Esto (casos culturales)

Mamá pertenece a la ancha frontera de los levemente alfabetizados (un día de estos deberíamos pensar qué significa ser alfabetizado hoy). Hace algo más de veinte años, papá, Laurita y yo, le hinchamos tanto las pelotas que se anotó en la escuela nocturna. Duró un par de años pero por lo visto era de las buenas, si hasta había alguien, la madre de uno de mis compañeros de juergas, que se copiaba de ella en los exámenes.
A mamá le gustaba, quizá le siga gustando pero no la tengo a mano para prefuntarle, cierta clase de revistas: no las de farándula, ni las deportivas, ni las típicamente femeninas. Ella, cada vez que podía, compraba una Esto, una Casos Policiales, publicaciones que aparecían a mitad de los ochenta y yo suponía extintas, hasta que volví a verlas en un escaparate de la estación de Retiro.
Se trataba de revistas compuestas en papel ordinario, que daban cuenta -escrita y fotográfica- de lo más granado de los crímenes cometidos en todas partes del mundo. Los títulos eran escandalosos; las fotos agradarían mucho a los simpatizantes del cine gore. O quizá no: esas composiciones estáticas, en blanco y negro, impresas en papel barato, salpimentadas con epígrafes al tono, se mostraban portadoras de un realismo apto para dejar en ridículo la fantasía de los cineastas de baja estofa. Yo apenas podía mirarlas, tanto que, cuando podía, aprovechaba para tirar el ejemplar a la basura.
Quizá al calor de esa herencia sea que yo tengo mi covacha repleta de publicaciones culturales. Suelo comprar clarín y perfil, cada tanto la nación, y muy de vez en cuando página 12 (la expresión cultural del régimen me dispara una curiosidad más bien esporádica y antropológica).
A esta altura puedo afirmar que ese consumo alimentaba el morbo de mi madre; en cambio, el mío, ¿qué alimenta? Esa es una pregunta que renuevo cada fin de semana a poco de comprobar que, como las drogas, los suplementos culturales me duran cada vez menos, me saben insípidos, tan vacíos de contenido como el resto de los periódicos que integran.
Siempre hay una nota gancho en la portada, la foto de alguien de moda; una nota que anuncia el fin de algo (del libro, de la crítica de libros, del blog, del cine, de la movida tropical); algún artículo onanista en donde se realza la obra, o pretendida obra, o promesa de obra, o escombros de obra, de alguno de los integrantes de la capilla que controla el suplemento; alguna apostilla de color sobre uno o más escritores (posaron para un portfolio, jugaron un partido a la pelota, salieron a una milonga y terminaron en un cabarulo); una nota conmemorativa del natalicio o muerte de uno de los escritores del panteón (o sobre la reedición de uno de sus libros o el aniversario de la publicación de uno de sus libros, preferentemente el primero o el último); algún artículo de ocasión en que algún escritor mediano cuenta alguna nimiedad (viajo con libros, subrayo los libros, a Kafka no hay con qué darle, no me banco leer a mis contemporáneos) y algún otro donde alguien que apenas puede expresarse de corrido tiene el tupé de decir alguna barrabasada (tipo: Conversación en la catedral es un libro tedioso; Vargas Llosa es un artesano, etc.).
Yo no sé por qué persisto en esta práctica. Morbo, curiosidad, síndrome de Diógenes.
Quizá me falte alguien que, a escondidas, done este papel sucio a alguien que lo recicle.

Anuncios

2 comentarios en “Esto (casos culturales)”

  1. Inevitablemente, me siento identificado. Hay veces en que me pregunto si las “publicaciones culturales” de la época en que me eran estimulantes (como “La Maga”) realmente lo eran o es que yo era un poco más estúpido y crédulo. La revisión de viejos números de “El Amante” (ahora que están publicando la colección completa en internet) me inclina a la confirmación, a la triste confirmación.

  2. Me olvidé de incorporar un dato que tal vez sea importante. Como los suplementos me duran cada vez menos y no los tiro, tiendo a releerlos (soy de los que desayunan o almuerzan con el auxilio de una lectura liviana). De vez en cuando encuentro algo sobre lo que detenerme: lo que en algún momento me generó escepticismo, a la luz de aumento de bagaje cultural o diversificación, se resignifica. Esa práctica alguna vez me depara satisfacción; a veces, risa; a veces, profundas ganas de llorar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s