MI

Hace un rato, mientras orinaba mirando el techo con los ojos entrecerrados, oyendo el goteo con detenimiento, como si alguien que amo me dijese algo al oído y yo me aferrase a ese algo con lo que me queda fuerzas mientras me desangro, me encontré pensando en el extraño mérito de la persistencia, en lo enojoso y efímero que es el consuelo que se halla en mojones como el que ayer escribía, porque, en algún punto, en ese alarde de romanidad que importa bautizar M a la milésima entrada quiere decirme algo distinto que el impulso, más comprensible, de llamarla, por ejemplo, 1000.
Los ceros, aun dispuestos a la derecha de la unidad, no dejan de ser ceros, y si de su redondez uno se permitiese extraer la pócima de la perfección, antes de beberla debería pensar también que, para llegar a ese puñado de ceros que hacen fila, es imprescindible apoyarse en un elemento extraño, una mácula, la unidad, o bien, no haber comenzado nunca.
En eso reside la belleza de la numeración romana, en asumir la perfección como algo que es preferible apartar del camino de los hombres y, al mismo tiempo, al hacer de los mojones elementos simples, despojarlos de la pompa que encadila.
Además, esta sería la entrada MI, que supera en mucho a 1001.

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2 comentarios en “MI”

  1. Jorge, un saludo en tu segundo aniversario, y celebro el cambio gráfico, porque te voy a confesar algo que nunca me animéa decirte: leer tus posts en la letra chiquita del template anterior me volvía loco !

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