No sé si podría ser mucho más claro

¿Es autobiográfico? Y yo qué sé. Un poco sí. Un poco de demasiado yo, pero es que yo es una palabra de las bonitas. Hay palabras aburridas, dicen, o pasadas de moda, sí, claro y hay otras poseedoras de una belleza que las trasciende a ellas y a su tiempo. Una de esas es yo. La otra que me viene a la mente, quizá por afinidad, parentesco, mera vecindad, la otra, venía diciendo, es no.

¿Entonces es autobiográfico? Yo no.

(o ¿yo? ¡no!)

¿oyó, no?

Bueno, salgamos de este atolladero de una buena vez por todas. Negar es lo más sencillo del mundo, si lo sabrá Pedro. Es lo primero que te dicen los abogados cuando te mandás un moco. Primero que nada negás todo. ¿Está claro? Todo, negá todo. Para que la negación no tenga fisuras sólo negá. No agregues nada que ahí la pasás a embarrar.

Entonces, arriesgo, no no es buen Pedro para la literatura. Claro que no, está a la vista. ¿Qué tanto vuelo podrá remontarse si uno tiene que sujetarse al imberbe monosílabo?

Ninguno, creo que ninguno.

A lo mejor la respuesta es yo sí. O yo, si.

Tampoco lo sé.

Sí sé que veo poco y lo poco que veo me hace ruido. Duermo de vez en cuando y cada vez que duermo vienen esas imágenes. Los colores son más vivos. ¿O será que yo, dormido, estoy cada vez más muerto? No importa. Me gustan esas imágenes. Son mías pero sobre ellas no ejerzo una titularidad jurídica; antes, al contrario, me atrevería a decir que yo soy de ellas, que son bien capaces de confundirme cuando les venga en gana.

Ah, el público silente pide ejemplos perfumados. A ellos, pito catalán y este ejemplo.

Hablo con alguien sobre cierta mujer con la que estuve varias mañanas de este invierno. ¿Es linda? No, no es linda. ¿Me hubiese mandado el moco? No sé pero, en tren de conjeturas, creo que en seis meses podría haber reconsiderado mis ideas. ¿Ese tiempo la haría linda? No, milagros hay sólo en wonderland, en cualquier caso, todo sería de mi exclusiva culpa. Sabría que la vería linda en algún momento, sólo era cuestión de dejar el tiempo correr.

Los colores vivos del sueño, o los de la vigilia, si es que en vez de mañana se ha hecho tarde y lo que queda es remembranza, se encargarían de erigir el encantamiento. Entonces, ¿yo soy dueño u objeto? No se hable más, que me sonrojo.

Por último, ¿es o no es?

No sabría decirle, señorita.

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