des-dicha

¿Toda la verdad está para ser dicha? ¿y entonces por qué la desdicha?
Si hasta parece mentira que ese pequeño gozo al que llaman dicha se superponga con la versión femenina (oh!) del participio pasivo del verbo decir como si lo pequeñamente bello que pueda mordernos los talones en el momento menos pensado pudiera ser menoscabado en tanto no fuese puesto en palabras.
De literatura sí que no sé nada en absoluto y lo peor es que ni siquiera me he preocupado en aprender nada pero una vez alguien me dijo que escribir, esto de poner en palabras lo que no se puede decir, de articular sensación con razón como si de una fe se tratase, no es otra cosa que armarse en el silencio, un poco como practicar esgrima a golpes de nariz. Tampoco creo que lo haya aprendido -para no variar tengo la cabeza demasiado dura-, pero cuánto celebro ese recuerdo.

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