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blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

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Archivos para 'Vagamundos' Categoría


Getcha

Publicado por jorgemayer en 24 24e Marzo 24e 2008

Y qué me decís de la chica. La chica que sólo de momento es tu chica. Si se enteran en el trabajo la polvareda que se levanta, ¿no? Qué les importa a ellos, pensás. No les va a importar nada si ahora mismo la despachás. Sí, así como lo oís. Estás a tiempo de decirle tomatelás. Corré, corré a cualquier parte y no se te ocurra abrir la boca por nada del mundo. Vos no estuviste acá, vos no viste nada. Te lo pido por el amor de dios. Es lo mejor que podés hacer por mí. Pero no lo hacés, no porque tengas un mejor plan para ella. No lo hacés porque ahora tenés el culo lleno de dudas. Pero harías bien en decirle que se borre. Pensá en lo mucho que vas a tener que explicar de ahora en adelante. Las rodillas te tiemblan pero no admitís que eso sea miedo. Es la hora de la fresca. Corré. Dale, antes de que te vean.

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I´m gonna getcha

Publicado por jorgemayer en 18 18e Marzo 18e 2008

Cuando el cana llegue, lo sabés de memoria, te va a preguntar ¿con croquis o sin croquis?. Vos vas a tener ganas de decirle como quieras. Es que ya has estado más de una vez allí pero esta vez algo en el aire se respira diferente. Entonces dirás con croquis. Entonces pensarás qué carajo me importan diez pesos en más o en menos. Nada cambiará lo que ha sucedido. A lo sumo un médico. O dos, si son lo bastante duchos en cosas así. Pero pensás que no, que esta vez ha sido un desastre. Mirás la hora en el reloj y ves que falta poco para que den las cuatro. Ahí te convencés: ni aunque de esa ambulancia, que tarda una eternidad en llegar, bajase dios vestido de blanco, aunque el director de este film macabro dijese no, no va, todo de nuevo, nadie existe en este mundo que pueda juntar los naipes desparramados en el suelo. Te imaginás a la prensa. Van a llegar. Antes que la cana, van a llegar y te van a preguntar qué pasó. Vos, si te diera el cuero, dirías que no tenés ganas de hablar. Los apartarías con un gesto. Buscarían otro testimonio. A esa altura ya se amontonarán curiosos. Alguno hablará. Dirá que el pelado grandote pasó en rojo. Que él no lo vio, pero se cae de maduro. O que otro le contó. Otro que nadie encuentra por ninguna parte. Vos pensás en eso y te das cuenta que te gustaría esfumarte de la faz de la tierra como ese otro al que todos buscan. Desde el fondo de la noche asoma el canto de las sirenas. Nunca te sentiste así. Se vienen muchos días duros. Dar explicaciones en tu casa, en el trabajo, a cualquiera que micrófono en mano te las pida, a cualquiera que vestido de azul y acaso con malos modos se dirija a vos y te diga ¿nombre?, te pida un documento, te pregunte ¿con croquis o sin croquis? El mismo tipo de azul que recibirá de manos de otro el tubito fatal. ¿Qué vas a decir cuando la cana llegue? ¿Qué pensás hacer cuando se hayan ido?

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José Luis Perales, un homenaje (o dos)

Publicado por jorgemayer en 13 13e Febrero 13e 2008

¿Te conté que estuve leyendo Bolaño?

No me dijiste nada.

Sí, varios. Amuleto, Estrella distante y Nocturno de Chile.

Estrella distante es muy mentado.

Pero no el mejor de los tres.

Suele pasar.

El mejor es Nocturno de Chile.

Qué tiene de bueno.

No sé bien, pero hace poco también leí una entrevista en la que decía que se trataba de una novelita de terror, con pasos de comedia, elementos de la novela gótica, e incluso de la novela campestre.

Un cambalache.

Pero Bolaño se guarda de decir que es también un poema de ciento cincuenta páginas.

Bolaño decía que era poeta.

Pero lo mismo que Cortázar, era un narrador que de vez en cuando se despachaba con unos poemas horribles.

Hablando de eso, a mí siempre me han caído mal esos que se llaman poetas.

¿Por algo en especial?

Sí, porque no sé leer poesía, supongo.

