Dicebamus hesterna die

A menudo me pasa en los bares que cada cerveza que bebo es más amarga que la anterior y sin embargo doy tragos más largos hasta emborracharme por completo y ser retirado por los mozos. Una que otra vez con malos modos.

Con esta bitácora y el mundillo que hay alrededor me pasa lo mismo. Estoy un poco cansado de la absurda cronología con que esto se va ordenando, de lo poco que duran los buenos textos y la larga vigencia de despropósitos tales como los que están al pie de este texto.

Sin embargo no tengo ganas de irme. Que me miren con mala cara, lejos de contrariarme, me estimula. El afán de socialización que cunde en el aire no me mueve un pelo. Quizá eso sea culpa de que me he ganado la amistad, el afecto, y en algún caso el aprecio, de unas pocas personas y que ese gran logro bien vale los tragos amargos que han surgido como efecto colateral del medio. Pero, es bueno decirlo, de ninguna manera me he propuesto ser yo más importante que lo que escribo.

Por eso y por la instintiva vocación de recorrer caminos diferentes es que de a poco esto va a ir cambiando de cara. Hoy por hoy no hay demasiadas novedades. Quizá cuando junte un poco de ganas le dé una forma más digna a esta exploración que recién está comenzando.

Como en todos los viajes que emprendo, no sé a ciencia cierta donde carajo es que voy ni tampoco me preocupa.

Sí sé que en el resto de los compartimentos de esta cueva no habrá comentarios, ni enlaces ni fechas ni archivo cronológico: sólo habrá eso que se ve.

Como para que esto no sea una mera declaración de principios, hoy dejo un breve relato, escrito en un cuaderno Rivadavia, esos de hojas duras que mi madre no podía comprarme cuando era chico.

Que tengan buenas noches.

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1 comentario en “Dicebamus hesterna die”

  1. uh! qué lejos! sabe usté que por esas cosas del tener y no tener todos mis actuales cuadernos de escritura son rivadavias?.
    mi mamá tampoco podía pagarlos en aquel entonces y usábamos unos horribles, semitransparentes.
    a los once años comencé a trabajar (maestrita particular) y mi primer inversión fué la caja ASI de grande de repuesto Rivadavia. una amiga muy querida me colaboró en pasar prolijamente toda la carpeta sobre el papel maravilloso, veinticinco años atrás…

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