Alguien para vos

He vuelto a tener teléfono. Todavía no sé bien por qué lo hice, pero mucho me temo que haya cedido a presiones externas que, dilatadas en el tiempo, operaban en mí una sensación rayana con el fastidio.
Y ahora estamos juntos, pero no nos llevamos nada bien.
De pronto he pensando que se asemeja a una situación que todos hemos sufrido más de una vez en carne propia. Alguien, un amigo, un pariente, un comedido de los que nunca faltan, se arrima con la buena nueva de que tiene alguien para presentarnos. Aquí conviene hacer un punto.

La gente, el resto de la gente, suele evangelizar la conveniencia de estar en pareja. O de pasarla bien. Y pasarla bien, se sabe, requiere de un otro que nos haga la gamba. No puede ser de otro modo. Poco importa que uno declame el abultado tamaño de su vida interior o que apele a ese viejo dicho: el buey solo bien se lame (también conocido por buey solo bien salame). Hay que juntarse. Hay que entreverarse. Y si uno no está muy en la onda y necesita de un empujón, de un estímulo para la concreción del éxito, allí está ese sujeto que nos bate la justa: yo tengo alguien para vos.
Y a uno le entra la duda ¿qué será alguien para nos?
Interrogado que sea el sujeto, algo tendrá para decir.
A vos, por ejemplo, ¿no te gustan mucho los libros? (hagamos de cuenta que sí, que nos gustan muchos los libros, aunque más no sea como adorno), bueno, ella es fanática (a esta altura uno está al borde del llanto, a quién puede interesarle relacionarse con un fanático de alguna cosa), así como vos (ahí es donde comprobamos que él nos tiene por fanáticos). Yo creo que se van a llevar bárbaro (¿en serio?).
La médula del asunto es avivar la expectativa hasta llegar al extremo de que la oferta sea lo bastante tentadora y uno diga ma sí, total…
Y tampoco pequemos de modestos. Seguramente del otro lado de la cuerda sucede algo parecido: a la candidata le han hecho el mate, no importa que la desmesura de los elogios. Importa sólo que empujarla al ma sí, total… y a ese respecto vale todo.
De modo que llegado el momento de la presentación, la tensión está en las dos puntas de la cuerda. Hay nervios, sonrisas forzadas. Es evidente que ninguno de los dos es lo grato a la vista como para imponerse desde el vamos y el resto del encanto está fatalmente herido.
Hola, cómo va, así que te gusta leer, qué lees, ah, Soriano, sí, alguna cosa he leído de él, pero es un pecado de la adolescencia. Otra risita. Y sí, defectos tenemos todos, qué hacerle. En realidad sabemos bien que hay que hacer en estos casos, aunque en modo alguno lo haremos: hay que estrangular al responsable.
Más temprano que tarde uno se despide. Quizá, y por exceso de cortesía en legítima defensa, uno prometerá futuros reencuentros, más chispa que esta, porque después de todo ha sido un mal día. Hay la depresión de los días impares o la resaca o simplemente la lucidez estuvo trabajando a reglamento, pero esa próxima vez, si es que hay próxima, será con todo.
Algo así me pasó con el teléfono. Y me sigue pasando. No nos hemos querido desde el vamos. No sé cómo entrarle. Me quedo sin batería. O sin crédito. O cuando me llaman, no me encuentran, porque soy de esos que no llevan el teléfono a todas partes. O incluso peor: soy de esos que tienen el teléfono en la mesita de noche y muy de vez en cuando me acerco a ver si hay algún mensaje, una llamada perdida, un resto de algo que pudo ser y no ha sido por propia negligencia.
En fin, alguien me dirá que el aparato es muy útil, que sirve para estar comunicado, y yo no le diré que no me da mucho la gana estar comunicado. Pero si no tenés ganas lo apagás, pero para qué quiero teléfono si lo voy a tener apagado.
Al final, por mucha defensa que uno interponga, esta gente se sale con la suya. Pero no hay caso. Entre nosotros no hubo ni habrá nunca amor. Lo supe desde el primer día. Lo supe incluso desde antes porque yo ya tuve teléfono. Sólo que ahora recuerdo por qué es que me había desprendido de él.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s