Un día de la lealtad

Yo preferiría recordar con precisión el nombre de cada uno de los personajes de Los autos locos, mi dibujito predilecto allá lejos y hace tiempo. Sin embargo apenas recuerdo sin esfuerzo a Penélope Glamour y al perro Patán. Del resto conservo una vaga imagen que basta para que consulte a google y me dé cuenta de cuando me dan gato por liebre.

A cambio, todavía recuerdo que me gustaba una niña de piernas muy blancas a la que le he otorgado el título nobiliario de primera novia, aunque bien sé que exagero, que sólo apelo a la idea de primera novia infantil para no sentirme del todo guacho. Engendro a mis precursores, escribo mi propia Historia.

Había nacido, y esto lo recuerdo mejor que nada, el día en que se conmemoraba el centésimo vigésimo quinto aniversario de la muerte de Chopin. Yo era una criatura, mal podría saber a ciencia cierta quién era Chopin ni prever que con el tiempo iba a ser uno de mis favoritos, pero me gustaba la idea de decir shopán y vincular una muerte con un nacimiento a partir de una sencilla cuenta: cinco al cubo. Una maravilla.

Comprenderán entonces mis amigos, y si no lo hacen ya no es asunto que me competa, que recuerdo muy pocas fechas de cumpleaños, en general lejanas, de gente que lleva ya mucho tiempo fuera de mi vida.

Y así con todo.

No llevo agenda. Tuve alguna y la perdí. Tuve otra y no la paciencia de recabar todos los datos que requería para su alimentación. Uso la memoria. Me acuerdo de dos o tres teléfonos que necesito en grado sumo y poco más. No tengo verguenza de olvidar un aniversario ni una dirección. No me aflige la incomunicación. Sé que cuando necesite acordarme de algo que me importe mucho mi luz alumbrará el camino.

Antes usaba lector de feed, bloglines. Me cansé de bloglines. Probé netvibes. Me pareció pésimo. Probé google reader. Es el mejor pero no termina de gustarme. He vuelto a la navegación artesanal, a decir por ejemplo “ultimasdebabel”, que es mejor que wimbledon, pla-za-cons-ti-tución punto won-der, no, punto car-ton-land, guain and rouses como pan y queso, ka-put con dos te y les cuento que no es mal ejercicio.

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