Ingrazia

No recuerdo demasiado sobre la familia de Vanesa pero sí cada detalle de su casa. Su papá había contratado al mío para hacer unas pequeñas refacciones y allí nos la pasamos un par de semanas. El todo el día, yo dándole una mano por las tardes, hasta que la voz de Carlos Ingrazia exclamaba en la tele ¡Buenas noches, Argentina! Apenas lo oíamos papá me mandaba a limpiar balde, cuchara, fratacho, pala. Después juntábamos los bártulos en la carretilla y saludábamos.
A papá le disgustaba que yo me distrajese mirando no sé qué vecina. Ahora sé que el tiempo ha pasado porque ya no dejaría de hacer ninguna cosa con tal de mirar a una mina con el pelo corto. Ella lo llevaba a lo varón y se cambiaba la ropa por mitades. Un día el pantalón, al otro el pullover.
El papá de Vanesa no me caía del todo bien. Tenía un Chevrolet 400 color verde igualito a uno que se veía en alguna propaganda la tele atropellando a alguien. Yo le tenía terror.

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