Atlas: los pasajes

A los callejones aquí le llaman pasajes. Es ley no escrita que lleven por nombre el de alguna provincia argentina, aunque exceden largamente el número de veintitrés. A ese número deberíamos restarle cuatro, que corresponde a provincias de alta alcurnia que se han considerado merecedoras de prestarle su patronímico a calles. Según entiendo, se trata de las calles al oeste de Ramón y Cajal, esto es: Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes. Allí los pasajes tienen nombres más vanidosos: Chubut, Patagonia, Cruz del Sur.

Hay que ser valiente para vivir en un pasaje. En la mayoría de los casos son tan estrechos que apenas si cabe un auto estacionado. Ajenos casi por completo al tránsito, hay pasajes -como el San Juan- que albergan sin rubor enormes canteros que sólo riega la lluvia. La lumbre pública también se les niega de modo ostensible de suerte tal que nadie se acerca a ellos.

El pasaje La Rioja, uno de los más céntricos, tiene un par de seudónimos que pueden concitar la atención del desprevenido. Alguna vez se llamó El callejón del gato. Al tiempo de la redacción de este opúsculo nadie ha podido esclarecerme respecto del origen de un nombre tan coloquial. Más pretencioso resulta Pasaje Floridita. No es un secreto para nadie que estas son tierras se poblaron mediante migraciones internas. Quien más, quien menos, todos despreciamos a nuestra casa adoptiva y preferiríamos ser porteños para jactarnos de alguna cosa. Queda claro que los alardes peatonales del pasaje se deben más que nada a la hostilidad que representan para el tránsito de vehículos antes que de un afán de fomento de la cultura peatona.

Hacia el límite este del centro de la ciudad está el pasaje Los Andes. Es notorio que a la hora de su bautismo se habían agotado ya los nombres de provincias argentinas. Tanto es así que a unos cien metros antes está el pasaje Posadas. El que escogió un nombre tan duro fue sin duda un visionario: en los días de lluvia es tarea más sencilla atravesar la cordillera que salir indemne de la violencia de los charcos.

Sólo por un aviso clasificado en un diario pude dar con él, en realidad sólo con su nombre y un teléfono. Eran tiempos más miserables que éste, y despojado de la que había sido mi habitación debía conseguirme un techo antes de que cayera la noche. Una voz femenina me dijo: el pasaje está entre Urquiza y Alem, el departamento entre Italia y España. No pude imaginarme, a tenor del prestigio de las calles circundantes, que un desolado paisaje del medioevo estuviese tan cerca de la Plaza Independencia. Sin embargo conchabé el alquiler a media tarde.

Maldita la hora en que vi ese aviso. Maldita mi pobreza y los apremios. Casi dos meses viví allí. Nunca abrí la ventana que daba al pasaje. Apenas no me privé de espiar cada vez que oía un ruido extraño, que es decir casi todos ya que no andaba ni gente, ni autos ni había perros en cinco cuadras a la redonda. Se da cuenta, me dijo el señor García Barredo, una docena de veces hemos firmado petitorios para que pavimenten esta cuadra de mierda y la municipalidad nada de nada. Mi marido es un infeliz, me dijo poco tiempo después su esposa, siempre le digo que así espanta a los inquilinos. Y ni falta hubiese hecho que me lo diga. El día en que firmé el contrato no terminaba nunca de llover.

Hija de puta, me metiste (pusiste) los cuernos, le oí decir una vez a un joven fuera de sí. Acto seguido le propinó una golpiza feroz a su chica hasta dejarla en el piso. En eso se bajan del patrullero tres formidos agentes del orden. El más bajito antes de darle la voz de alto le encaja un cortito al mentón que lo tira de culo a un charco. Yo espío por una rendija de mi ventana y veo que los otros dos policías lo cortinan. Ya en el piso el interpelado por la cornamenta, comienzan las patadas y desde el suelo se le escuchan unas palabras imperativas en plural. Nadie le hace caso. Terminado el trabajo, se retiran los agentes y yo salgo al pasaje. El polícía líder avisa por radio: incidente menor cesado mediante reconvención verbal, cambio.

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1 comentario en “Atlas: los pasajes”

  1. Giorgio: Un aporte, Los Andes fue una provincia argentina, ocupaba parte de lo que ahora corresponde sectores de la provincia de La Rioja y Catamarca, su capital era Chilecito, y creo que desapareció por los años 30 o 40.
    En cuanto al Gato del Callejón había un personaje del pueblo, un tanto artista de alcance local, y muy querido que entiendo llegó a tener una pequeña confitería en esa pequeña vía peatonal, su apellido no lo recuerdo ahora y falleció hace uno o dos lustros, poco tiempo después ese tramo del pasaje La Rioja cambió su denominación.
    Abrazo
    Acevedo 348

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