La vista gorda

Leo con fruición a Onetti, incluso contra la resistencia que imponen los rayos catódicos porque todavía falta un buen tiempo para que pueda hacerme de los libros como manda dios.
La excursión es grata. Más que grata diría fascinante. Podría, si de ser odioso esto se tratase, mencionar a un autor que reservé para leer en el colectivo. Un tipo respetado por muchos, por otros vilipendiado, cómo no, con algunos libros de gran destaque, entre los que se cuenta éste, que yo pagué cinco pesos en un supermercado, y varios muchos otros olvidables. De él puedo decir que su lectura es tan liviana, tan fácilmente asible, que es ideal para emprenderla en vehículos en movimiento.
Con Onetti no podría. Me gustaría mucho tener su obra completa ya mismo, pero por lo pronto me arreglo con esto. Esto son algunos archivos en formato pdf que me inspiran un odio visceral, a tal punto que me tomo el trabajo de pasarlos a un documento de texto y de salvar las innúmeras erratas que hay por aquí y por allá.
Eso es lo mejor de todo. O lo peor, según quiera mirarse. La escasez de tildes recuerda a cierto personajucho que la va de crítico literario (un tipo entrañable que suele hablarle a sus ocasionales vecinos de página, incluso a los gritos, y nadie le lleva el apunte; me daría un poco de pena si no supiera que la sordera de sus vecinos lo complace: para él, nada como tener la última palabra), lo que es de sencilla corrección, pero hay otros obstáculos que creo que al propio Onetti resultarían encantadores.
Ahora, por ejemplo, leo y “corrijo” Cuando ya no importe. Repetidamente se habla de la construcción de una represa sobre un “no”; no debe ser “río”, no se requiere demasiada perspicacia para sospecharlo. Sin embargo, me cuesta salvar esa errata, quizá porque más adelante habla de cruzar el “no” sobre un precario puente hecho con tablones.
La escena se detiene. Llueven ferozmente hilos de plata que retacean la visibilidad. Hay que cruzar el no y el lector tiene la semicerteza de que los tablones no soportarán el peso del convoy y el yo narrador perecerá a manos del no.
Y me gusta.

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1 comentario en “La vista gorda”

  1. Hace poco volví a leer ese libro. Pasa que Silvia humosa hablaba de la lluvia y me acordé de la frase final. Lo fui a buscar para poner la cita exacta y como suele pasar me lo zampé entero. Bah, con algunos saltos, pero de principio a fin. En esta lectura me di cuenta de que aparece ¡Bardamu! Fijate, antes de la mitad. Claro, habla de Viaje al fin de la noche, pero acá en este barrio tenemos al nuestro.

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