Desde hace 20 años cada nuevo film de Woody Allen impone una divisoria de aguas entre los que saludan a generosidad del maestro que continúa prodigándose en producciones de éxito dispar y los que lo condenan por repetir los viejos clichés, por alejarse cada vez más de la parte de su obra que dejó huella.
Es inevitable pensar que a unos y a otros les asiste parte de razón porque, por un lado, como diría César Aira, resulta tentador observar qué hace un ceador cuando agota su cantera y, por otro, ya no es del todo simpático toparse con el viejo neurótico que persigue jovencitas, con el escritor que atraviesa un período sombrío, con un existencialismo berreta que quiere convencernos de que en el fondo todo es culpa del azar.
Y sin embargo hay una tribu que resiste: la que sabe que ya nunca habrá otra Annie Hall, que la cima poética de The Purple Rose of Cairo ya es inalcanzable, que el viejo Manhattan ya no es lo que era, y sin embargo espera noventa minutos entretenidos, de brillante factura técnica, con los actores más cotizados del momento y algún destello que revele al genio que supimos adorar (porque yo soy uno más de esa tribu). Quién te dice no se despacha con una Deconstructing Harry que nos tape la boca a todos.
Midnight in Paris no escapa a esta encerrona. La tribu fiel la recibió con los mejores elogios; los detractores critican este período, al que llaman turístico (y no falta el argentino que fantasea con que una de estas malas piezas tenga lugar en Buenos Aires).
La película no es mala. Son noventa minutos que se van volando y no dejan sabor a poco y no deja de ser interesante que el propio Allen se pliegue a la cansadora idea de que todo tiempo ido es mejor (¡lo mismo que dicen los detractores!). Dos o tres buenos gags bien repartidos, unos paisajes de ensueño, una banda sonora fabulosa, las espléndidas Rachel McAdams y Marion Cotillard… Parece poco pero he de confesar que me cuesta mucho terminar las películas que se consideran novedades Y Midnight… supera la prueba con holgura.
Escribo eso y pienso que quizá yo también ya esté viejo. O recuerdo una charla que sostuve a propósito de Doña Flor y sus dos maridos. Me preguntaban ¿envejeció bien? y yo respondía que es el mundo el que ha envejecido mal. Una respuesta demasiado Woody, me apresuro a defenderme.
Después del fiasco de Vicky Cristina Barcelona, del experimento fallido de Whatever Works (que según supe después no era un guión nuevo sino de 1977), Midnight in Paris y You Will Meet a Tall Dark Stranger se me antojan películas correctas, dignas del sello Woody Allen, aunque esté de sobra claro que ninguna de ellas ha de perdurar.
El Allen world tour anuncia que habrá una próxima fecha en Roma ¿Y si programara una en Buenos Aires? Yo apuesto un dólar a que podemos esperar algo mejor que lo que nos hizo Coppola con Tetro.
Pablo Valle (@Paul_Valley)
10 10UTC noviembre 10UTC 2011
Coincido mucho, Jorge. No en lo de Whatever…, que me gustó más que a vos. Sí en lo de Midnight. ¿Y si la acumulación de clichés, a veces insoportables, fuera porque todo está visto desde los ojos de Gil? Podría ser, salvo esa agachada (Woody, como Borges, no se resiste a un chiste) del detective perdido en el siglo XVIII. Es para pensarlo. El Faulkner de Barton Fink era tan inaguantable como el Hemingway de Midnight. Pero ¿quién no hubiera querido conocerlos así? La seguimos.
jorgemayer
11 11UTC noviembre 11UTC 2011
El link Hemingway de Midnight con el Faulkner de Barton Fink se presenta como inevitable, ¿no? Yo me quedé enamorado de aquél Bill, aunque cuando vi la película no tenía idea de quién era.
Mi balance general de l película no deja de ser positivo con un dejo de amargura, casi como el humor de Woody.
Gracias por comentar, Pablo. Abrazo.