Intemperie

Mi bolso ya es tres libros más pesado de lo que vino.
Nielsen me regaló Marvin. La primera vez que me regaló un libro tuvo hasta la gentileza de preguntarme qué quería. Esta vez no. Esta vez no tuve que pedirle una dedicatoria.
Mori me regaló No somos perfectas. No sé si vas a quererlo, me dijo, aunque el modo en que me lo dijo no fue exactamente así, que es el modo en que yo tengo de decir las cosas. Su modo, en cambio, es tan suave, tan caribeño, que lleva en la voz una caricia de sol. Encima el libro es extraordinario. Una amiga me lo advirtió: este es un manual de instrucciones para el enemigo; para el que sepa leerlo la mujer no tendrá secretos. Me aterra la posibilidad. Y me fascina. Y leo de a poco el libro. No sea cosa que la advertencia sea cierta.
Un autor que no sabe titular sus libros me regaló uno. Habíamos departido un largo rato ante una mesa tapada de botellas de Heinecken. Nos oía una chica llamada Valeria, la más linda de la feria, se ufanaba alguien de la organización. Yo no iba a desmentirlo en su presencia, pero varias de las chicas que trabajan en la organización eran de una hermosura que reducían a Valeria la condición de borrador. Un bonito borrador.
Me pregunto cuál será el código postal de La Rioja. Estas dudas a veces me asisten en lo mejor del amor. No soy yo sin esas dudas. No sé. A lo mejor siento que debo marcar mi territorio. Dejar en claro que soy el auténtico, como si hubiera otro que tuviera pies para mis zapatos.
En mi valija falta una remera negra. Queda en buenas manos, supongo. No me gustaría que fuese un recuerdo, algo para atesorar. Un trofeo. Hay gente, me dicen, que vive en el museo de su vida. No los entiendo. Yo no tengo nada de mí. Me siento extraño cada vez. Como si fuese la primera vez que me toca esta piel y este dolor en las muñecas. Como si jamás me hubiesen ardido los ojos y mi espalda fuese virgen de sol. No, que no sea un trofeo.
Y sobra una cámara de fotos. Ay, el tiempo, maldita llaga. Si me la regalaban una semana antes, tendría en mi poder una increíble toma de el Indiana Jones de las pampas. Y a Francis Mallman. Y a esa chica que decía que no le gustaban las fotos con el sol en la cara.
A veces es tan cálida la intemperie que dan ganas de quedarse así.
Sí, un rato más.

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6 comentarios en “Intemperie”

  1. Mayer. Jorge. Fander. Pensé entrar a tu blog para decirte lo lindo, lo emocionante, cuán cálido e importante fue conocerte. Y ahora me encuentro con tu post y PUM me quedo muda, conmovida. Por suerte nosotros sí teníamos cámara y guardamos muchas fotos tuyas. Recién las miraba con Mati que también quedó encantado contigo, a pesar de que nuestros amigos por lo general le importan un pepino. Van a ser más de 3 libros los que engrosen tu maleta: aquí tengo varios más para darte antes de que te vayas. Nadie como tú para merecerlos.

  2. La remera negra queda en buenas manos, aunque debo decir que mi chico hizo un buen intento para quedarse con ella, pero no.
    Tampoco será trofeo de nada, de hecho es comodísima para dormir.
    Es mas, no te la pienso devolver.
    Pero nada de museos.
    Si nstantes como piedritas.
    Recuerdos de cosas, o el paso de gente querida.
    Gracias por el vino, y las charlas salpicadas de cartas, risas, y emociones que se desbordaron justo a tiempo, un segundo antes de convertirnos en estatuas de sal.
    Besos esteparios.

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