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blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

En busca del elefante azul

Dear Talita, acá Oliveira. Ya sé que no soy Oliveira, que nunca podría ser nada digno de un nombre de esa estirpe, pero ocurre que una vez me dijiste Sos Oliveira Creés que nadie te entiende y el único que no entiende sos vos mismo y decidí quedarme con el mote, bien que para un uso limitado a ocasiones como esta Escribirte, claro, aunque ya ves que hace medio que no te escribo, que no cincuenta años, pero dos, tres, cinco años, mucho tiempo en la vida de la gente, incluso en la tuya, Talita, y en la mía Y no te digo Maga, ya lo sabés, porque la Maga representa ese ideal de mujer insípida que tan de moda estaba en esa época, lo que ya es decir, y ahora no significa nada Andá a saber en quién pensaba Cortázar cuando dibujó un personaje así, Talita, pienso, te va mejor, aunque quizá en eso no estés de acuerdo Bah, me dijiste Oliveira y no estoy del todo seguro de que hayas leído Rayuela Pero la sentencia estuvo bien, eh, no hay reproches, cada tanto se lo cuento a alguien y me da por sentir un calorcito que me nace allá por la mitad Nadie podría estar orgulloso de merecer tal descalificación ¿Eso me decís? A mí, digas lo que digas, me parece pintoresco, simpático, en buena medida original, lo que viene a ser todo lo contrario de lo que yo pienso que soy yo Ni pintoresco, ni simpático, más bien todo lo contrario, y de original, nada Y Talita porque en vez de turismo hubieras hecho bien en estudiar farmacia Ya te veo yo en medio de frascos etiquetados con nombres de lo más raros y un ambo celestongo moviendo el caderamen, que eso no lo haría la Talita del libro, pero está claro que vos la superás, no en vano sos mi propia invención y, como diría Woody Allen, yo, este que te escribe, fui educado en la fe católica pero de grande me convertí al narcisismo y cada cosa que invento es parte de mí Exagero, dirás, pero sólo por no decir que lo mío es una rotunda mentira, cada pequeña cosa que uno crea, que siente propia, ni bien roza la atmósfera que le toca, vive lo que le toca vivir de un modo por entero ajeno a la boca que sopló la arcilla Estás, así como yo alguna vez te pensé, en otra parte y si yo ahora mismo me siento a escribirte es por la pura necesidad de tomar de vos el brío aquél que tuve cuando te parí y ya no tengo, por la vil necesidad de recrear el puente, el arco, que alguna vez recorrí, tan grato y en este preciso momento tan lejano, al borde de la imposibilidad Estás, te siento, bien que apartada del sitio que me gustaría para vos, Talita leyendo enciclopedias, Talita encendida en el lecho de un tipo que no la merece, un tipo de grandes ambiciones truncas, Talita en desavillé en el tablón, temerosa de dar el paso que la acerque al otro lado Nunca te lo conté y siempre hay una primera vez para todo, pero papá, cuando yo era chico y estaba muy al pedo, me mandaba a enderezar clavos, como si esos clavos fueran a servir alguna vez, y mis dedos inútiles deseaban les hubiera tocado en suerte una pericia en ese momento esquiva y así se iban las mañanas heladas y las tardes, en la puja por llenar la lata vacía de esmalte sintético tan sólo porque papá no soportaba la idea de que yo estuviera al pedo, ¿te das cuenta? A veces me da por pensar que escribo, y escribo nimiedades, y lo hago todo el tiempo, y me da pudor mostrarlas, que escribo como antes enderezaba clavos, escribo porque no tengo mejor cosa que hacer, ya me dirás, quiero decir, si te place, me dirás, espero no sabés con qué ansias, a vuelta de correo encontrarme con tu comentario Es probable, no puedo negarlo, que me mandes a la mierda, y no te juzgaría mal por eso Llegado el caso, si me mandaras a la mierda, lo haría, me iría a la mierda, silbando, bajito, con la cola entre las piernas Pero esto ya estaría escrito ¿entendés? y un remoto día de calor, pongamos, a la hora de la siesta, atribulado por los mismos problemas que ahora, más calvo y achacoso, menos tolerante e higiénico, yo podría repasar estas páginas redactas a la corrida, de un tirón, y me daría permiso para una sonrisa, ya que el puente que quise y no pude levantar, la carta que con tanto amor escribí no tuvo otra respuesta que la indiferencia, el archivo en la oficina de correos a la espera de que Bartleby haga que eso que quisiera no Para eso, ni más ni menos, te ponés a pensar y hoy en día, ahora mismo si tuviera ganas, podría tomar fotos hasta cansarme, hasta llenar el disco rígido de esta computadora, y sin embargo ninguna de esas fotografías, ni la más perdida en la maraña, revelaría algo verdadero de mí con la solvencia que estas letras mal escritas Por eso, ni más ni menos, por el afán de perdurar y multiplicar, Talita, y ya sé que no te gusta el apelativo, que no estás contenta con el Traveler del libro y sí con ese