MXXIII

Muchas veces me pregunté si los nacidos en los setentaytantos no padeceríamos algún complejo como el que les toca a la mayoría de los hijos de padre golpeador. Quiero decir: tengo la intuición de que todo el que haya pasado por una situación de ese tipo no queda indemne. Las experiencias sucedidas en el primer tramo de la vida se graban con letra de molde en alguna recámara más o menos inaccesible de la memoria y el más incierto de los momentos salen a la luz del día. Quien se sabe expuesto, se las ingenia para ponerle alguna barrera a ese caudal. O no.
No pocas veces el sujeto se regodea en su anomalía y con toda la impunidad que pueda concebirse, se aboca a causar daño. Eso se nota con mucha claridad en algunos individuos de la especie, sin embargo resultaría temerario extrapolar esa conducta y atribuirla a toda una sociedad. Pero muchas veces es grande la tentación de hacerlo.

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