Del amor

no me creyó y no es que fuera lo que se dice una chica tonta
simplemente no me creyó cuando se lo dije, es que tenía la
música de lo de siempre, quiero decir: una excusa las arrugas
rosas en la camisa como una vejez del cielo llovida y el apuro
hay un colectivo impuntual que suele irse a cinco para las siete
por una ruta que cruza un par de veces un río para darse ínfulas
de soberanía se lo dije y ella -qué otra cosa- no me creyó, tenía
en sus manos la divina posibilidad, yo tampoco me lo creo
del todo, de quitar las arrugas de la camisa y poner certeza
allí donde hay un cuerpo roto de arterias, venas y músculos
a la bartola, de darle las formas, las mismas -puedo asegurarlo-
de este otro cuerpo roto de arterias, venas y músculos tejidos
de mano experta, que, impuntual, a cinco para las siete
a cinco para la una, suele cruzar dos veces una ruta que cruza
dos veces un río roto de venas y de arterias y de músculos
con la música de siempre, vejez del cielo llovida que no me cree
la excusa dos veces dicha, qué otra cosa, una camisa rota
de arrugas rosas que ella no cree, chica tonta

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