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blog de Jorge Mayer. Trelew, Patagonia.

Metemerómofo. Bloomsday. Junio 16. Trelew

Desde España nos desafían a un Bloomsday y aceptamos, no sin antes decir que Joyce no nos causa mucha gracia, aunque escribir semejante ladrillo a propósito del amor de una fémina, bueno, en ese caso, al decir de los católicos,  señor mío y dios mío.

[actualización 10 - 19/6, 12:46  am]

Buen día, madrugadores, ya pasan tres minutos de las cinco. Es miércoles 16 de junio de 2009 y estamos a sólo doce días de los comicios legislativos de medio mandato. La temperatura es de tres grados y siete décimos y para hoy se prevén huelgas sorpresivas en el servicio de transporte de pasajeros. Qué suerte vivir en un pueblo de provincias y no preocuparse de esa clase de asuntos. Acá hace siempre el mismo frío. Para comprobarlo me basta mover ligeramente el pie y sacarlo a la intemperie de la habitación. El mero contraste de ese espasmo y esta tibieza me permite sospechar que el aliento de mi boca es igual al vapor. Y hoy tampoco tendré ganas de salir de la cama. Y en los títulos policiales se destaca que le dieron sólo quince años a un cura pedófilo y fue convocado a declaración indagatoria el líder de la oposición y que, al mismo tiempo, el juez que lo cita fue llamado a comparecer ante el consejo de la judicatura por alguna de las tres docenas de causas que tiene abiertas en esa sede por mal desempeño y dan marcha atrás con el proyecto para reducir la edad de imputabilidad penal. Debería encontrar una estación de radio que me traiga mejores noticias. Cuándo será el día que me digan que un hombre fue detenido por comerle los ojos a un cuervo, cuándo me atreveré a escoger para esta hora un programa en el que sólo pasen música y cuál podría ser la música que a esta hora no me dé más modorra que la que traigo de un sueño en el que soñé que dormía y abruptamente algo me despertaba y colegía que ya eran las ocho y cuarenta y ocho y no tenía el menor sentido sobreactuar la urgencia, descartar la posibilidad del baño reglamentario y resignarme a llevar el pelo graso y el mal humor dondequiera que tuviese que ir.

Pero eso era un sueño y madrugadores son las cinco y veintidós y el gran premio nacional en el hipódromo de Palermo fue suspendido por primera vez en la historia por una amenaza de bomba y son las cinco y treinta y siete y estoy seguro de que debería levantarme a componer la formación de las frazadas y de la sabana, a esta altura dispuestas de tal modo que a cualquiera le da idea de que esta noche no he pegado un ojo, pero yo estoy seguro de algo haber dormido, no sé si a mitad de la noche, no sé si recién es que yo soñé que dormía y me despertaba a las ocho y cuarenta y ocho, demasiado tarde para levantarme y abrir el fuego de una hornalla para una taza de té y una, dos, tres cucharadas de azúcar sobre la taza con agua humeante y un saquito de té y planchar a las apuradas una camisa, la celeste, por ejemplo, porque hoy es miércoles y al miércoles le sienta bien el celeste y el baño a las apuradas porque de nuevo se apagó imprevistamente el calefón y antes que perder los escasos doce minutos que tengo entre que abro la canilla de la ducha y trepo al estribo de la unidad veintiséis de la empresa Rawson que me depositará en tres cuartos de hora a escasas cuatro cuadras de desolación y frío que cala los huesos de mi empleo en una oficina pública, prefiero una lluvia helada, que cale hondo, que sea como la que el Travis de Taxi Driver deseaba para la Nueva York de los años setenta y lave de la calle la escoria.

