Parroquiales
Publicado por jorgemayer en 31 31e Octubre 31e 2007
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Publicado por jorgemayer en 31 31e Octubre 31e 2007
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Publicado por jorgemayer en 25 25e Julio 25e 2007
Si fuera un mes: febrero.
Si fuera un día de la semana: sábado.
Si fuera un momento del día: 4 AM.
Si fuera un planeta: Plutón, ja!
Si fuera un animal: niño.
Si fuera un mueble: una mesa donde se coma, se escriba, se junte mugre.
Si fuera un líquido: vodka.
Si fuera una fruta: ananá.
Si fuera un instrumento musical: bajo.
Si fuera una canción: A Forest de The Cure.
Si fuera una comida: de rotisería.
Si fuera una parte del cuerpo: el dedo meñique derecho.
Si fuera un objeto: lápiz.
Si fuera una asignatura: Estadística.
Si fuera un número: 0
Si fuera un coche: Renault 4 L
Si fuera un color: rojo.
Si fuera una ciudad: Dublin.
Si fuera un mar: Mediterráneo.
Si fuera un idioma: alemán.
Si fuera una flor: pensamiento.
Si fuera un verbo: ver.
Si fuera una estación: Malabia.
Si fuera una prenda: una camisa lila.
Si fuera un cuadro: El jardín de las delicias.
Si fuera un monumento: a los caídos en Malvinas
Si fuera un país: Irlanda.
Si fuera un lugar: una sala de espera.
Si fuera un deporte: ajedrez.
Si fuera un integrante de un grupo: el último de la fila.
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Publicado por jorgemayer en 23 23e Julio 23e 2007
Interesantísima charla en lo de Freidemberg: ¿crueldad con los escritores muertos y vista gorda para los contemporáneos?
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Publicado por jorgemayer en 12 12e Julio 12e 2007
Una entrevista guardada en el arcón.
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Publicado por jorgemayer en 5 05e Julio 05e 2007
Uno nunca deja de sorprenderse con Gmail. Un punto es la publicidad contextual. Si yo fuera lo bastante paranoico, dejaría de usar Gmail. De inmediato.
Cierto día, concertaba una cita con una equis señorita en un zeta lugar, y a vuelta de correo, amén del sí de la doncella, me encontraba con que en la columna derecha se me ofrecía una variada gama de servicios vinculados a una luna de miel, lo que, en algún punto, era lógico, sólo que, transitados miles de kilobytes en común, amigos sino hasta el tuétano, al menos hasta darle otro sentido al mero palabrerío hueco que uno estila en el correo, nuestros mensajes no estaban escritos en el castellano de Toledo. Además, dicho sea de paso, mi parte estaba escrita en perfecto lunfardo de comienzos del siglo 21. ¿Cómo hizo la máquina para adivinarme, para adivinarnos? Bueno, no lo sé, pero mete miedo.
De todos modos, Gmail es sencillamente genial. Cuando se aprende a utilizar las etiquetas, uno se da cuenta que el archivo por carpetas, lo usual en otros sitios de webmail, es absolutamente arcaico. Aquí, una buena regla de mensaje, es capaz de hacer todo el trabajo por nosotros mismos y archivar el mismo mensaje en múltiples niveles. No es mi caso, pero si a diario tuviera en mi bandeja cientos de emails, todo me sería tan simple como navegar por las etiquetas conforme fuese mi prioridad de ese día.
Lo incordioso, al menos hasta hoy, era la publicidad superior, es decir esa que se camufla bajo el nombre de “clips de la web”. A priori, uno se imagina que se trata de videos, de sugerencias, pero no, es mero spam. Son cinco o seis sitios comerciales, a los que gmail refiere de manera automática. Así, un sitio llamado nosotras.com nos ofrece a diario consejos para hacer una buena fellatio o conocer todos los secretos de la sangría. Lo que yo no sabía -y ahora sé- es que también eso puede ser configurado a la medida del usuario. Sólo por ilustrarlos les cuento mi caso: en primer lugar, me saqué de encima todos esos sitios; en segundo término, sindiqué la búsqueda de noticias sobre Daniela Blume; y, por último, algunos blogs amigos.
