días.de.darcy

blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

  • Categorías

  • Archivo

  • delicious

Archivos para '-rtf-' Categoría

Entre 100 y 1000 palabras

Intemperie/9

Publicado por jorgemayer en 19 19e Julio 19e 2008

No estés triste por cosas tontas, me dice ella. Tonta, pienso, pero no se lo digo, cada uno sabe qué cosas tiene por tontas. A veces se arrepiente, a veces es más tonto de lo que debería, pero cada quien merece para sí la soberanía de separar las cosas tontas de las no. En cambio sobre la tristeza no hay decisión posible. Llega, no ha pedido permiso y ya está desempacando. Trae maletas grandes, pero guay que no las traiga vacías, o rellenas con papel de diario. Pero yo no estoy triste por cosas tontas, simplemente me vengo triste porque soy un tonto. Me vengo, me cierro. Como un animal amenazado se me erizan los pelos de la nuca . Y no hay muchas manos como las de ella, suaves de nunca haber lavado un plato, me dice pero yo no le creo, sabias, pienso pero no se lo digo, de haber andado a tientas mil caminos, sabias por el arte que demuestran puestas a deshacer el nudo. El animal amenazado es ahora una pieza líquida. Puede tomar la forma que ella quiera. La forma, incluso, y esto es grave, la forma que quiera él. Es tan simple que da miedo. Porque él quisiera ser una piola que le ciña el talle contra sí, una piola de nudo duradero, pero no. Es triste: ella tiene la magia que dehace todos los nudos.

Publicado en -rtf-, Summa voluptas | Sin Comentarios »

Intemperie/8

Publicado por jorgemayer en 19 19e Julio 19e 2008

Conocí Las Heras, no la calle, que me es muy familiar, sino una sede de la facultad de ingeniería. Sólo cuando salí del edificio y crucé la calle pude verlo en plenitud. Alguien me apunta: la gente pasa por la vereda y se persigna. No es superstición, parece una catedral gótica. El interior es lúgubre. Falta el rostro folclórico de Ernesto Guevara pero no los reclamos por mayor presupuesto. La educación pública se cae a pedazos. Hay carteles que piden colaborar con la higiene porque determinada sala es “habitualmente visitada por contingentes”. Eso: cuidemos por donde ve la suegra. Hay mucho de eso, ¿no? Estoy asqueado, pero hoy no tengo ganas de hablar de ellos. El edificio tiene cien años. Parece que tuviera mil. Le falta mantenimiento. Le sobra un techo que se declara provisorio. Le sobran pretensiones de nobleza. Era para la facultad de derecho, me cuentan, pero no se terminó a tiempo y quedó para los ingenieros. Ahora es un santuario de artefactos viejos. Hay reproducciones de barcos, de trenes, un mapa en el que Santa Cruz todavía es territorio nacional y Comodoro Rivadavia una Gobernación Militar, maquetas, fotografías de Atucha, de El Chocón. Todo es muy sombrío. Una manada de pibes sale de un aula. Detrás de ellos se recorta la viva figura de un viejito que bien podría ser un cuadro. Me pido un cigarrillo. Me lo doy en la escalera. Pasa el 110.

Publicado en -rtf-, Espasmodia | Sin Comentarios »

Intemperie/7

Publicado por jorgemayer en 18 18e Julio 18e 2008

El sur profundo de la ciudad es una llaga. En realidad es uno el que avanza a tranco apurado por esa llaga hasta dar con la entraña misma de algo irresuelto. No sé, de todos modos, por qué la furia del sol contra mí, por qué las cejas encharcadas en una baba viscosa y salada, por qué sigo teniéndole miedo a viajar en colectivo, si el 37 me deja a dos cuadras, si ya he superado el pánico que guardaba para las escaleras mecánicas. Tal vez deba echar abajo esos escollos de a uno por vez y esta no ha sido la ocasión. O tal vez el horror se llame Lanús, las calles que se suceden con demasiada velocidad. Es comprensible: todavía puedo extraviarme a paso de hombre, de hombre titubeante, que es casi la mitad de un hombre, de lo que se desprende que mucho debería sucederme antes de que yo gane sentido de la ubicación a ese ritmo de marcha. ¿O tendré miedo al movimiento, a la virulenta ley de la gravedad bamboleante, que lo hace pasar a uno el escarnio que el gancia en la coctelera? No sé, me quedo pensando. Me quedo echado al sol. El vino se acaba, y el fernet, y lo que el dueño de casa traiga a la mesa. Me llevo un libro, uno más para mi colección personal, un fuerte abrazo, un suculento pliego de información clasificada y el deseo de alguna vez tomarme el 37 sin temor a lo que pueda sucederme.