Pensé que me ibas a apostrofar con una salvajada de las tuyas.

¿Por ejemplo?

Ay los poetas, esos carniceros de frases que dejan tantos espacios en blanco en los libros.

Un verdadero ataque contra la naturaleza y los de green peace tan calladitos.

Me quedé en Perales.

¿Sí?

Sí, en esa canción diabólica que mencionaste el otro día.

Claro, debiste decir: hablando de carniceros de frases, este chico Perales.

“Arreglate mujer, se te hace tarde”

No es de buen gusto indicarle a una mujer su desaliño

“Y llevate el paraguas por si llueve”

Eso es muy de madre, y pañuelo y ropa interior limpia.

“El estará esperando para amarte”

Caramba, se le olvidó mencionar la profilaxis.

“Y yo estaré celoso de perderte”

Claro, en el mismo instante de la pérdida el tipo vuelve a mirar su propio ombligo.

“Y abrígate”.

Dejó de mirarse el ombligo.

“Te sienta bien ese vestido gris”.

Una galantería nunca está de más, ahora: ¿vos conocés a alguien al que le siente bien el color gris?

“Sonríete”

¿Qué se sonría para ella?

“Que no se note que has llorado”

¡No! El tipo se mandó una macana y quiere borrar la evidencia.

“y deja que vaya preparando mi equipaje”

¿El tipo se muda? ¿Le roban la mitad de la vida y él se muda? Es un sentimental.

“perdóname, si te hago otra pregunta”

Y ahí retomamos la parte inquisitorial.

Yo creo que Bolaño, lo mismo que Joyce en el monólogo de Molly Bloom, se dio cuenta de que cortar frases en versos es un robo. Los signos mismos de puntuación son un robo. Hay que leer. Leer en voz alta, una y todas las veces que hagan falta hasta que las palabras encuentren su respiración.

Eso. Que son un ser vivo. Lo mismo que vos. O que yo.

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José Luis Perales, un homenaje

Publicado por jorgemayer en 11 11e Febrero 11e 2008

No me gustan los autos tuneados.
Bueno, a mí no me gustan los dueños de los autos tuneados.
Sí, bien mirado son ellos los que tunean los autos.
No se compran en la agencia, nadie que yo conozca compra un usado tuneado.
No digo tanto, pero si así fuera, eso sería una muestra de buen gusto.
Y el buen gusto escasea.
Que no te extrañe, el gusto escasea.
Pero lo peor de lo peor es la música que escuchan los tipos de auto tuneado.
No sé si la música, pero eso de socializar lo que escuchan no me resulta agradable.
Sí, claro, el volumen.
¿Te conté de mi vecino de enfrente?
¿El de los perros?
No, este es otro.
Entonces no me contaste nada.
Bueno, auto tunning, parlantes al mangazo. Tiran más que los que tengo en casa.
La solución es subir tu propio volumen.
Me tiemblan los vidrios, che.
¿Y qué escucha? No digas nada: marcha.
Frío.
¿Rock cabeza?
Tibio.
¿Cumbia?
¡Sí, qué otra cosa pueden escuchar estos negros!
¿Los negros? Simple: cumbia o rock cabeza.
Algún día uno debería sentarse y escribir largo sobre los vasos comunicantes entre el rock cabeza y la cumbia.
Me parece que ese no seré yo.
Ni yo tampoco, perdé cuidado.
Digamos que no es un tema como para pedir la beca Guggenheim.
Pero eso no es lo más asombroso.
A esta altura, nada puede ser asombroso.
A qué sí.
A qué no.
Después de la sesión de cumbia, interminable por supuesto, el tipo la emprendió con el gallego ese, cómo se llama.
¿Sabina?
¡Ojalá! Otro, ese que canta una canción que dice “y digalé”
¿Eh?
Digalé no sé qué carajo.
Ah, ya sé quién decís: Perales.
Perales, Manzanero o lo que concha sea. Un asco.
Y no dice “y digalé” sino “preguntalé”
Ah, te la sabés.
“Por qué ha robado un trozo de mi vida”
Encima de cursi, ladrón.
¡Vos también te la sabés!
No, boludo.
“Es un ladrón, que me ha robado todo”.
Patético.
¿Perales?
No, vos, gilastro.
No sé qué es más patético, si no conocer a José Luis Perales o saberse esta letra.
Hmmm.
Es lo que le canta el padre a la hija que le aparece con un novio.
No digas, encima vigilante.
¿No escuchaste la parte que dice “A qué dedica el tiempo libre”?
No, a esa altura puse al taco Ministry.
“¿Y cómo es él?”
Uno bajito, pinta de canuto.
“¿En qué lugar se enamoró de ti?
Basta, boludo.