Buenas

Muy buenas para mí, dice el chofer. Qué suerte que tiene ese buen humor. Qué pena que haya más gente esperando para subir. Dan ganas de preguntarle qué es lo que lo ha puesto tan contento. A esta hora yo sólo estaría contento si volviese de la milonga con una piba a cada lado, cada una sedienta de mi simiente, en cambio este muchacho es capaz de tomarse con alegría el mero hecho de venir a trabajar. Yo no me lo creo. Algo debe haber pasado en su vida. A lo mejor se quitó de encima a la yegua que tenía por mujer. A lo mejor todo este tiempo no pudo bañarse sino con agua fría y hoy le tocó caliente y por eso siente que la vida le ríe y canta. A lo mejor renunció a su trabajo y se dio el lujo de mandar a su patrón a la recalcada concha de su hermana. Bien pensado, la gente común tiene muchas cosas de las que ponerse contenta. Basta que le sucedan. La vieja que se sienta detrás de mí, por caso, la gorda, la que se sienta con otra vieja gorda -como si gustase de viajar apretada entre la ventanilla y su compañera gorda, en una butaca de a tres pesos cada dieciocho kilómetros- y no deja de hablar durante todo el viaje, hoy está contenta y se lo cuenta a su amiga, porque ayer cocinó berenjenas y le salieron de rechupete, una lástima porque ayer era reunión familiar y justo en la televisión daban el partido de la selección juvenil en Toulon y vieras cómo lloraban esos chicos, perdieron en los penales, y fue todo tan injusto que en casa estábamos amargados y al rato nadie se acordaba de lo ricas que me habían salido las berenjenas.

Dan ganas de salir corriendo de ahí. Una pena que las cuatro cuadras hasta la oficina sean tan heladas y a uno no le sobre simpatía, como a esa otra chica, quizá señora, que se baja en esta misma parada y se voltea en el estribo para decirle al chofer que tenga buenos días, y lo dice con una convicción tal, tan ajena al frío, al tiempo de los relojes, al ronco bramar del motor del colectivo en marcha, que bien haría un día en preguntarle ey, señora, ¿la acompaño? O no, eso no, por muy antiguo, y no hay nada peor para un galán que lucir fuera de moda. O frío. Como yo, que me bajo del coche casi de un salto y salgo casi corriendo, y camino en diagonal esas cuatro cuadras, fumando, casi llorando, de frío, de rabia, por tener que venir de nuevo a trabajar. Y siempre pasa que desde el fondo de esta oscuridad amenazada por el día, está oscuridad vigorosa a falta de dos horas para que le salte a la yugular un timorato día de casi invierno, aparezca alguien, caminando alguna de esas cuatro cuadras a contramano, y le veo la cara o, mejor, le adivino al verme pitando un brillo entusiasmado en los ojos y me da por creer que el tipo, como mínimo, tiene pensado mangarme, la calle está tan peligrosa, diría mi madre, o quién sabe si no robarme y qué va a robarme si en la billetera no tengo otra plata que un resto para el boleto de vuelta a casa, que si él lo supiera me tendría lástima y sólo se llevaría de mí el paquete de cigarrillos, pero justo antes de pasar a su lado, justo antes de tener que argüir el magro saldo de mis ahorros, el tipo toma la voz cantante y me espeta

¿Tenés fuego?

No. Eso le dije.

Qué hacés, boludo, ¿falta mucho para el mate?

Recién llego, che, no me apures si me querés sacar bueno. Voy a lavar el mate.

Qué lo parió, maldito colectivo, nunca puedo dormir.

Bicho jodido el empleado público, ¿no?

Y que lo digas vos, pedazo de delincuente.

Buen día, chicos.

Hola, Fer, ¿cómo estás vos?

Con frío. No se puede creer la rosca que hace. Un quilombo la ruta.

Vos por lo menos venís sola. Yo venía con una vieja que le contaba a otra cómo le fue ayer con las berenjenas que cocinó.

Apasionante.

Buen día, gente.

Ah no, ¿Pedro? ¡Mirá quién vino!

Pero atendé la hora que es, che. Ya las y cuarto te quedan chicas ¡y dieciocho, hijo de puta!

