Cyber

Cuando quiero escaparme del mundo, simplemente lo hago. Voy a verlo a Fernando. Le digo alguna frase de ocasión. Lo gasto por su lamentable corte de pelo, por las ojeras que carga, por la suerte de su ex amado river plate y le pido una. El, que es macanudo, me manda a las del fondo. Antes ponían ventilador, pero ahora ni eso. En verano, allí dentro, la temperatura no debe bajar de los treintaycinco grados. El aire no circula, la gente sí. Todos por un estrecho pasillo con piso de madera. Imposible concentrarse en ninguna cosa que no sea pizpear a ver si da la casualidad que pasa un conocido. Nunca se sabe. Aunque pensándolo bien, con estas calores, la frente sudorosa, el desgraciado balance de las últimas imágenes de este naufragio, mejor no. Mejor que nadie te vea acá. Por eso es que Fernando me manda al fondo, al final de ese pasillo con piso de madera. Así, por lo menos, me ahorro de ver las caras de otros energúmenos en plan de escape como yo.

La mayoría de la gente viene a consumir pornografía. Es un hecho. Los comprendo. A veces me dan ganas de hacer lo mismo, pero no pagaría por hacer lo mismo que podría hacer en mi casa, un poco mejor ventilado y, al cabo, protegido de la mirada indiscreta de otros que pudieran andar con el mismo plan. Los hay desesperados. Vienen a escribir su curriculum vitae. O acaban de enviarlo a una casilla de correo electrónico, o lo mandaron hace una semana y nadie los ha llamado, entonces se aparecen a ver si hay alguna noticia. Algunos vienen con niños. Esos son los despreciables, los que no contemplan entre las posibilidades el hecho de que cualquier niño mal entretenido tiene el don de fastidiar a los demás. Pueden hacerlo, es maravilloso, con una economía de recursos que bueno sería aplicasen a lo que les queda de vida. Pero no, fastidiar a la gente es sencillo, no cuesta nada y pocas cosas hay mejores que la cara de un tipo llena de calores con el termómetro en ese punto del reloj que en vez de campanadas devuelve el golpe seco de las pelotas contra el suelo. El piso, ya lo dije, es de madera. A veces, como si me escapara de ellos, y no es que me proponga eso, oigo a los fantasmas. Hace un rato, por caso, yo estaba escribiendo. Me gusta venir a escribir acá. Es un homenaje a Bolaño. Mi lema es, copiado de él, et in esparta ego, que me caigan las gotas de sudor por la frente, que tracen arcos del triunfo en mi nariz, que rueden por mis mejillas y se atasquen en un pelo de barba, que me inunden el bigote, que me pase la lengua por los labios, o el dedo, al mejor estilo Belmondo en Sin aliento, así escribo.

El resultado no es bueno, demás está que alguien lo apunte. Pero me gusta ganarme a mí mismo. Tengo en casa un escritorio de lo más cómodo, silencio, o música de toda especie, si es que me asfixia el silencio, tengo la heladera llena de bebidas, tengo té del bueno y café, un bourbon que me han regalado para mi cumpleaños, todos mis libros, pero es mi casa. Yo no puedo escribir en mi casa. Yo no puedo estar en medio del murmullo de los bares. Yo prefiero esto. Vengo y escucho voces. Hay alguien que lee el correo que otro le ha mandado. No es que se lo lea a nadie, es, simplemente, que no sabe leer para adentro. Otro que habla por teléfono, una voz familiar, Guillermo. Lo conocí en la facultad, le decíamos, a sus espaldas, el bola. ¿Viste esa gente que en vez de boludo dice bola? El era uno de esos. Los profesores lo llamaban Félix. A poco de andar en la facultad consiguió trabajo en el estado, en la secretaría de salud.

Catorce médicos y dos más, che, decía, dos que no somos médicos, qué tul. Pobres de ellos, le decíamos. Tal vez nos hubiéramos escapado de la clase de microeconomía y nos matábamos en un truco carnicero. El fue el primero en hablarme del ghetto. No te van a dejar llegar, me decía, sos demasiado bueno. La gente inteligente los incomoda. Vas a ver cómo te empiezan a aparecer las trabas. Van a ser pocas al principio, pero están agazapados, donde te descuides te la ponen. ¿Tanto, che?. Yo no soy ni bueno ni malo, sólo un poco tímido, no me meto en política, vine a llevarme el cartón, nada más. No quiero desbancar a nadie. No me gusta esta ciudad, quiero el cartón y mandarme a mudar. Eso quiero. No te van a dar el cartón, querido, miralos bien, son una mafia. Perreas las notas, acá hay hijos y entenados, hermanito, ¿no te diste cuenta que al Topín lo vacunaron la otra vuelta por un choto asiento de arqueo de caja? El también es demasiado bueno. Por eso no quieren que llegue. No seas fantasmón, sólo es contabilidad uno, ¿sabés qué representa dentro del globo? ¿sabés todos los palos que nos esperan a él, a mí, a vos si te quedás? Yo me voy, loco, si no paso este complementario me tomo el palo y no me ven más el pelo.

Dicho y hecho, no se le vio más el pelo por económicas. Apareció, sí, una tarde calurosa, llevaba un redoblante y meta palo nomás, que a mi facultad yo la quiero y no sé cuántas cosas más. Me dio vergüenza que me saludara delante de todos. Yo no tenía nada que ver con él. Ninguna de sus profecías se habían cumplido. Yo era de los buenos, qué tanto.

La próxima ya había encanecido. Soy delegado, bola, me contó. No tenés idea de lo importante que es eso para mí. No lo sabía, claro, aunque debía haberlo sospechado desde su época de sufriente conspirador. La otra vuelta organicé la toma del hospital. Los muchachos me gritaban Gui-lleeeer-mo, Gui-lleeeer-mo, estoy súpercontento. Yo me lo imaginaba arengando a la masa, como aquella vez había querido hacer con sus viejos compañeros de económicas. Se le tenía que dar, no era mal pibe. Lástima todo el resto. A mí siempre me gustaron las piñas, me había contado al principio, y andar todo de cuero, buscando roña. ¿Sí?, decía yo, indiferente. Sï, che, eso no lo veo en ustedes, son muy educaditos, les falta rebeldía, les afanaron la juventud, el alma, eso es lo que les robaron a ustedes. A lo mejor tenía razón, nunca puede uno estar del todo seguro. No sé si es su voz. Si no es, se le parece mucho. Dejo de escribir y lo escucho hablarle a su teléfono.

Llamaba para decirte que ya tengo todo. En el reglamento de asociaciones sindicales está bien claro, ¿lo tenés a mano?. OK, mañana lo charlamos. Ah, sí, y las pruebas, hay documental, videos, testimonios de compañeros. Te espero, no me falles. Mañana, sí, el descargo. Un abrazo, gracias. Gracias por todo.

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