Publicado en -rtf-, Espasmodia | 1 Comentario »

Intemperie/6

Publicado por jorgemayer en 17 17e Julio 17e 2008

Si en menos de un mes debés asentarte del otro lado del atlántico y al mismo tiempo andás tan corto de guita que, con tal de ahorrarte cien euros, doscientos, qué sé yo, compraste un billete de avión que sólo permite llevarte contigo 25 kilos de equipaje, estás un poco jodido. Sólo un poco. Viajás. Tenés un empleo nuevo. No sé si tentador pero empleo al fin. No está mal Barcelona. De afuera luce como una de las ciudades más bonitas del mundo, aunque nadie la soporte más de un par de años. ¿Quién puede soportar más de dos años cualquier ciudad? Pero hay muchas otras. Esta es una puerta, como esas que custodian las ciudades que ya no están por completo amuralladas. Entonces la consigna es 25 kilos, nada más. Hacés un rápido inventario de lo que tenés. Mejor: echás un vistazo sabiendo que cada kilo de más te costaría 20 euros que no tenés. Hay que aligerar. Salís a buscar cajas por el barrio. Nos echan de la mitad de los locales. Traés algunas pocas, pero te preguntás cuánto de eso que has atesorado merece esperarte la temporada que dures afuera. ¿Y si todo saliese mal? ¿Cuán mal pueden ocurrir las cosas? ¿Qué tan rápido? ¿Con qué reservas esperar ese chubasco fantasmal que de sobra sabés que no va a venir? Chau a los folletos viejos. Empresas con teléfonos de la época en que el cuatro no estaba delante de todo. Sobres con estampillas raras. Anotaciones. Libros. ¿Qué libro de los que tenés te resulta imprescindible? Un libro, me enseñás, tiene una relación de peso y volumen bastante parecida a la del agua. Hacés un par de números en la calculadora. Una caja, 42 kilos. ¡¿42?! Algo habrá que hacer. Medallas de la escuela. Fotos. ¡Una radio! Los discos que alguna vez te regalaron. ¿Quién será Alejandro Fernández? Suvenires de fiestas de casamiento de parejas que ya se han separado. Más nombres. Polvillo. Cosas que ni te diste cuenta que vinieron con vos y estuvieron en cautiverio tres años y medio, casi cuatro. Llaveros. Recuerdos de todas las vialidades provinciales. Me quedo con alguno. Un bolso de mano azul. Un portadocumentos. Un bloc de hojas. ¿Será muy dañino tirar una biblia a la basura? ¿Y si llamamos al ejército de salvación? No es mala idea. Te olvidás del flete. Pero antes hay que saber qué se tira, qué se queda, qué viaja. A lo que se queda hay que encontrarle un sitio. Siguen pasando las hojas amarillas de un almanaque de mil años. Algunos años, te das cuenta, son peores que otros. De 1998, decís, encontré sólo una anotación: el 14 de setiembre empecé terapia. No voy a decirte que deberías reclamar algún reconocimiento por estos diez años. No es momento para chistes. Es un duelo. Es también mi duelo. Yo sé que jamás volveré aquí. Ya sé que me queda poco allí. Lo sé, tanto como sé que haría bien en ponerme ya mismo manos a la obra y adelantarme a los hechos. Qué se tira, qué se queda, qué viaja.
Me mostrás un papel amarillo mecanografiado. Me decís que lo rompa. O que lo guarde. Decido que puedo hacer las dos cosas a una vez. No voy a guardar los añicos: voy a subirlo al blog.
Opiniones entre un cura, un filósofo, un anarquista, un médico y un telegrafista. Tema: El pedo
El pedo, dice el cura, es el alma de un poroto que va al cielo. No, padre, arguye el filósofo, el pedo es la ilusión que se hace el culo creyendo que sabe hablar. No, exclama el anarquista, el pedo es el grito de protesta de la mierda, clamando la libertad. No, replica el médico, el pedo es el viento ligero que anuncia la llegada de la cagada. No, dice el poeta, el pedo es el suspiro suave que parte del corazón y que por equivocación sale por el culo. No, continuó el telegrafista, el pedo es el telegrama que mandan los intestinos al culo diciendo “va mierda, espere”.