Hay tres semáforos en Rawson, los tres me tocan a mí, la puta madre. Obviamente están desincronizados. Y viste cuando vas a pagar el estacionamiento medido y tanteás en el bolsillo trasero del pantalón y notás que algo que debía estar allí no está.

La billetera.

No está. ¿Qué le decís? Bancá un toque, papá. ¿tenés cambio de cien?

¿Aceptás débito automático?

Y otra vez manejar hasta mi casa.

Nunca pensar en bajarte a pedir prestado, ¿no?

Y los tres semáforos de Rawson que están desincronizados.

Nadie te va a prestar, pensás, sos tan mal pagador.

Sí, claro, Riquelme me dicen. Estoy esperando que entre algún empleado nuevo para pedirle guita prestada.

Con la emergencia económica te cagaron.

¿Te das cuenta? El mundo está patas para arriba.

Sí, viene el de asesoría legal.

Me va a pedir fuego.

Tres años ya, che. Podría comprarse un encendedor. ¿Cuánto vale? ¿Dos pesos con cincuenta?

Uno cincuenta, el más barato, pero el paquete de cigarrillos está entre cuatro y cinco.

Pero el tipo es larva, no hace este tipo de cuentas. A mi me hace acordar a Richi. Viste que el viejo sale tres veces por día de la oficina y va hasta la cocina. ¡De la hornalla prende el cigarrillo! Si será rata.

Le debe gustar el cigarrillo quemado.

Claro, si el acto de fumar implica quemar el cigarrillo. Digamos que él está un peldaño adelantado.

¿Y? ¿Ya pediste algo para el día del padre?

Con las ojeras que cargás, cualquiera diría que no pegaste un ojo anoche pensando en el regalo.

Sí, la verdad me cuesta definirme.

Es lo mismo, ¿no? Lo debés terminar pagando vos.

No, mentira. Para el domingo quiero algo simple, bonito y barato. Que se vayan todos. Que me dejen solo.

Es buena esa.

¿Podés sacarme este rápido?

Sí, dejamelo.

Si uno trabaja de data entry no se alarma ante la pila de papeles que se acumula. Entonces las prioridades pasan a ser mal que mal las que ordena el jefe de los data entry. ¿Y si pongo algo de música? Cuatro lucardas, faltaba más, para firmar como propias las cosas que yo hago, para parar los trámites que yo sugiero parar, salvo que de arriba aparezca una orden en contrario. Lo mejor es no darse manija, pienso, es martes y parece lunes, porque ayer fue feriado, y pongo música. ¿Por qué no esa canción que decía Tell me why I don´t like Mondays. Conseguí una versión desenchufada que a todos va a gustarle. Y si no les gustara a todos, lo que es a mí, hasta que diga basta, va a gustarme.

¿Saben la historia de esta canción?

Nadie sabe nada. Por eso soy yo el que pone música. Si no fuera por mí en esta oficina sonaría siempre la misma canción. Sistema de administración financiera. Usuario: JMAYER. Contraseña: PUÑETANOHAYSISTEMA. Compromisos. Seleccionar compromiso. Por número. Ciento sesenta y ocho ocho cuarenta y nueve. Aprobar. El documento ha sido aprobado con el número 168849. Lo que es la informática, ¿no?. Ordenado. Seleccionar por número de compromiso. Ciento sesenta y ocho ocho cuarenta y nueve. En curso. Imprimir. Dos copias. La impresión ha sido finalizada. Loco, avisen si la impresora se queda sin papel. Y si se queda sin papel, póngale. No cuesta nada. Bueno, ahora que terminé este asuntito, por qué no chateamo´ un ratito, ¿eh?, para no sentirno´tan solo, ¿ah?

¿En serio no se los conté antes?

Puf. Me afanaron

¿En serio?

Sí, ayer a la tarde, frente al gimnasio del Don Bosco.

