la media en el espejo

Lo peor que le puede pasar a una media es que se extravíe la compañera. Ya no hay cosa más inútil que una media que se ha quedado sola.

En otros tiempos era diferente. Las madres estaban más involucradas en la entretención de sus hijos, entonces en los largos días del invierno, cuando la lluvia no permitía empresas mayores, juntaban todas esas medias sin sentido y los pibes les daban forma de pelota y un pibe con pelota (aunque sea de medias) es más que un pibe, es a la vez sonrisa y moretón, es ese sudor de ángeles que casi no se percibe, es otra cosa.

Las medias rotas se zurcen, las medias gastadas ofrecen alguna tibia resistencia que merece aprovecharse; en cambio las medias guachas están condenadas. A nadie les importa que luzcan enteritas, nadie se fija en las satisfacciones que ha tenido con ellas. Los zapatos pronto se hacen de nueva compañía y la vida sigue.

Si esa media fuera capaz de mirarse al espejo, la imagen que le devolvería sería la de su par y no hemos nacido para ver a nuestro par ahí asumir al mismo tiempo la certeza de que ya no está ni estará.

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