Ya que no lo hice en su momento, bien vale la ocasión para cantarle loas a la reaparición en el mondo blog de nuestro querido y admirado Luis Bardamu, esta vez al comando de un blog llamado Mínimas. No tengo palabras para nombrar la belleza de encontrar en mi casilla de correo perlitas como: “¿Cómo esperar en este oxidado vientre, en qué se graba tu nombre?” o “Sobramos, analfabetos, críticos de la perita, mascarones de la literatura. Sobramos, imprudentes, y ni nos damos cuenta“. Gmail ha logrado que la botella al mar que Bardamu tira allende las aguas podridas del Doke se convierta en el crudo mensaje del amigo que está tocando la puerta, justo cuando yo estaba cansado del vendedor de Atalayas.
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Publicado por jorgemayer en 13 13e Junio 13e 2007
Si de música hablamos (¿de música hablamos?), los años 90 no han sido la gran cosa, pero qué remedio, nos ha tocado estar allí y soportar con estoicismo la proliferación de medios de reproducción cada vez más sofisticados, bandas cada vez más berretas, wonder hits cada vez más efímeros. Si por mí fuera, hubiese echado el ancla en los 80, cuando yo, muy de a poco, empecé a esuchar música más o menos metódicamente. En esa época no había estaciones de frecuencia modulada, ni discografías en formato mp3, ni google, ni emule, y en los pueblos el acceso a la música, tanto a su historia como a las novedades, estaba limitado a unos pocos gurúes, pero no me hagan caso. Siempre es la nostalgia.
De un tiempo a esta parte, han comenzado a fascinarme las listas. Cada tanto, en cualquier sitio y a cualquier hora, me encuentro componiendo listas mentales. Una de esas listas, a la fecha inconclusa, pretende abarcar la banda de sonido de mi vida. Cien canciones, de las que tendré definidas unas cincuenta y cinco.
Otra gente, igual de mal entretenida que yo, ha compuesto una lista de las 100 canciones de los 90. No está mal, aunque yo, en principio, haría algunos retoques. Y digo sólo “en principio” porque conozco al dedillo mis adicciones. A poco de empezar a corregir esa lista (o cualquier otra) me veo haciendo un bollo con ella y comenzando una nueva.
En fin, aquí el enlace, a ver qué les parece.
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Publicado por jorgemayer en 19 19e Mayo 19e 2007
A la literatura se llega por azar. Esa es mi experiencia. Alguien puede recomendarnos algo y nosotros echarlo al olvido tan rápido como podamos, pero basta un pequeño desliz, digamos preguntarle a google por la vida de aquella estrella porno catalana (cómo es que se llama!), esa, la de flequillo y tatuajes, la que se hizo famosa en uno de esos programas que rompen el rating en el prime time, bueno, está claro que no voy a recordar cómo se llama. No se pierde mucho, de todos modos, y sirva la ocasión para decir que no me gustan las chicas con flequillo, ni las catalanas ni los tatuajes, pero el azar juega con cartas marcadas. Entonces, y por segunda vez en la vida, un arriba a un sitio en el que puede leer algo así:
“Macorina fue mi casi-amor. Y digo casi porque la perdí contando tres. Juntas conocimos a Bárbara, una de las trans más fandangas del barrio. Esas noches fui muy feliz. ¡La deseaba tanto! Me gustaba meterle mano en cualquier momento. Tocarle las tetas con las manos y ponernos a réir mientras nos ponían otra. Y de repente, me llamaba niña mientras clavaba sus muñecas en las esquinas de un colchón que de pequeño se hacía sexy.
“Me gustaba ponerme encima, calcar sus pezones en mi sujetador y comérmela a besos mientras se reía. A besos y a mordiscos que yo soy un poco bruta, y ella gemía. Cogerla entre mis brazos y decirle la verdad, que era preciosa y que me la iba a comer entera. Las dos olíamos muy bien. Y una noche, de rodillas le moje el vientre, suspiré, y luego ella, con mi mano sobre la suya, gritó con tanta dulzura que nos quedamos dormidas para siempre.”
