Marcas

siempre me voy, es inevitable
siempre camino por el delicado borde
de tomar un avión y anunciarme
en tu puerta con mi propio nombre,
como si no fuese un extraño
ni robados los besos furtivos de aquella tarde,
botín de una guerra en que los dos jugamos a perder
o pararte un taxi a mitad de una lluvia a cántaros
y darme vuelta tan rápido como me sea posible
con tal de no hacerte un chau con la mano
y mojar tu oreja de una colonia sentimental
o darme derechamente en abrazo
al aire que hay un poco más allá de la ventana
a la que suelo asomarme
para mirar el sol cuando sale,
para fumar un cigarrillo a deshoras
y odiar en secreto a esa pareja
que camina por la vereda de enfrente,
enamorada, las manos entrelazadas,
el paso sereno, firme, el justo contrario
del cigarrillo que se desgañita entre mis dedos,
o bien quedarme con la vista dura
en las luces del auto que se esfuma,
en el cada vez más lejano hormigón
ahora de juguete por la ventanilla entre las nubes
tan certeza como el saber que un día me voy y ya no vuelvo,
como la marca que dejo cada vez
para con los ojos cerrados saber qué camino fue el que anduve,
no sea cosa que al abrirlos compruebe en mi piel
otras marcas que las tuyas,
las que dejas para el día en que te vayas,
para saber por dónde entraste, para no detenerte,
para hacer de una vez y por todas las veces
esa voluntad que no nos pertenece

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Un comentario en “Marcas”

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