Ayer o a lo mejor antes de ayer, no sé bien cuándo, la veo en la cocina y le pregunto si le pasa algo. Tenía esas ojeras que uno lleva si se ha pasado la noche llorando o por alguna otra razón no pudo pegar un ojo.
Pegar un ojo, ¿lo ves?, esa es una frase que a mí me gustaría escribir siempre y sin embargo algún capricho del pensamiento -qué tendrá que ver un capricho, el capricho, con un pensamiento, el pensamiento, volver sobre esto- hace que se me escape. Que lo pensado, lo tramado, lo dibujado en el mapa mental que elaboro mientras empujo el changuito en el súper, lejos, muy lejos de la carpeta de apuntes o de la computadora, no tenga un resquicio para convertirse en eso que ahora mismo leés: pegar un ojo -volver a pensarlo.
Y no, como si nada la piba me dice Es que anoche dieron dos capítulos de Fringe. Está terminando. El final es buenísimo. Y yo no tenía la menor idea de lo que me estaba hablando.
Sí, Fringe, una serie nueva, de uno de los creadores de Lost, J.J.Abrams, ahora mismo la estoy bajando.
Qué bueno, está sola la piba. ¿Te interesa?
Debería decirle que me interesan casi todas las pibas que están solas. Más: me interesan las minas en general, incluso las que no están solas. Mucho más: si no están solas me gustan sobremanera. El amor, según a esta altura tengo entendido, describe una curva que se asemeja al techo de un trapecio. Tiene una primera etapa, la del descubrimiento, en la que todo toma ribetes mágicos. Ese no es buen momento para atacar. La mina en cuestión piensa sólo en ese tipo. Después hay una segunda etapa más o menos larga, el techo del trapecio propiamente dicho, en que la relación se ameseta y, finalmente, el declive, a veces suave, las más de las veces vertiginoso, que es cuando las minas, la mina en cuestión, sólo elabora la retirada. Ese momento tampoco es propicio. Sólo queda el techo, el segundo momento, cuando la relación a todas luces se ve consolidada, definitiva. Es simple, los dos confían, se quieren, ya se han contado las costillas. Es campo fértil para el pata de lana. Pero esta está desocupada.
Sí, solita y sola, capaz de quedarse hasta las dos y media de la mañana mirando esa serie, la que vos justo te estás bajando, ¿te das cuenta? Pensalo por un momento, no es mala manera de entrar, ¿eh?
Si esta sola es por alguna razón. A nadie le ourre andar solo por la vida porque sí. Cada uno lo combate a su manera, ella mira Fringe, veinte capítulos de cincuenta minutos cada uno, casi un día en la vida. Yo, mirando películas, sin salir de la cama, como Onetti, sólo que me falta escribir La vida breve y nunca podré, sólo que en vez de novelitas policiales yo miro cine de autor. Ayer fue Jarmusch, un tipo encantador, hoy es Haneke, un estafador, un tipo abominable, y en el medio todas las de Polanski, spaghetti westerns, las de Robert Mitchum, que tiene un disco en el que canta calypso.
De máquina a máquina, mirá qué facil y yo: date cuenta que ahora mismo no salgo de mi cama, si se me da, sea con esta mina, sea con cualquier otra, multiplico las motivaciones que me atan a la cama, no vengo más, entendelo. Dale, no seas zapato, algo armamos. Fringe.
Es inútil que trate de explicarle que si la bajo es para tenerla en reserva. Tengo temporadas en las que mi nivel de atención se resiente y mi espíritu se predispone para mirar series. Así fue Seinfeld. Curb your enthusiasm. Lost. Los soprano. A lo mejor se me da bien atesorar. Si yo nunca he querido otra cosa, tesoro mío.
Te digo que es compañera mía en el banco. Linda, ¿eh?, petisa.
Claro, si yo soy un acomplejado del orto y no gasto el escaso tiempo de lo que me queda de vida buscando sino mujeres que -con tacos- tengan como límite de estatura el mío propio, que viene a ser. Además, ¿linda? ¿Qué es ser linda? En todo caso, si es linda, ¿por qué está sola? Es culpa de los tipos. Pensamos mal. O sea, metemos en el medio al mejor amigo del hombre y todo se estropea. Dicho esto, ¿qué clase de amigo es el mejor amigo del hombre, si sólo piensa en sí mismo? Ah, y trabaja en el banco, o sea que, como mínimo, gana el doble que yo. ¿Quién puede vivir torturado porque la mina que quiere gana más que él mismo? ¿Alguien se pone a pensar que pagar la cuenta a medias del bolichito ese al que yo la llevaría a comer los sábados a la noche es algo degradante? Sí, ahora es cuando me tratan de m isógino, machista, chapado a la antigua, si los conoceré yo…
Pechugona…
Ah, la cosa toma otro color. Quiero decir: sí, una mina de metro 75 ni loca perdería su tiempo conmigo. Ya escuché más de una vez eso de Cuando íbamos del brazo yo sentía que todo el mundo nos miraba con cara de “lo lleva a la calesita”. Pero las petisas suelen ser proporcionadas. Hospitalarias. Versátiles. Anoto esto y pienso que hablo de una silla de camping. Plegable. Ideal para baúl de auto chico. Pero eso no es pensamiento, sino capricho.
Sí, ratifico, pechugona la petisa.
Pero de Fringe vi sólo tres capítulos y me estanqué. No creo que Abrams sea lo que se dice un tipo talentoso. De hecho, un tipo que usa el logo de Dharma alla Hitchcock me parece más bien triste. Al gordo uno le perdona todo. No en vano inventó una manera de filmar. O el suspenso, qué sé yo, algo inventó, pero ¿J.J.Abrams? Dale, yaya.
Entonces, ¿venís el viernes?
Si digo que sí, estoy al horno. la mina puede gustarme o no, pero ese proceso, el de empezar a gustarse, es bueno, me atravería a decir sano, llevarlo a cabo en privado. más en uno caso como en el mío, que me paso la vida no gustándole a la gente. Siempre así: remontando una mala impresión. O ratificándola.
Dale, traete un vino.
O digo que no, que tengo mis viernes ocupados. Desde hace años. Que ellos, los promotores de la idea, lo saben de memoria. Que me fastidia que lo olviden. Porque no empecé la semana pasada. La mala costumbre de tener todos los viernes un plan empezó con el siglo 21. Van a decir que tengo miedo, que no me da el cuero para enfrentarme a la petisa. Que sí, que me gustan las petisas, bien que por azares de natura, y las pechugonas, por el demasiado recelo con el que atesoro, sí, tesoro mío, mis años de lactante.
Cómo que no, no seas maricón.
Pero es que no se trata de eso, yo quiero una mina que me arrase y tengo la certidumbre de que esta no me va a llevar puesto, que ojalá me hubiera conocido en mis tiempos de dandy. Hoy, dandy venido a menos, atrincherado en la cama, sin ganas de escribir, los dedos mochos, apesadumbrados, el pelo revuelto, la barba crecida, qué va a pensar, no, che, váyanse todos a cagar, que yo me voy.
A dormir.
Si puedo.
Pegar un ojo.
Archivado bajo:-doc-, Espasmodia
Genial. Muy bueno, te felicito.