El blog se llama, vaya nombre, Ternura porno, y es uno de los mejores que existan en la Hispania y en buena parte de la lengua castellana.
Y es entonces cuando uno repite: a la literatura se llega por azar. Esa es mi experiencia.
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Publicado por jorgemayer en 9 09e Mayo 09e 2007
Durante más o menos ocho meses este blog no aceptó comentarios o, para decirlo mejor no aceptó comentarios públicos y a tal efecto deshabilitó esas prácticas cajas de texto al pie de cada entrada. Los comentarios siguieron llegando por correo. En general, supongo que por el esfuerzo adicional que eso implicaba, fueron más delicados, más medulosos. Un comentario de aquéllos me vale lo que treinta de éstos, que eso quede claro. Para el tipo que se toma el trabajo de escribir vaya la gratitud eterna que no he sabido graficar en las respuestas.
De un tiempo a esta parte los comentarios dejaron de interesarme. De hecho muy pocas veces dejo comentarios en otros blogs. Se puede vivir perfectamente sin ellos. Incluso da menos trabajo. Uno escribe y ya, como en la vida misma, y no se distrae por lo que tiene para decir fulanito o menganita.
En definitiva, lo que quiero decir es que ningún blog se muere por la falta de comentarios. Al menos este espacio no murió por su falta antes ni planea hacerlo en el futuro. El que tiene ganas de comentar lo hace, que para eso está la bendita caja, y el que no se queda callado. Yo valoro una cosa tanto como la otra. Eso sí: no soporto los anónimos. Qué cuesta poner “Juancito”, “Etelvina”, “X-playo”. Lo digo yo mismo: cuesta tanto como decir “hola”, “por favor”, “gracias”.
Así las cosas, dispénsenme el derecho de volar a la mierda al “usuario anónimo”. Lo hago sólo por higiene. Sepan entender. Disculpen las molestias. En parte de pago, acepten esta foto venida de la Ucrania.

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Publicado por jorgemayer en 1 01e Mayo 01e 2007
Play for today, The Cure / Life on Mars, David Bowie / Purple Rain, Prince / Give it way, Red Hot Chilli Pepers / King Kong Five, Mano Negra / Poison Heart, Ramones / Highway Star, Deep Purple / Rock and roll, Led Zeppelin / The fly, U2 / Panamá, Van Halen / Journeyman, Iron Maiden
Sobre una idea de oncecanciones.blogspot.com
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Publicado por jorgemayer en 9 09e Abril 09e 2007
Acaso sea cosa de sabios el tener el don de darse cuenta cuál es el momento más oportuno para irse. De todos lados. De las ciudades que lo han visto a uno crecer, del calor del hogar, del amor más tierno, del texto improbable que no dejamos de soñar y nunca se escribe. Pero tampoco es que la cose sea tan sencilla. Uno se acomoda a la tibieza conseguida y después pone todo el empeño en conservarla.
Palabras, palabras y más palabras. Palabras para explicar que kaputt se acaba, que se nos fue escapando de las manos, que ya no tiene mucho sentido estirar los rodeos. El día doce, que ya viene llegando, expira el plazo por el que fue contratado el host. Un día de estos, más temprano que tarde, y cuando solucionemos algún que otro problema de logística, mudaremos los textos a algún servidor gratuito. Si alguien nos aporta su conocimiento sobre bases de datos, le estaremos muy agradecidos. Entretanto, la despedida.
Nunca es grato despedirse. De nada. Ni siquiera de una enfermedad que le dio entidad, sentido, a un derroche. Un día nos curamos, o nos morimos, que es casi lo mismo, y debemos aprender a convivir con la ausencia de esa musa equívoca que se ha llevado en sus alforjas lo mejor que teníamos para darle: nuestro tiempo, una maldita cosa detrás de la otra.
Siento algo de pena, no puedo evitarlo. Me ocurre pensar, por ejemplo, en una lectora en especial. Pienso que en la que fue mi profesora de historia en el colegio secundario. Era tan linda que todos sabíamos que esa recién llegada al pueblo no tardaría demasiado en conseguirse un novio, un compromiso, tres o cuatro hijos con los mocos colgando, que le crecerían las caderas y un par de anteojos para leer y empezaría a teñirse una vez al mes, pero qué linda era.
