Shh

Al día de la fecha no he conocido persona alguna que, gozando de los beneficios de una inteligencia más o menos instruida, tuviese necesidad de andar por la vida gritando y con el dedo índice en alto señalando un punto vacío entre los nubarrones del cielo.
Es que aquel que desee imponer sus razones aun a costa de perder todo vestigio de urbanidad, debería saber que el sentido abandona a las palabras dichas a los gritos, que las deja a merced de una intemperie irredimible.
Como el los tiempos de la fábula, ya nadie les lleva el apunte a los que gritan. Con razón o sin ella.

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