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blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

A cuento de nada

Un autodidacta es un pajero sublimado.

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For you

“No he dedicado a nadie este libro. Tendría que habérselo dedicado a G.F. Y lo hubiera hecho si la dedicatoria personal al frente de una obra en la que yo pretendía pasar inadvertida no hubiera sido una suerte de indecencia. Read the rest of this entry »

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“Cada día escribo peor, cada día me canso más, cada día estoy peor

… Los años no traen sabiduría ni serenidad. Nos hacemos más feos probablemente más malos”.
Sí, tal vez lo anotó Bolaño, pero a esta altura qué importa.

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La mano derecha de Fontanarrosa

Copio y pego lo que Piro toma de la revista viva de este domingo:
Finalmente, la mano derecha claudicó. Ya no responde, como antaño, a lo que dicta la mente. Por lo tanto, e independientemente de que yo siga intentando reanimarla Read the rest of this entry »

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No por eso

Ha muerto Oriana Fallaci, quien cuenta en su palmarés con una entrevista a cara de perro a Galtieri cuando todavía la tropa argentina guerreaba en Malvinas. Esa nota es desempolvada hoy en la edición digital de Perfil Read the rest of this entry »

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Deleuziana

Su biógrafo Colerus refiere que disfrutaba con la lucha de arañas: “Buscaba arañas a las que hacía luchar entre ellas, o bien moscas a las que lanzaba a la tela de araña, y contemplaba después estas batallas con tanto placer que a veces no podía contener la risa. Read the rest of this entry »

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Ceratiana

Brillante, en todo el sentido de la palabra, el artículo publicado en Contra las cuerdas sobre Gustavo Cerati.

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Póstuma

Así las cosas de este mundo, un día de estos el tirano perecerá y antes de que diga las palabras que pasarán a la posteridad, otro ocupará su sitio y desatará de su boca peores tempestades que las que tú, caro lector, o yo, modesto fabulador de los confines, seamos capaces de imaginar. Read the rest of this entry »

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Bárbaros

Daniel Freidemberg, acosado por uno de tantos bárbaros que circulan por la red, escribe en su nuevo blog:

La insoportable levedad del no ser. Como moscardones sobre la fruta, como lauchitas alrededor de la quesera. Pero lo que los lleva a entrometerse y molestar no es falta de alimento sino de existencia visible: la sola posibilidad de que no se les preste atención les da pánico, entonces chillan, insultan, provocan, patalean, no dejan ver u oír otra cosa que su propia vacua desesperación, cargan todo de fastidio y banalidad.

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Al repasar estos apuntes me parece oportuno explicar el significado que, felizmente para mí, la vida me otorgó mostrándome muchachas. Esto acabo de escribirlo hoy y ya muy lejos de Elvirita, a la que sigo adorando. Hace tiempo un amigo que comentaba su vida matrimonial me dijo: «Uno se casa con una muchacha y una mala mañana se encuentra con una mujer a su lado». Sucede. Es que el mundo, generación va y viene, está perpetuamente poblado por falsas muchachas. Hay muchas que nacieron no muchachas y nunca variará su condición, tan lamentable. Las muchachas legítimas al dar sus primeros berridos ya son esclavas deliciosas de su destino inmutable. Porque el muchachismo persevera y se mantiene exento de edades o peripecias. Es eterno, y la hermosura no es indispensable.

Juan Carlos Onetti, Cuando ya no importe.

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Quizás se trate de fundar finalmente nuestra propia antropología: la que va a hablar de nosotros, la que va a buscar en nosotros lo que durante tanto tiempo nosotros saqueamos en los demás. Ya no lo exótico, sino lo endótico.

Georges Perec, Aproximación a qué
Vía Milanesa

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Reglas

Luego, las puertas de entrada violentadas por la Guardia de Infantería seguida por mi visión estremecida ante la presencia súbita de los represores, sólidamente instalados con todos sus temibles pertrechos en el primer tramo de la entrada de la facultad; de lo que había sido hasta entonces nuestra facultad.
(…)
Inmediatamente, como se hacía, entonamos el Himno, y los guardias, como también se hacía, detuvieron su avance, adoptaron posición de firmes y aguardaron hasta que fuera cantado en su totalidad. Me sorprendo al advertir que entonces aun las dictaduras tenían reglas. Recuerdo por fin que después lamentábamos con humor que el himno argentino no tuviera la extensión de la Novena Sinfonía. Porque ipso pucho (también así se decía) comenzó la represión.

(Oscar Terán, sobre la noche de los bastones largos, en el cultural de Clarín de ayer)

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Balada del ausente

Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.

Juan Carlos Onetti

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