Blake, la presión, el gozo y mi abuela también.

Ayer releía con -algún pesar- mis caóticos papeles mientras puteaba para mis adentros por la presión atmosférica me estaba oprimiendo hasta las uñas en los pies y fui a dar contra una casi ilegible hoja manuscrita en la que tenía unas palabras de William Blake que me alegraron un poco la tarde. Por lo demás, pensaba en que lo malo de los días de gozo intenso, como el que me tocó ayer, es que el golpe contra la realidad es demasiado fuerte como para no enfermarnos. Y lo mejor es siempre curarse en salud, diría mi querida abuela, doña Mercedes. A ella que es casi analfabeta, allá en el norte de mi patria, le dejó esta pequeña anotación.

La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.

La verdad nunca puede decirse de modo que no sea comprendida sin ser creída.

Como el arado sigue a las palabras, dios recompensa las plegarias.

la crueldad tiene corazón humano
y la envidia tiene rostro humano
y el terror la divina forma humana
y el misterio el ropaje del hombre
el ropaje del hombre es el hierro que se forja
la forma humana, una forja en llamas,
el rostro humano, un horno precintado,
el corazón humano, su garganta hambrienta.

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