I´ll follow your bus downtown

Si me callo porque me callo, si hablo porque hablo. ¿Cuándo van a entender? ¿O es que acaso en verdad tan mal está la educación y ya nadie que me vea en televisión entiende ni media palabra de lo que digo? Está bien, lo admito. Yo no te sé distinguir un lago de una laguna, pero a quién puede importarle eso. Te digo más: yo creía que Picasa era un servicio de hosting para fotos, mirá si mi relato, nuestro relato, el relato, es o no diferente de lo que dice esa manga de pelafustanes, cipayos, partizanos, que me dan con un palo ahora, que cometí esta gafe, pero son capaces de felicitarme si mañana salgo a repartir cachiporrazos y baños con el camión hidrantante. Hidrante, eso es lo que quise decir. Cualquier argentino de bien lo sabe. O debería saberlo. Y lo va a saber a partir de ahora. ¿O si no para qué venimos invirtiendo? Les llegó la hora. Se me ponen los pantalones largos. ¿Lo hacen por las buenas o tengo que mandar a alguno de los chicos? No quiero tomar medidas extremas. Conocida es mi postura en contra de todo modo de represión pública, de suerte que, si llegara a ser necesario, puedo, podemos, apelar a los buenos servicios de nuestros amigos de siempre. Me parece que no hará falta. No aprendieron nada. Se dividen. Se piensan que esto es un combate cuerpo a cuerpo y no, nada que ver. La revolución de mayo ocurrió bajo la lluvia, o al menos eso es lo que quieren decir los paraguas esos que se ven en cualquier pared de escuela primaria. O sea: ser patriota implica ser lo bastante fuerte como para soportar la inclemencia del tiempo, la catástrofe misma, llámese inundación, incendio de bosque nativo. No hay suficiente grandeza. No hay generosidad. Cuatro o cinco gatos patalean, y la redistribución qué. Y mejor que no me hablen de faraónicos dineroductos. Yo no conozco a ningún Lázaro levántate y anda ni a ningún Cristóbal que venga acá y me pare el huevo. A Julio no se lo toca y a Rudy a lo sumo le hacemos un lifting. Nunca oí a nadie hablar de panamerinosecuánto. Es el relato, estúpido. No se le retiene a las mineras y nadie abre la boca. Es que las mineras nunca fueron un grupo concentrado del capital internacional. Yo les meto el dedo en el ojo porque me gusta hacerlo. Yo les digo de los trabajadores que ellos tienen en negro. Y lo hago porque sé perfectamente que nadie va a contarle a nadie que un gramo de oro, oíme bien, requiere de diez mil litros de agua. ¿Te imaginás lo que eso significa en una provincia que no tiene un solo río? ¿Y a cuánto cotiza el oro? Me dicen que está en suba pero yo no confío en el melenudo. Creo que anda en la rosca. Ya le vamos a dar. Algún comunicador equivocado tiró al micrófono algo que me indignó: las retenciones son un impuesto y los impuestos deben ser aprobados por ley del parlamento. Lo dice la constitución. Ay, la constitución… dice tantas cosas. ¿Cómo era eso de que las cárceles de la nación…? ¿Cómo era eso de la ley orgánica de la auditoría general? Sin embargo, la constitución sigue estando llena de grandes verdades. Sin ir más lejos, el poder legislativo, en su condición de órgano deliberativo del poder ejecutivo, pondrá en vigor una ley de derechos sobre las exportaciones. Ni se les ocurra que la coparticipe, chicos. Si, de todos modos, siempre vienen al pie. Ahí lo tenés al gober ése, cómo es, el de apellido catalán, que dice “ojalá nosotros tuviésemos a alguien como él”. No lo tienen, ¿te das cuenta? Mejor tómense un tiempo. Reflexionen. Recuperen la cordura. Después, si quieren, conversamos. Ya se verá qué es lo que hacemos.

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2 comentarios en “I´ll follow your bus downtown”

  1. Te leo con bastante frecuencia, y suelo estar de acuerdo con esas barbaridades que decís con la misma ligereza que yo. Pero hay que decirlo, las retenciones no son un impuesto, porque no son ley. Son una tasa a la exportación que el ejecutivo determina por decreto. Porque, una vez más, no son ley. Y así es nomás…

  2. Es divertido, tengo formación en la materia y podría ponerme a discutir sobre el asunto pero no tiene mayor sentido.
    De última, como dice un amigo, los caceroleros no van a protestar al congreso. Ya nadie sabe para qué sirve ese edificio ni qué asuntos se cocinan allí y si hiciera falta una ley, es nada más cuestión de redactarla, reunirse, levantar las manos y a otra cosa.

    Pero esto era sólo un ejercicio escritural. Tengo muchas diferencias con la acción de gobierno pero no las escribo acá. El motivo es bien simple. Por un lado, a nadie le gusta leer sobre eso y, por otro, yo mismo me aburro.

    Te agradezco la observación.

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