Taras

Le gusta hablarme de su trabajo, de las campañas, de las revistas; yo simplemente escucho, cada tanto meto un bocadillo, pero no le pago con la misma moneda porque reputo de mal gusto pasármela hablando de trabajo aunque, todo la verdad sea dicha, si estamos hablando de traficar belleza quizá en su charla no me enfrente a un trabajo que pueda medirse con la vara de lo convencional, y dice muchas cosas y alguna que otra de esas cosas me salpican los mocasines y la botamanga del pantalón y yo no sé mucho cómo ponerme porque presiento que poco me importa si el Marcos que menciona es Ferdinando o el Subcomandante, pero qué voy a ponerme a pensar yo de padrinazgos y de extranjería si el mismo día, y casi sin solución de continuidad, me baja la presión por los 39.5 de allá afuera, vuelve a trabarse la maldita barra espaciadora y no tengo ánimos de salir a la calle a buscarle un remplazo y escribo, poquito pero escribo, sobre conchas y en lapicera, en algo que de movida se ofreció como un eslabonamiento de razones más o menos enfocadas pero que el curso de las horas convirtió en una carta de amor escrita sobre arenas movedizas, y no sobre generalidades sino sobre una y en concreto, pero en realidad prefiero evadir el tópico un poco porque sé que si ella habla de su agenda sin un renglón miserable a mi disposición es precisamente por escaparle al reposo, al lugar común con un tipo común que si bien le reportará una razonable estabilidad, nunca será capaz de ponerle los puntos sobre las íes. Pero uno, yo, ella, tanta gente que creo conocer, entabla con tanta facilidad un apego por aquellos que nos tendieron una mano en los malos momentos que la entiendo perfectamente cuando trata de no pensar en que su etapa está terminada desde hace mucho tiempo y que si bien los meses pasan dejando una ligera cosquilla, se está tan bien así que sería un pecado imperdonable macular una carrera de tantos años. Y entre lo no dicho, creo, lo más grave es pensar que ella, en este mismo momento, está pensando algo parecido sobre mí.

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2 comentarios en “Taras”

  1. sr. patagón, siempre quise comentar con un argentino el tema este que me ha arrojado a este blog. Trelew esta cerca de Carmen de los patagones? Pues por qué dira mucha gente, lo que pasa -y la vez pasada cuando Oliverio dió un paseo por esos lares no lo mencioné- es que la primera novela del siglo XX paraguaya se la debemos a un chico nacido en carmen de los Patagones y respondía por el nombre de José Rodríguez Alcalá y su novela de 1905, Ignacia. termino: ¿suena ese apellido por alli, hay ahí algún caserío del linaje este (acá ha dado dos novelistas, un sociólogo, un crítico de arte, una embajadora plenipotenciaria en el vaticano, etc),algún parienteí al menos que recuerde al primer alcalá que fue a hacewr fortuna en asunción del Paraguay?Danke chera’a por la oportunidad de preguntar.

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