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La cuzco

Publicado por jorgemayer en 19 19e Enero 19e 2008

Otro día te cuento de la facultad. Ahora me viene a la mente mi primer trabajo en serio. Banco de la Nación Argentina. Quién diría.
Me tocaba hacer de todo, pero lo que yo prefería era operar como cajero delivery. Sí, a domicilio. Otros tiempos. Mirá lo que son las cosas. Mi cliente favorito era escritor. A lo mejor vos lo conocés. No como yo, claro, que le llevaba a la casa las papeletas para que firme, pero al menos de nombre. De leer alguno de sus libros. Ezequiel Martínez Estrada. Un auténtico genio el viejo, aunque ya para esa época estaba un poco gagá. Bah, no tanto como que estaba gagá, pero patinaba. Lo que sí, y eso hasta sus últimos momentos, te asombraba la lucidez que tenía para decirte un ensayito sobre cualquier asunto que le tires. Le llevabás algún artículo de La Nueva Provincia y ahí nomás el viejo te cantaba las cuarenta como si vos fueses, ponele, un periodista, alguien importante. Pero él era así con todo el mundo.
Lo malo, para variar, era la jefatura. Yo soy de la idea que a la mujer no hay que ponerla al frente de nada, salvo casos muy excepcionales. Una viuda que tiene que mantener a sus hijos, ponele. ¿No lo ven ahora en administración de recursos humanos? Ah, no, esas minas se convierten en leonas. Esas van a echar todo lo que tengan con tal de ganarse el sustento. Las demás, ah, querido, las demás son las demás.
Mi jefa era mujer. Una cuzquito, che, de esas cortitas, de voz muy aguda, que no sabés si te ladran o te hablan, pero el ladrido no es un ladrido de perro. Es de cuzco, ¿me entendés?. Vos le vas con cualquier asunto y ella se manda a morderte la botamanga. Uh, las que le habré aguantado.
Me acuerdo un fin de año, yo tenía mujer ya, planes, toda la cosa, y se me ocurrió la mala idea de tomarme el 30 de diciembre. ¿Viste que los bancos esa fecha ponen el cartel “cerrado por balance”? Bueno, minga cerrar. Ese día se trabaja más que el resto del año. Yo sabía cómo venía la mano, así que durante ésa semana tomé todos los recaudos del caso. Finiquité mi parte, y la que no se la encargué a un compañero, una gauchada. Y me fui nomás.
¡Para qué! A la vuelta, el 2 de enero, no alcancé a sacarme el saco que la cuzco me estaba llamando. Venga para acá, Finkel. No diga nada, Finkel. No quiero escucharlo decir una sola palabra. ¿Por qué se tomó el día? El día y sin permiso. El treinta, para más datos. Le dije que no me dijera nada. A las nueve lo va a llamar el gerente. El espera sus comentarios. Buen día, Finkel.
Estoy sonado, pensé yo. Hacete a la idea: gerente de banco nación, tipos sin moral, que andan vegetando de ciudad en ciudad. Que no alcanzan a asentarse y ya les asignan otro destino. Un desalmado. Un tipo sin amigos. Siempre desconfiando. Cara de póker. Apenas los buenos días.
Qué dice, Finkel, me dijo. Usted quería hablar conmigo, señor. No, yo en realidad no quería hablar con usted, Finkel, pero su superior me ha dicho que usted tenía algo para decirme. ¿Sabés qué? Me despaché. Le conté todo lo que me venía haciendo esta yegua. Le deje en claro que nunca abandoné mi puesto de trabajo. Que todo era una agachada. Me permití sugerirle que no me eche.
Pare, Finkel. Yo sé de lo que me está hablando. Ahora, Finkel, entre nosotros, de hombre a hombre, ¿no probó con cogerselá?

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