las claves de la sonrisa

Cada vez que pongo mi pie derecho en el peldaño he de sentirme el más desdichado de los mortales. Despacho el bolso en la bodega para sacarme de encima el peso de las cosas que cargo siempre: el pantalón con el ruedo descosido, la camisa con un botón de menos, el cepillo de dientes que pide urgente recambio, Octaedro que no da más de tanto manoseo y en ellas quiero dejar algo de la congoja aunque sea por lo que tarde en completar este trayecto con rumbo al pasado, pero una voz microfonada me dice que he llegado de nuevo a casa, de donde nunca debí haber salido y papá me reclama que vuelva con todo a instalarme, que las cosas de a poco van mejorando y basta que él mencione esa mísera posibilidad para que en mi cabeza se sucedan las implosiones. Por qué no mejor un avión que corte el océano al medio y con ese puñal mi vida ponga a cero el cuentakilómetros. Y qué es de tu vida? Nada que pueda explicarse en un par de párrafos, apenas si para esperanzarlo me permito comentarle que no estoy arrepentido de nada y que si algo puedo decir de lo poco que he vivido es que nada ha sido en vano, ni el óxido de los clavos ni el barro de los zapatos. Terminada la charla sonrío. Si hay algo que siempre se me ha dado bien, eso es sonreír.

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