Profecía

Sábado metaboliza semana.
Oír la novena sinfonía de Beethoven y echar de menos un momento del inescrutable futuro, uno en el que la agonía sea tejida con la paciencia bastante como para despedirme de los míos, llamando a cada uno por su nombre, como cuenta el libro que alguna vez hizo Juan, el continente del mejor de los amores.
Pensar en Juanita sirviéndose de contrabando un trago de sidra durante su última navidad, a la vista de su joven esposo, Barrio viejo, Barrionuevo, que la miraba impávido, como esperando que llegue la ocasión en que a la viejita que supo querer y se esfumaba le ocurriese el último impulso que se permite a los condenados.
Imaginar que el camino es algo así como un método para limpiar toda la inmundicia concebible con una escobita que de tan pequeña apenas se deja tomar por una mano.
Y ya, ayuno de porvenires, dejar que la cinta corra, una y otra vez, y como un Moebius de respiración agitada reclamando en ese último destello la redención.

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1 comentario en “Profecía”

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