Converso

Alguien me preguntó cómo hice para dejar de fumar. La respuesta es sencilla: no fumé más.
No ha sido fácil en realidad, pero conté con la invalorable ayuda de un resfrío marca cañón, que me dejó varios días en cama, absolutamente empastillado, con una tos que amenazaba rajarme la caja toráxica y, hacia el final, unos dolores en la espalda que me hacían caer las lágrimas.
El punto clave fue haber perdido el sentido del gusto. Casi todo me daba asco, a punto tal que bajé un par de kilos por prescindir por completo de los sólidos en la alimentación. No fue una decisión sino una reacción, quede eso claro.
Lo mismo con el pucho. El cuarto día dije: ya van tres, qué tal si pruebo seriamente no fumar hoy, y así, día por día, engañándome con que era una necesidad para apurar el tratamiento, y después evité contar los días que pasaban, que eso sólo pasa con los presos de las películas
Y me tiento cada tanto, no puedo negarlo. Los viernes, por ejemplo, después de la cerveza o del vino, o a veces leyendo. Ahora me pasa que estoy con Onetti y digo la puta madre, qué ganas de fumar. O cuando escribo. Créanme que no es muy romántico comerse un caramelo en vez de encender un cigarrillo que ha de consumirse en el cenicero mientras uno dale que te dale con las teclas. Pero un día, alguien me dijo, no recuerdo quién, que por mi desprecio por las mascotas nunca sería un escritor con gato. Quizá nunca sea escritor en realidad, pero no hay duda alguna de que en mi álbum faltará esa foto que se hizo Cortázar con el minino en la falda. No es gran pérdida para mí, es bueno que lo sepan.
Finalmente, no me molesta que alguien fume en mi presencia. Me irritan las campañas contra los tabáquicos que emprenden los gobiernos fascistoides. Basta de criminalizar las adicciones, pelafustanes. De todos modos, incluso antes de dejar el vicio, yo sabía que las cosas serían así. Nada de renegar por el pasado. Nada de luchar contra lo que alguna vez me reportó algún placer.
En el fondo está mi odio por los conversos. Desde Saulo de Tarso para acá, no hay un converso que valga dos pesos.

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1 comentario en “Converso”

  1. Amigo Mayer, dicen los que saben que lo mejor para dejar de fumar es cambiar de hábitos, vente oke por estos lares guaraníes,de repente el calor y el humo de cannabis te ayudan…de última hongos! Saludos, y sí, es difícil con Onetti de por medio.

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