¿Cómo fue?

Una pavada. Me rompieron el vidrio del acompañante. Se llevaron los papeles del auto. ¡Me dejaron el estéreo! El seguro, te parece a vos, llevarse el seguro. Debían ser pendejos.

¿A qué hora?

Ocho, ocho y media. Voy a la cana, hago la denuncia. No sabés la mina que me atendió. No podía escribir mi nombre. Tuve que deletrearle. ¿Auto? Fiat Súper Europa. ¿Modelo? Ochenta y ocho. ¿Pero qué modelo? ¿Modelo o año de fabricación? La marca. Ah, sí, Fiat. ¿Sospecha de alguien?

De tu mujer deberías haber dicho.

O de la cana, a ver qué hace.

Encima en el medio alguien la llamó por teléfono, al celular. No, no estoy enojada. Dale, tonta, decía la voz. Imaginate, yo, mi mejor sonrisa, escuchando todo, porque esto pasaba en una piecita de dos por dos. Parecía una película.

Chicos

Buen día, ¿no?

Sí, sí, buen día, perdón. Venía a comunicarles que doce y media hay un acto. Es en Gaiman. El que quiera, puede retirarse.

¿Y de qué va el acto?

Nada. Es una reunión. Con productores.

Podríamos ir, ¿eh?

¿A dónde?

A Gaiman

Sí, o no me vas a decir que vos tenés muchas ganas de trabajar.

Bueno, tanto como muchas, muchas lo que se dice muchas, no, pero estoy cansado de hacer bulto.

Eso, que para hacer bulto lleven a los más grossos.

Pero viste que educadito que estuvo, si fuera el idiota de Adrián o el inservible de Franquito, te quiero ver.

Sí, hay que ir. Los quieren ver a todos. ¿Y si no van? Ah, no sé, todos tenemos familia, ¿no?

Pero, ¿vamos?

Yo qué sé.

Había una vez un circo

No hay bombo, no sé por qué

que alegraba siempre el corazón

Pero la fiaca es toda mía

lleno de color un mundo de ilusión

entonces qué más da

pleno de alegría y emoción

viaje, batir de palmas, speech

Había una vez un circo

La película con las fotos de estos años

que alegraba siempre el corazón

Articular, producción, todos y todas

sin temer jamás al frío o al calor

contención, subsidio, crédito

El circo daba siempre su función.

Apoyo incondicional, todos los sectores

Siempre viajar siempre cambiar

crisis global, emergencia volcánica

pasen a ver el circo

escuchando a los que no hablan

otro país otra ciudad

edificando en la pampa muerta

pasen a ver el circo

a pesar de lo que otros dicen

es magistral sensacional

el modelo, el crecimiento, profundizar

pasen a ver el circo

que en esto nos va la vida

somos felices al conseguir

desde los andes al mar

a un niño hacer reír

Fueeeerrrrrrrrte ese aplauso

No estuvo mal, no, pero hicimos bien en salir rápido de ahí, antes de que se amontonen a montones, todos pugnando por una palmada, una sonrisa, una palabra de boca del líder, algo que les dé una esperanza. Lo pienso, lo digo, a lo mejor un día lo escribo, y siento verdaderas, rotundas ganas de ser uno como ellos, de que la esperanza que perdí pueda serme devuelta, impoluta o mancillada, entera o descuartizada, al contado a plazos, pero la puta, una esperanza, qué importa si vana, la esperanza es siempre esperanza y es el resto de las cosas del mundo lo que va girando en torno a ese punto fijo. ¿Y si no hay un punto? ¿Y si no hay nada fijo? ¿A qué me aferraré el día en que todo lo concebido arda? ¿A qué santo pediré clemencia? ¿A qué banquero una prórroga? ¿Sobre qué maíz apalearé mis rodillas con tal me sea dada una muesca de redención? Bien vista, la ruta de asfalto es una negra vena de facto sobre la carne de un ser moribundo. Bien pensado, esos tipitos en auto o en bicicleta o de a pie, esos que vivan a los vivados y entierran a los muertos, esos son la infección, el ejército que otro ha enviado para que acabe de una vez con esta farsa. Si es esta la vía láctea, pienso, mientras el pie se hunde en el pedal que acelera, es que hay una leche universal y para este lado ha venido el chorro, la escupida, de esa leche sideral. Acaso esto que hacemos mierda no sea un mero artefacto celeste sino el único espermatozoide llamado a engendrar, uno en medio del caos, uno, como en la película de Woody Allen, que se pregunta: ¿será cierto que sólo uno de nosotros llegará? ¿y el resto qué? ¿muere?