Publicado en -rtf-, Espasmodia | Sin Comentarios »

Intemperie/5

Publicado por jorgemayer en 15 15e Julio 15e 2008

No te preocupes, me dijo alguien alguna vez, los hechizos no se rompen, se transforman, y no le creí. O sí, me lo tomé a pie juntillas y vi desbarrancarse amores, amoríos y amoritos. Vi cómo se convertían en vidrio molido. En carne reseca. En aserrín. Aserrán.
Pero acabó siendo cierto. Todo lo que ha merecido perdurar sigue allí.
Alguna vez, hace mucho de esto ya, antes de tomar mi primera comunión, tuve que confesarle mis pecados al cura del pueblo, el padre Hilario. Eran pecados sin importancia. Al menos creo haberme reservado los más graves. Y lo bien que hice. Terminé el rito y me fui corriendo hasta mi casa. Estaba en gracia de dios. Confesé, por ejemplo, que llevaba mucho tiempo sin visitar a un amigo, un amigo cercano, todo era más o menos cercano en mi pueblo. A cualquier sitio puede llegarse caminando. Sin embargo, por alguna razón yo no iba. Siempre me encontraba una excusa idónea.
Quince años después el tipo murió.
Mi madre me contó que el tipo, en su lecho de muerte, me recordó.
Quizá fue un tipo importante durante mis años niños, pero en la juventud ese recuerdo no logró conmoverme.
Era una señal, un detalle inoportuno que apenas venía a revelarme algo para lo que no estaba preparado. Los amigos se van. Y los quereres.
No dejes que esto vuelva a sucederte, pensé.
Y sigo en mis trece.

Publicado en -rtf-, Hipomanía | 1 Comentario »

Intemperie/4

Publicado por jorgemayer en 14 14e Julio 14e 2008

No sé qué hora marquen los relojes. Llevo en mi piel un sudor que me hace un poco más flaco, menos débil. Me siento en un banco de plaza a ver la vida pasar. Le queda poca luz a este día pero nada me importa. Nada. Podría morirme dentro de un rato y estaría bien. Tengo que aprenderlo todo de nuevo. Creo que soy un recién nacido. Que algo en mí se ha muerto. Que algo en mí ha vuelto a florecer.

Publicado en -rtf-, Summa voluptas | 2 Comentarios »

Intemperie/3

Publicado por jorgemayer en 11 11e Julio 11e 2008

Las manos frías, me decís, los pies fríos, te sonrojás, siempre, te encogés de hombros, no sé por qué, te justificás. No me importa lo que vos puedas pensar. Ni lo que piensen ellos. Si los apuras van a decirte, a decirme, que no hay frío sino falta de calor. Tienen razón. Vos decí que sí. No hay dolor. Sólo manos frías. Sólo pies fríos. Fríos siempre. Y hombros encogidos. No sabés por qué. Inexplicable. Como el sol en la cara, como la noche en el pelo. Das calor. Das todo el que tenés. Por eso pasa lo que pasa. Porque no hay frío, es todo una ilusión. Y no hay calor sino allí, en la frontera de tus manos.

