Me gusta

Está en Facebook y en Buzz y en el Reader y en los videos de Youtube, y hasta en los comentarios a los videos de Youtube. De a poco uno se empieza a cansar de que Me gusta esté en todas partes y no porque hayan dejado de gustarle las cosas que antes le gustaban, que en todo caso ceden su paso a cosas nuevas, o al menos diferentes, sino que deviene cierto eso que proclaman los gurúes: dame el dato del primer millón de cosas que le gustan a Jorge Mayer y me habré apoderado de su alma; dame las primeras mil y ya que no el alma, tendré las herramientas para hacerme de la mitad de los ahorros de su vida con más los intereses devengados a la fecha.
Pero en la esencia de las cosas está el Me gusta. Desde el principio. Desde que el bebé prefiere la teta al biberón, los brazos de su madre a la cuna y a poco de andar se da cuenta de que para conseguir lo que quiere basta un berrinche. El mundo es sordo y de hacerse oír es lo que estamos hablando. La macana es que ya de viejos nos viene el deseo de quedarnos callados. De guardarnos la lista de las mil cosas que preferimos en el cofre de la intimidad, si es que hoy pueda existir algo que se la parezca a lo que hace veinte años o treinta se llamaba intimidad.
Pero vamos, que de hacerse oír se trata y como el sentido del oído a veces se queda corto porque el mundo, Alegría, sigue siendo ancho y ajeno, es que apelamos a todo el arsenal que a nuestro alcance tenemos con tal de que propios y extraños sepan con qué carajo agasajarnos el día de nuestro cumpleaños y demás fiestas de guardar.
Oh, esa manía que nos da a los humanos de mediana edad de cortar la eternidad en tramos de trescientos sesenta y cinco días y fracción y de celebrar, ya entre muchos o en plena soledad, locos de contentos o enfermos de tristeza, que es hora de otra marca en la pared, lo que en otras palabras viene a decir que falta menos para que nos sellen el documento y salgamos de acá. Pero sin embargo es una eternidad.
Si entendemos a la eternidad como eso que no tiene comienzo y no tiene fin, hablamos de la vida de un hombre, che, sólo que al mero efecto de facilitarnos las cosas el creador, el responsable, el que corta el queso, el culpable de todo, ha dispuesto que no recordemos casi nada del primer tramo de la vida, todo con tal de que no exista comienzo; y nos ha hecho el obsequio de las enfermedades que más o menos entradas en años nuestras vidas nos comen la memoria y la motricidad y los sentidos y las palabras. La eternidad en un ratito.
Pero mientras tanto, Me gusta, un millón de ítems por llenar para quedarse con el alma de Jorge Mayer, o mil para arruinarlo dándole en bandeja ese puñado de tentaciones a las que no podrá sino sucumbir. Entonces, la haremos complicada, a ver cómo se las arreglan.
Tengo miedo a los pinchazos. Me impresiona la sangre. No entiendo el sentido de las pompas fúnebres ni de las corridas de toros ni las carreras de autos. No sé de qué hablan pero paro la oreja si el tema es la teoría de las cuerdas. Me gustaría tener fe, convertirme al budismo, reencarnar en monje de clausura. No sé bailar, no tengo oído musical ni sentido del ritmo. Soy incapaz de leer poesía aunque me gusta oírla en boca de otros. Soy liberal pero me gustaría tener convicciones socialistas. Me siento como en casa en los pueblos pequeños, esos de parroquia y colegio y municipalidad frente a la plaza pero necesito inocularme de las luces y los ruidos y la fiebre de la ciudad. Me gustaría vivir en París pero sé que si viviera hasta los ciento cuarenta años, la última mitad de mi vida la pasaría en las sierras cordobesas. Escucho classic metal y tengo discos de techno. Al mejor libro que me deparó la vida, Absalón, Absalón, nunca pude terminarlo y no sé si quiero hacerlo. El primer libro que leí fue de Julio Verne. El segundo, de Esopo. El tercero, aunque no puedo afirmarlo con certeza, la biblia. Ya no puedo leer libros de scifi ni me gustan las fábulas, sin embargo la biblia me parece una cantera inagotable. El primer disco que me regaló mi madre fue un caset tdk grabado, Dynamo, de Soda Stéreo y todavía me gusta. El primer compact disc que me compré fue Amor Amarillo de Gustavo Cerati pero sólo se trata de una coincidencia. El último compact disc que me compré fue uno de música clásica llamado Capricho español. Lo hice porque moría de ganas de oír el Bolero de Ravel. Me gusta Bach, de a ratos más que Mozart, pero a Amadeus nunca terminaré de agradecerle el quinto movimiento de la 40, que me reduce a mi condición de gato en modo ahorro de energía. Me gusta Chopin, que me hace sentir un compadrito del novecientos. Y siempre vuelvo al Bolero porque es parte de una novela que tengo en la cabeza desde que era purrete y no logro sacar. Y siempre vuelvo a Born Slippy, a la misma versión en vivo, porque es la música de un poema que nunca podré escribir. Al principio era godardiano pero el tiempo me ha convertido en un truffautiano acérrimo. Saludo con reverencia a Kubrick. Beso la mano de Lynch. Abrazo a Woody Allen. Palmeo la espalda de Polanski.

(Continuará…)

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2 comentarios en “Me gusta”

  1. Justito ayer puse mi primer “Me gusta”. Siempre me pareció mejor dejar comentario en los blogs si algo me gustaba, como para devolver algo del placer que ecnontré, pero en este caso Omar linkeó las polaroids de Tarkovski y quedé muda, embobada, así que click ahí.

  2. amo el mar y arvo pärt.
    me gustan las cervezas en verano y el vino cuando tengo la nariz fría.
    me encanta sonreír y tomarle fotos a mis pies.

    antes pensaba que mis gustos me definían.
    hoy sé que no.

    soy como quiero y también como no quiero.
    por suerte.

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