los libros.

No se trata de una de esas películas que cambian la vida ni de una comedia para partirse de la risa ni de un papel notable dentro de la carrera de Depardieu ni de una obra que lo cargue a uno de cosas que no sepa, pero al menos por un instante podemos ponernos en el papel del loco/tonto del pueblo y saber qué se siente que los demás lo tomen a uno para el churrete y entonces, en la intimidad del lecho, justo antes del sueño reparador, permitirnos reflexionar con él:

“A esos idiotas les hará gracia, pero leer es complicado. Te lo digo a ti porque no te burlas de mí. Fíjate, lees una palabra, la entiendes, la segunda y la tercera. Sigues,
marcando la línea con el dedo. Ocho, once, doce, y así hasta llegar al punto. Pero no ha servido de nada. El problema es que por mucho que intentes unirlas, las palabras siguen sueltas. Parecen un puñado de pernos y de tuercas en una caja. ¿Entiendes?”

Sí, claro. Se parece bastante a escribir. Una palabra, dos, un freno, trescuatrocinco, goma de borrar, fuerte pitada al cigarrillo, sieteochonuevediezonce, sorbo de cafe, echar un ojo a la ventana, docetrececatorce, atender al reclamo del gato, y las palabras, reunidas, en fila, y los dedos que escriben devenidos en maestro de escuela, quiero ver una sola cabeza, una sola cabeza quiero ver, los pies en la misma hilera, chicos, y las muy guachas, nacidas para el alboroto antes que para el orden, muertas de risa, más por destino que por costumbre.

Ficha IMDB | Ficha Filmaffinity | Trailer

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s