Publicado en -rtf-, Summa voluptas | Sin Comentarios »

Intemperie

Publicado por jorgemayer en 9 09e Julio 09e 2008

Mi bolso ya es tres libros más pesado de lo que vino.
Nielsen me regaló Marvin. La primera vez que me regaló un libro tuvo hasta la gentileza de preguntarme qué quería. Esta vez no. Esta vez no tuve que pedirle una dedicatoria.
Mori me regaló No somos perfectas. No sé si vas a quererlo, me dijo, aunque el modo en que me lo dijo no fue exactamente así, que es el modo en que yo tengo de decir las cosas. Su modo, en cambio, es tan suave, tan caribeño, que lleva en la voz una caricia de sol. Encima el libro es extraordinario. Una amiga me lo advirtió: este es un manual de instrucciones para el enemigo; para el que sepa leerlo la mujer no tendrá secretos. Me aterra la posibilidad. Y me fascina. Y leo de a poco el libro. No sea cosa que la advertencia sea cierta.
Un autor que no sabe titular sus libros me regaló uno. Habíamos departido un largo rato ante una mesa tapada de botellas de Heinecken. Nos oía una chica llamada Valeria, la más linda de la feria, se ufanaba alguien de la organización. Yo no iba a desmentirlo en su presencia, pero varias de las chicas que trabajan en la organización eran de una hermosura que reducían a Valeria la condición de borrador. Un bonito borrador.
Me pregunto cuál será el código postal de La Rioja. Estas dudas a veces me asisten en lo mejor del amor. No soy yo sin esas dudas. No sé. A lo mejor siento que debo marcar mi territorio. Dejar en claro que soy el auténtico, como si hubiera otro que tuviera pies para mis zapatos.
En mi valija falta una remera negra. Queda en buenas manos, supongo. No me gustaría que fuese un recuerdo, algo para atesorar. Un trofeo. Hay gente, me dicen, que vive en el museo de su vida. No los entiendo. Yo no tengo nada de mí. Me siento extraño cada vez. Como si fuese la primera vez que me toca esta piel y este dolor en las muñecas. Como si jamás me hubiesen ardido los ojos y mi espalda fuese virgen de sol. No, que no sea un trofeo.
Y sobra una cámara de fotos. Ay, el tiempo, maldita llaga. Si me la regalaban una semana antes, tendría en mi poder una increíble toma de el Indiana Jones de las pampas. Y a Francis Mallman. Y a esa chica que decía que no le gustaban las fotos con el sol en la cara.
A veces es tan cálida la intemperie que dan ganas de quedarse así.
Sí, un rato más.

Publicado en -rtf-, Queríaundiario | 6 Comentarios »

Lastifold

Publicado por jorgemayer en 13 13e Junio 13e 2008

Una noche te das cuenta que ya van muchas noches, demasiadas, de dormir espalda con espalda, y el mero roce, que no es roce sino estela de calor que se propaga, la certeza de tocar sin que haga falta, sin que te lo pidan, sin que vos a ella, que sueña y algo dice entre sueños, y vos en la modorra no te preocupás por descifrar, no sea cosa que del todo te despiertes, porque si te despertás, ya sabés, las cosas siempre resultan más o menos igual, tal vez con menos cáscara cada vez, más cara y menos cuero cada vez o menos máscara, en el fondo más de lo mismo, de modo que no te cuesta casi nada dar esa media vuelta y ponerte a tiro y si esa última ejecución poco tendría que envidiarle a alguna otra pretérita, te das cuenta de que no tiene el menor sentido pedirle que sea una más entre todas ellas, cuántas, decenas, centenas, de la primera a la última las vez alineadas, prestas a saludar la autoridad de un alguien que se cree dueño de los dones y no es otro que uno más en la tertulia de un bar de mala muerte, infestado de un olor a humo que ya nadie fuma, qué va, y si ya nadie, pensás, qué se pierde si en vez de tu aliento ponés una mano y nada más sobre el hombro de ella, el hombro que ya no es tuyo, qué se pierde en la intrusión y cuánto se gana en ella, mucho sino aquel cerco de dientes de la primera vez bien podría suceder que al cabo de ese abismo se sospechase el mismísimo perfil de un más allá, tan justo, tan necesario, tan improbable, que ya esos dedos que han sabido de mejores disfraces para el repetido temblor se fingen la caricia justa, necesaria, improbable y la vocecita que la noche no termina de robarle al sueño no es más que un movimiento llamada a cortarla suavemente en dos, a convocar a los fantasmas y reunirlos en asamblea, que ya es la hora, que ya no hay sitio para los pacientes, oh las formas de la imprudencia, cerrojos que ceden, arrebato de turbadas humedades, feroces martillazos para saber qué es lo que esconde el cristal.
Nada.
Nada es lo que esconde.

