Clausura

Me está pidiendo que cierre El astillero. Sí, ya es hora de conversar. Se apoltrona entonces en mi falda y con toda la delicadeza que puedo permitirme, enciendo un cigarrillo, creo que el último de mi vida, o por lo menos el último de esta noche.
Conversamos a su modo. Lo suyo es la suma quietud; lo mío el pensar.
Pienso.
Repaso entonces lo más reciente en la memoria y concluyo en que todo fue una charla con el espejo. Un poco lenta en un comienzo. Más muscolosa después. En la desembocadura, el dolor de las simetrías no escogidas, el proferir un consejo que ninguno de los dos atenderá pero cuánto bien hace oírlo.
El whisky sin cielo clausura la cerveza. No lo pretendemos pero esto es el clamor por un desenlace que no llega.
Creo que estamos de acuerdo.

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