The horror

Nunca terminé de creer en el cine. Será porque la historia en sí, las historias, que es lo que verdaderamente me interesa, suelen terminar opacadas por el ruido de elementos que deberían ser laterales. Ya lo dije alguna vez: nunca sabré de qué va esa película en que trabaja Natalie Portman cuando era apenas una niña. Ya ven que ni siquiera recuerdo su nombre. No me interesó averiguar cómo se llama el director ni qué otros actores participaron del film. A resultas de lo cual, jamás podría saber cuándo la programan en tal o cual canal. Es simple: un día cualquiera, o mejor una noche, a mitad de mi bourbon, encenderé el televisor y por azar caeré en uno de los doscientos canales que provee mi servicio de cable. Allí estará Natalie. Un tipo le pondrá una pistola en la cabeza. Y yo caeré como si un rayo me fulminase.

Soy así. Me dispersaría si tuviera la posibilidad de percibir más de un elemento a la vez. Me resisto a que en esa historia ocurra nada que no sea Natalie, a que le pongan música, a que en determinado momento la cosa se acabe y caiga la lluvia de créditos y después vengan los comerciales y otra película. Yo no estaré allí sino con la cabeza puesta en esa Natalie que ahora apenas es una foto de baja definición que da vueltas en mi cabeza.

Pero lo mismo veo películas y muy de vez en cuando me maravillo.

Hace poco, un par de semanas, vi por primera vez Apocalipsis Now, según el corte del director. Francamente, me cansé. No tengo ya la capacidad de estar tres horas capturando y procesando los datos con que bombardean mi Vietnam. Sólo me dejo ir. Veo imágenes que no entiendo. Oigo la voz de Jimbo que anuncia que esto es el fin y me digo: la puta, esta canción no me gustaba, le faltaba algo que ahora tiene. Y al rato a Dennis Hopper completamente sacado. Y Robert Duvall, que todavía no bailaba el tango. Y un poco antes me dicen que pasó el peor actor de la historia del cine, Harrison Ford, pero me lo perdí, no me di cuenta, y el final se adivina final cuando aparece la cabeza rapada de Marlon, que dice “Oh, the horror”.

El esfuerzo de Coppola y sus muchachos es un buen homenaje a la obra de Conrad. No hay dudas de eso.

Sin embargo, algo sigue haciéndome ruido. El grito ahogado de mi Kurtz es mucho más desgarrador en la novela que yo leí. No digo en la novela que escribió Conrad sino en la novela que yo leí, que no son la misma cosa.

Ocurre, siempre lo digo, la literatura como combustión. El lector no es ese bicho sumiso que deja que la pantalla diga todo lo que hay para decir e incluso un par de cosas más, por las dudas, para asegurar el resultado. El lector pone en duda. Con sus dudas delinea personajes, representa las escenas, se detiene y relee, y retrocede a recoger un cabo suelto, y si es de los míos es capaz de relojear el final, a ver si de verdad vale la pena esta fatiga.

Una buena película es un contrato de adhesión. Alguien vino y puso las condiciones que el espectador aceptó. En un buen libro, en cambio, ese pacto es oblicuo. No rige el todo vale. El lector no es inocente. Sólo la maestría en la ejecución, algo que está reservado a pocos tipos (sí, Conrad), devuelve al lector a la inocencia. A la inocencia como heterónimo de la intemperie.

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2 comentarios en “The horror”

  1. amigo, si se refiere a la que actuó a los 11 años junto jean reno y gary oldman, se trata de “el perfecto asesino” -nombre de la traducción-. una verdadera obra de arte. saludos.

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