Lengua quemada

Ahora mismo leo Error humano, un librito de misceláneas de Chuck Palahniuk.
Un buen libro de misceláneas es, por definición, un volumen desparejo. A mi gusto lo mejor son sus retratos. Marilyn Manson, Andrew Sullivan, Juliette Lewis, el Hombre-Cohete en su propia voz, cosa digna de celebrarse. De un tiempo a esta parte se verifica el crecimiento de la figura del cronista, crecimiento que opera, necesariamente, a partir de la asfixia del personaje, de la situación crónicada. Esto, que a mí me parece obvio, no está tan claro en el gremio de los cronistas. Da la impresión de que una crónica es mala si el tipo no cuenta cómo se metió en el fango, estropeando un par de zapatillas Merrel de estreno. Si el tipo no abusa del yo. Si el tipo no nos maltrata como si escribiera un blog.
Pero lo mejor de lo mejor, es el encomio a la obra de Amy Hempel. Palahniuk concentra tantos recursos en alabar la forma en que esta mujer escribe que a uno no le queda otra que preguntarle a google. Y google tiene pocas respuestas. Y las librerías no tienen sus libros. Será, tal vez, por la misma razón que su mestro literario, Tom Spanbauer, fotocopia cada año el gastado ejemplar de una revista del año cero. Ese ejemplar tiene las siete páginas de su cuento La cosecha. Es breve. Brevísimo. Pero nada sencillo de leer.
Spanbauer, explicando el minimalismo, postula, como segundo principio, la lengua quemada. Decir algo, sí, pero mal, para forzar a que el lector tenga que volver sobre sus pasos. Como si una voz con de spaghetti western le dijera más despacio, amigo.
Cuando uno lee a Palahniuk tratando de explicar el concepto, no lo entiende. Posiblemente al propio Chuck le quede mucho por aprender al respecto. Lengua quemada es Amy Hempel. Lengua quemada es La cosecha. La cosecha empieza así: “El año en que comencé a decir cigarrillo en vez de cigarro, un hombre que apenas conocía casi me mata por accidente.” Más adelante dice: “Me movía a través del tiempo como una cabeza cortada que termina una oración“.
En tipografía generosa, son cuatro páginas, pero uno puede estar ahí durante horas. Es como dice Chuck: empiezas leyendo algo que parece una lista de la compra y al rato no entiende por qué tienes tantas ganas de llorar. Y así se van las horas, hurgando entre las palabras, tratando de desmontar el mecanismo que acaba de destrozarnos.

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3 comentarios en “Lengua quemada”

  1. Dice Google: f. Historia en que es observado el orden de los tiempos.; Artículo periodístico sobre temas de actualidad.
    Narración de hechos históricos a medida que van sucediendo, en los que el autor participa u obtiene los datos de fuentes muy cercanas a los acontecimientos.

    Para mí, es crónica y de las buenas. Casi me pierdo ese texto, justo yo que soy fan de los castillos (no de Abelardo, por cierto) y me gustaría vivir mil años para salvar la cabeza de María Estuardo. El caso es que el librito es prestado y los préstamos tienen fecha de vencimiento. Engolosinado, tomando notas de aquí y de allá, como si preparara una tesis de licenciatura en letras, le escapé a ese documento tan generoso. Es perfecto. El que escribe es casi invisible (sólo casi, en pág. 84 dice “me cuenta”) y a la vez el texto es casi todo él, en particular en esas metódicas descripciones (que rozan lo imposible).

    Me acordé de que por culpa de Bourdieu me perdí el único 10 que tuve al alcance en mi carrera. Aquello de que hay que decir desde dónde se habla. Yo debo haber entendido mal. Nunca hacemos otra cosa que decir desde dónde hablamos. Nunca hacemos otra que mirar ese sitio imposible.

    Y me acordé de una bonita página de Aulicino que decía: Nos enseña Eliot que cada gato tiene tres nombres: un nombre común, como Michifuz o Blanquita; uno más privado, el de su dinastía, que pocos conocen (nombres raros, como Nabucodonosor, cada uno de los cuales pertenece a unos pocos gatos), y por último, un nombre único, en cuya contemplación se pierde más de un vez el gato.
    Saludos!

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