Puntín

A Oscar nadie lo invitaba jamás a jugar a la pelota. Era demasiado torpe. Quiero decir: todos en algún punto éramos torpes jugando a la pelota, de otro modo hubiesemos sido invitados a jugar en San Martín, el club del barrio, que tenía su cancha en lo más alto del barrio, pero Oscar era peor a todos nosotros. El solía pegarle de puntín y eso no estaba bien. No sabíamos por qué, o al menos nadie supo decírmelo a mí en aquel tiempo, pero de puntín le pegaban las mujeres. Por lo demás, era pesado en sus movimientos y cada vez que encaraba en velocidad era capaz de tirar al suelo a cualquiera que no estuviese bien agarrado al piso.
Vivía en la casa vecina a los Wladiuk, en la casa de rejas rojas junto a Georgina, una mujer mayor, que no sé bien si era su madre, su abuela o una tía lejana. Nadie sabía mucho de él, pero no faltaba el que dijera que se había agregado en la única casa en que le ponían un plato de comida, como si en vez de un chico como todos fuese un gato de la calle.

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1 comentario en “Puntín”

  1. Yo creo, Jorge, que las mujeres le pegamos así al balón porque metemos de distinto modo el cuerpo, diría yo de un modo más recogido, como en el vóley. Claro que no todas, hay algunas que sí juegan y hasta son profesionales, las que aprenden a expanderse sin miedo a ser lastimadas. ¿Dirá algo de la psique de un hombre su modo de pegarle a los balones?

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