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¿Y si dejo de fumar?
Conociéndome, sé que no bastará con que deje de comprar cigarrillos, que esconda los ceniceros, que frunza la nariz que alguien repita el temerario gesto de golpear la cabeza del paquete contra algo sólido (los rellenan con aire así cada cigarrilo trae menos tabaco), tire de la cintita transparente, abra una brecha en la parte plateada del papel, meta los dedos y extraiga sólo levemente el culito amarronado de uno para extenderme el paquete hasta mi alcance. Nada de eso, lo presiento, bastará. Tampoco encerrarme, comprar pastillas de mentol, tomar litros y litros de café, de mate, de té verde, de jugo de pomelo rosado.
Me da temor. Igual que cuando se me partió una muela que venía flaqueando y medía cada dentellada en cada bocado en cada pedazo de pan con tal de dilatar aunque más no fuera por un par de horas el aciago trámite de sentir el abrupto choque entre la dentadura, el continente, y esa ínsula desprendida que quiere camuflarse entre el pan y la saliva. No me asustaba en ese momento el hecho de perder una parte de la muela. Ya lo tenía asumido. Me quedaría con una pieza de menos y lo sufriría sólo un minuto, o diez o media hora, que es lo que dura el duelo cuando a uno se le rompe el vaso que deja en once la docena. El temor era muy otro. ¿Dolería? ¿Cuánto?
Y esta vez la pregunta es: ¿cuántas veces me levantaré en el medio de la noche con la respiración ahogada y el estómago revuelto? ¿Cuánto tardaré en volver a acomodarme al estado de ex? ¿Ex fumador? ¿Ex yo? ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto más?

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8 comentarios en “x”

  1. “…levantarse en medio de la noche, ahogado, con el estómago revuelto…” A lo mejor haya que abolir el vacío, adormecer las preguntas. A lo mejor haga falta que la noche sea el refugio de otro sueño que le bese las manos. A lo mejor haya que cambiar de Dios.
    Debe haber alguno que proponga formas menos crueles para suicidarse.

  2. Qué generoso ese dios que se pone en el medio para justificar todas nuestras debilidades, eh!
    Pero le aseguro que estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Ya es abril. Espero a fin de mes tenerlo dentro de las concreciones, aunque mucho me temo que tenga que decir como los borrachos: sólo por hoy.

  3. Sólo por hoy, un simple hoy que es tanto, desayunaremos confianza en esa taza. Le creo. Como le dije antes, yo seguiré pidiendo por su respiración, esa que ni Ud. recuerda. Le debo el masaje. Le debo los perfumes. Le debo los caramelos, pero es porque estoy lejos. No porque no tenga palabra.

    Le creo, Jorge.

  4. No se preocupe. Si el deudor impone reparos a la hora de saldar su deuda o interpone excepciones meramente dilatorias, tenemos un servicio de cobranza a domicilio. Y eso no “sólo por hoy”.

  5. Coño, qué espanto!

    Desde hace varios días ando pensando en dejar de fumar (por chingonagésima vez) y tu texto me espantaron las ganas de dejarlo.

    No sé si agradecerte o besarte (en el buen sentido)

  6. El asunto es que fumo, porque aún conservo la indulgencia del que cree no estar enganchado. Debe ser así, hace dos dias que no fumo y no siento ninguna necesidad.
    Y esta noche compulsivamente me fumaré tal vez un paquete entero de soldaditos del cáncer dispuestos a suicidarse en mi boca.

  7. Arbolito, en abril dejo de fumar. Como sea. Normalmente la primera etapa está llena de trastornos que son propios de la falta de nicotina. El cuerpo por sí mismo la genera y todo el tiempo en que uno es fumador lo hace a costa de dejar de producirla. Dicen, y yo no les creo, que esta hormona(?), o lo que fuese, porque no es mi especialidad el lenguaje médico, inhibe el recuerdo. No les creo porque no es mi caso. Mi hipermemoria todavía me juega malas pasadas. A veces mejor es olvidar.

    Vigo! Tanto tiempo! Durante mucho tiempo uno cree controlarlo. Es más: en casa de mis padres la he pasado meses sin fumar sin mayores consecuencias que el ahorro que eso supone, pero hace poco, un año digamos, empecé a salir al patio a fumar por las noches. Eso ha sido la señal de que ya no lo controlo.

    Pero no he de caer en el evangelio de los conversos. Todavía no he dejado de fumar y ya sé cuánto daño hace, así que un día, ojala fuese mañana, dejaré de fumar y no se lo contaré a nadie.

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