Publicado en -rtf-, Summa voluptas | 8 Comentarios »

Sofía

Publicado por jorgemayer en 27 27e Mayo 27e 2008

Ha muerto una niña que conocí.

No sé su nombre. No recuerdo su cara. Tampoco el día o la noche en que la conocí. Sólo sé que estuve en una casa amiga y alguien me lo dijo. Trató de no hacerme daño. Eligió las palabras. No tuvo éxito. Que digan lo que quieran. Si hay algo inocente en este mundo, si hay algo digno de ser salvado y a fortiori legado a una nueva civilización, eso es la palabra. Las palabras.

Pasamos un fin de semana de locos.

Con esto del incendio, todo el sábado en el hospital. No te imaginás.

¿Te acordás de Sofía?

No. ¿Quién es Sofía?

Digo Sofía sólo porque es el primer nombre que acude a mi mente. Tal vez por reina. Tal vez por capital. Tal vez porque una niña merece un nombre perpetua promesa. Pero tal vez se llamó de otro modo. No importa. Ahora que sólo vive en estos compases temblorosos se llamará Sofía.

La amiguita de Cami, la hija de Néstor.

¿Néstor? ¿Mi compañero en la facultad?

Sí, eso es lo más tremendo.

Tengo el vago recuerdo de Néstor en la facultad. Todos cargamos menos de veinte años. Le sobran ínfulas, todas las que a mí me faltan. Me lo cruzo en un pasillo. Lo saludo. Me deja colgado. Por un momento soy todo perplejidad. Ahí nomás, los ojos perdidos en una rugosa pared blanca, la cartelera, los ojos azules de Valeria, la piba de la fotocopiadora, hurgo. Me planteo si habrá un sitio para los saludos truncos. Debería existir un lugar así. Sería el destino de las medias extraviadas, de los guantes viudos. De los hombres sin mujer.

El está en terapia intensiva. Quisimos verlo y no pudimos.

Siempre lo supe: él no llegaría a ninguna parte. Con suerte, podría levantar una minita de esas que abundan en los primeros años. Una minita que quiera levantarse a un tipito cualquiera. Colgarse de él. Estrujarlo. Conseguir de él lo único que tiene para dar. Apuntes en mala letra, polvos furtivos, una vaga sensación de seguridad. Tal vez ni eso.

Está incomunicado. Hay un cana en la puerta, por las dudas se escape.

Llevaba demasiado apuro en los pasillos. Tal vez por eso no me saludó esa vez. Tal vez porque sabía de sobra que ese lugar no era el suyo. Que pronto limpiaría sus sandalias del fango ingrato de esos pasillos.

Dónde va a ir. Tiene cuarenta por ciento de quemaduras.

¿Habría un limbo para los cuerpos quemados a la mitad?

Imaginé a los enfermeros poniendo su cuerpo en remojo. La espera. Los cepillos que removieron la piel chamuscada. La carne viva. La carne muerta. Y pensé que la burocracia de nuestro señor del fuego haría bien en quedarse con la vida de los cuerpos quemados a la mitad. Sería un acto de justicia para con la mitad sana. No hay pena que quepa en la mitad de un cuerpo.

Sospechan que él quiso matarla.

Sí, hay quien piensa que a Sofía, la niña sin rostro y sin nombre, su padre ha querido matarla. Paladeo su nombre. Soplo. Recuerdo la vez aquella en que una pequeña niña robusta se acercó a mí, que tal vez estuviese distraído, fumando, ajeno al bullicio que enfrascaba al resto de los asistentes a ese cumpleaños. La pequeña niña robusta me tocó a la altura de la cintura. Me preguntó: ¿no me hacés upa?

¿Cómo pudiste, pensé, dar una sola vuelta de rosca y pasar del irrespeto de llamar la atención de ese que no atiende a pedir una muestra de cariño que nadie podría negarte?

Cuando conté ese episodio, la respuesta no pudo ser más triste.

Ay, si supieras la historia de esa nena.

Publicado en -rtf-, Espasmodia | 1 Comentario »