Por esos caprichos de la virtualidad un día supe de ella, la contacté y tuve la suerte de que recordase mi nombre. Le canté alguna alabanza a la belleza de aquellos años y a vuelta de correo me enteré de varias cosas. Que tenía una hija quinceañera, por ejemplo, y eso me bastó para creer que la quinceañera era ella, porque a mí el tiempo no me ha pasado. Mi tiempo sigue siendo aquél.
La convidé a leer mi kaputt de los lunes. Me daba un poco de vergüenza decirle que se dé una vueltita por acá. No sé, creo que acá ando de entrecasa, y yo, como un montón de gente que conozco, ando descalzo de un cuarto a otro, y no invierto demasiado tiempo en peinarme. Es así. El día a día es prosa. Allá, al menos eso me gustaba pensar, todo era diferente. No importaba que el texto que publicara no fuera del todo nuevo. El tiempo sabe lo que hace. El tiempo le pone a todo un cierto barniz que le sienta bien.
Ya no va a leerme allá. Eso me da un poco de tristeza. Ella.
Porque si de ser sincero se trata, la he pasado muy bien durante todo este tiempo. Pueden culpar de todo a Massei. El fue dueño del entusiasmo inicial. El me dio el espacio de los lunes. Yo, francamente, no lo quería. Es más. Ya estaba cansado de los blogs y barajaba la posibilidad de terminar con este de una buena vez. Confiaba, y de hecho lo sigo haciendo, en que el deseo de escribir se impondría por su propio peso, con lo que este medio dejaba de ser importante. Pero estábamos en La academia, es posible que tuviéramos nuestros vasos llenos de alguna bebida con burbujas, y estaba Balduccio, que no se tomó en serio mi negativa y me encontré sin coartada. Viajaría un sábado, llegaría el domingo a la tarde. Era tiempo suficiente para escribir un par de carillas para publicar el lunes. El lunes al mediodía.
Pensé en Bolaño, en los hijos de Bolaño, y escribí un texto que se llamó Lecciones de vértigo. Era un texto breve pero muy sentido. Recuerdo que se lo di a leer a una amiga, que me sugirió un par de correcciones. Estaba contenta, a Roberto le hubiera gustado, me dijo.
No sé si era para tanto, pero a mí, por un par de días, que es lo que me dura el entusiasmo, el texto me gustó.
Después vinieron otros. Siempre hubo altos y bajos, claro, pero la sola idea de quitar el yo era seductora. Alguna vez había que decir nosotros y eso estaba bien.
Si no fuera por las alteraciones que provoca a mi vida mudarme de huso horario, un sábado a la noche nos hubiéramos juntado todos los kaputt. Por increíble que parezca, nunca hemos estado todos juntos. A la gente le da por vivir en sitios por demás remotos, digo desde mi buhardilla patagónica, donde siempre es invierno.
Me daba cierto escozor ocupar el sitio en el que había firmado Freidemberg, ya lo dije alguna vez. A Balduccio no le gusta Pink Floyd. Massei no quiso regalarme su saco. A Piro le gusta Begnini. Genovese no había leido a Baudrillard. Paula toma champagne. Daniela tiene alas. Acteón es el comentarista que todo blog que se precie merecería tener.
Genovese, el más kaputt de todos, me habló de Charlie Feiling y de sus recuerdos del dique Ameghino. Balduccio tenía una amiga bajita, un ángel que fumaba Parisiennes. Piro evangelizaba no sé qué trago que aparejaba el vómito. Massei me llevó a la casa de Nielsen. Nielsen me regaló Auschwitz. Paula me invitó a comer y no comió. Acteón se preguntaba si los bloggers escamotean pero un día confesó que “había leido metros de Mayer”. Compré Hecho en Buenos Aires, quité mi pocillo del alcance de una gota de lluvia, me abracé a Daniela.
Supe de la tarea del editor. Perseguí textos, los corregí. Busqué títulos. Comprobé la maravilla de tener un sitio donde publicar con amigos.
Duramos un par de años. No estuvo mal.
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