Los mismos sueños viejos

1. Tengo los dedos duros, sabrán disculpar las molestias que ello apareja al tiempo de leer.
Pensé por unos días en no volver a escribir más. Ni acá ni en ninguna parte. Ya que toca vivir entre barrotes mejor no darles más pelota, ¿no?
No. Siguen ahí, muertos de risa.
Volví a dormir con la misma almohada que me deparó los sueños pendejos de los que nunca voy a poder desprenderme. Nada demasiado descabellado, es decir, nada demasiado diferente de lo que quiero ahora, que es tan sencillo y de a ratos deviene utópico y es el vientre que pare cada una de mis torturas y a la vez es la teta que amamanta mis obsesiones.
Pobre almohada. Está desvencijada. Y pobre yo. No soporto los mismos sueños descoloridos. No podría ser tan tonto como para creer que un cambio de almohada, un retorno a las fuentes, me regalase otro modo de sentir el mañana, de palparlo entre los dedos –porque tengo la desgracia de concretar mis sueños. Los sueños se han venido conmigo a todos los sitios que he visitado. Aquellos, los mismos, no son lo que preciso. Es más: me hacen mal. Son viejos. Hermosos pero gastados.
2. Mamá cree en las brujas.
No debería llamarme la atención. Cuando era chico, ella tenía la costumbre de asustarme con la salamanca. Claro que a mí no se me movía ni un pelo porque no estaba ducho en la mitología norteña. Es más: sigo sin saber lo que sea. Me lo imaginaba como el cañaveral del baldío lindero con mi casa y allá iba a pasar todas las tardes. El lugar de mis temores era mi paraíso. Todo mal.
Dice que a Horacio ese cáncer no le vino porque sí. Se metió con una bruja y las brujas así te pagan. No quiero creerle, pero la verdad es que el tipo, sin ser saludable, es joven, yo qué sé, tiene una esposa hermosa que llora a mares su enfermedad y un cachorro tiernito que es ahijado de la Laurita, casi podría decir que es un tipo querible que a nadie le hizo daño jamás. Y para más, todos los enfermos se mueren. Es creer o reventar.
3. Mi hermano se apartó del camino de dios.
Eso me ha causado mucha gracia. En pleno despertar sexual encarajinarse con una piba que es catequista y él no será muy religioso pero hasta ahora había seguido a pie juntillas la voluntad paterna. Hasta hizo de soldado en el último vía crucis. Armado con una varilla, era uno más entre los que le pegaban al hijo de Lorenzo, que siempre hace de Jesús, porque tiene barba y melena. Estaba tomando las clases que anteceden al sacramento de la confirmación en la fe católica. Un jueves no fue y le echó la culpa al frío. El siguiente jueves tampoco fue y ésta vez alegó cansancio. El cura, que es muy amigo de mi padre, llevaba otros planes en la alforja cuando visitó nuestro huerto. Tal vez se haya sorprendido de ese quinceañero que resistió en pie el embate de un cruzado de la fe. Quién es él para meterse en mi vida privada, le oyeron decir. Tomá mate.
La piba creció sin papá. Una vida llena de contratiempos te espera, hermanito, tuve ganas de decirle. A mí también me tocan pibas así, con padres muy grandes o muy pequeños. Si no es toda la gloria que no sea nada, ¿no, Mayer? Claro. Casi siempre es nada.
4. Pero tengo los dedos entumidos. Traigo un cuaderno de estreno en el que planeaba escribir un texto que me haga feliz y la verdad es que no sólo no he escrito una sola línea del magno despropósito, sino que me he sentido ayuno de toda musa, la cabeza perfectamente en blanco, huecos los pensamientos, ajeno a las palabras que suelen socorrerme cuando deseo decir cómo me va.
Y así sigo, con la cabeza muerta sobre una almohada desvencijada, sobre la que me sueño un escolar lejos de la pelota sin poder cargar la caja de libros que los reyes magos han traído para mí.

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3 comentarios en “Los mismos sueños viejos”

  1. Es cierto.

    Además, a mí la calentura por la seca me pasa rápido. Leo en Bloglines que tengo más de 1000 posts ajenos para leer y veo que todavía hay mucha leña para la hoguera.

    Así que será cuestión de poner manos a la obra nomás. Un abrazo.

  2. Quizá sea un augurio que preferirías no leer: pero como con todo lo que tiene algo de bueno…sólo es cuestión de volver a quererlo hacer. y las ganas “vienen”; así de fácil o de terrible, según. Y sino,preguntale a tu hermano.

    PD:de suecia traje besos y abrazos de manuel para vos. Dijo que te diga crípticamente “mejor así”. Cumplo con mi deber.

    besos míos ahora.

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