otro que habita la mitad de tu cama y tus más queridas ilusiones Un circo o un loquero, Talita, el mundo es una porquería, lo era cuando te conocí y no tenías veinte, lo es ahora, cuando pagás con treinta y apenas te dan una moneda de vuelto y la gente se preocupa de la guita que no alcanza, aumenta un peso el precio del kilo de la yerba y crece la franja de pobres, a la par que pasamos otra hoja de almanaque y un montón de jóvenes dejan de serlo y les da por planear casamientos y anotar en una libretita los nombres que mejor les sentaría a los hijos, quien dice Lucas, dice Matías, todo es tan igual ¿te das cuenta? Por eso me pongo Oliveira y el mundo sigo andando Hace unas pocas noches miraba un film de los Coen, The man who wasn´t there Hacia el final, el alegato del abogado del protagonista es de una belleza insoportable En una parte la escena carece de audio y uno lo ve gesticular y lo entiende todo Miren a este hombre, decía, en cuanto más fijen su mirada en él, les decía a los del jurado, más inocente les resultará Más veces leés Oliveira, el nombre del personaje, el nickname que elegí para esta ocasión, más igual a nadie será ese que te escribe Pero, y mirá qué prolijo, qué delicado puedo ser a la hora de distraerme, el motivo para escribirte era otro y ahora mismo paso a detallarlo Anoche soñé con vos Sí, es increíble, cuántas noches pretéritas habré querido soñar que sentía tu culo, el de Celia Cruz, está claro, allí mismo contra mi virilidad y sin embargo al otro día te encontraba y no tenía coartada, de nuevo me había visto envuelto en las más siniestras pesadillas que puedan rodarse en tecnicolor Prácticas incestuosas, amputaciones, peligrosas permutaciones, lo de siempre Pero esta vez eras vos Andábamos por las calles de un barrio que me hubiera gustado fuera el mío en lo más tierno de mi infancia, pero era yo ahora y eras vos, la de ahora, la casi señora de, y andábamos del brazo en las calles de tierra flanquedas de cipreses Parecíamos una de esas parejas de turistas que se echan a andar sin rumbo, buscando la belleza secreta de un paisaje que se ofrecía de lo más agreste y a la vez, despertaba en mí la nostalgia de lo perdido Porque eso, las callecitas de tierra flanquedas de cipreses, eran algo que a mí, cuando chico, se me antojaba la tierra prometida y no tenía la real dimensión de cuán hermoso aquello pudiera ser, ni qué tan lejos del patio de mi casa se hallaba ese paraíso donde no había borreguitos con los mocos colgando No andaba nadie, en realidad, era como si nos hubiésemos metido en la maqueta del diseño de un arquitecto y, a lo lejos, las caras, las siluetas, perfectas, vacías de expresión, nos convidasen a meternos un poco más Sin saberlo, yo buscaba, y al cabo encontré, algo que me había roto la cabeza durante largos años de escucharlo en boca de mamá y papá Ellos hablaban del elefante azul y yo no tenía la más pálida idea de lo que eso pudiera ser Apenas si conocía a los elefantes de haberlos visto en la televisión y eran cualquier cosa antes que azules, pero esto era por completo imputable al televisor en blanco y negro que por esa época teníamos Al fin, un día supe a qué le llamaban el elefante azul y me descorazoné porque para el resto de la gente tenía un nombre de lo más pedestre Pero este que caminaba con vos, yo, ahora, llevaba sobre los hombros la cabeza de los años tiernos y esperaba dar con algo sin igual El elefante azul, no pensaba conformarme con menos Así, cuando al fin divisé por encima del horizonte, descatacando entre el relieve de los ladrillos pintados blanco una figura extraña, supe que éramos, de una vez y para siempre, él y yo, y vos como testigo de la epifanía Era una construcción que acababa en una especie de cúpula, de la que salían tres o cuatro ventanas con forma de semicírculo No era, ni de lejos, elefante, ni estaba pintado de azul, pero era él y lo supe con la contundencia con que la verdad nos asalta un par de veces en la vida Nos conmovimos, o acaso me sobresalté y te contagié mi asombro como una peste Aunque nada hubiera que se ofreciera como resistencia a que nosotros, vos y yo, llegásemos a él, lo buscamos por separado, con cautela, como si pretendiéramos el mejor ángulo para tomar la foto soñada Separados el uno del otro, ya no volví a saber qué te deparó la pesquisa A lo mejor tuviste mejor suerte que yo, que cuanto más cerca estaba, menos veía del elefante azul Sí, como eso que vimos un momento antes los dos se convirtiese para mí en una imagen fantasmagórica que bajo el escarnio de la luz escrupulosa desaparece, así, paso a paso, perdí ese pedazo añorado de infancia y perdí esa pedazo de adolescencia que lleva tu nombre

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One Response

  1. T. dice:

    Mirá quien para quejarse de mis silencios o mis sustituciones…

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