Dejame acá, en la esquina. De paso, como, que tengo un hambre que veo al diablo en calzoncillos.

Y cruzo la calle corriendo. Y al llegar a la vereda me ato los cordones. Y me veo en el reflejo de una gran vidriera y me dan ganas de arreglarme el pelo, cortarlo, peinarlo, alguna cosa. Y veo en mi cara las primeras motas de una barba que no he querido afeitar. Y veo en mi abrigo negro los pelos de un gato rubio, como si en casa yo tuviera gato. Como si fuera escritor. Como si me creyese el verso del escritor con gato. Y me paro en el escaparate de revistas y me detengo en las revistas para hombres. Yo no sé quién le dijo a esa gente que los hombres gustan de las muñecas de plástico. Y veo en la portada de los diarios anuncios de crisis millonarias, y de obras, y de pestes, y decido que no voy a comprarme nada para leer mientras como, que me voy a poner a escribir. A lo mejor una crónica, a lo mejor una carta.

Me siento a escribirte una carta. Supongo que es una despedida. Supongo que me va a dar más trabajo que cualquier carta que haya escrito nunca. Iba a poner Querida. Y no, acabo de guardarme el “querida” porque ya no te quiero. Y si escribiera “querida” sin quererte podrías darte por odiada. Y no. Tampoco siento odio por vos. Ni rabia ni resentimiento. Ni lástima. Al fin y al cabo no dejo de ser como el resto de la gente: yo también me someto a una ley no escrita. Hay que sentir. Alegría, tristeza, felicidad, desazón, impotencia. ¿Y qué pasa cuando uno no siente nada? ¿Será esta página el final de algo? Se me ocurre que sí, aunque no sabría decir con precisión que es lo que se acaba. Tal vez no se acabe más que esta página y mañana el mundo seguirá rodando y otras páginas, más aterciopeladas o cargadas de la justa inquina, de filo o lo que carajo sea que deban tener para que ardan los ortos que deban arder. Y que los eunucos bufen. No te quiero ¿ya lo dije? Y tampoco me arrepiento de haberte querido. Loca, desaforadamente. No tuve, no tengo, quiza jamás tenga, otros modos que estos. Pero sí tengo la certeza de que alguien va a romperte la crisma. Pronto. No seré yo, claro. No tengo fuerzas para eso. Hoy me desperté envidiando la capacidad de alguna gente para causar daño. A veces uno necesita darse el pequeño regalo de cometer una maldad. Bien sabido es que la venganza no respeta las paridades del mercado oficial de cambios. Y lo mío, en todo caso, comparado con lo tuyo, con el estrago que causaste en mí, y para peor en otra gente, todos estos años, metódica, implacable, putísima, es una minucia. Lo tuyo no resiste perdón alguno. Viene llegando el día en que van a enterarse. ¿Qué? Que nunca estuviste enferma. Ni de cáncer ni de nada. Que sólo apelaste a tan bajo recurso, amenazada, hambrienta de algo que bien pudiste haberte ganado por buenos modos, pero no te gusta. Las cosas claras no te van bien. Entonces le contaste tu secreto sólo a una. Le dijiste no se lo cuentes a nadie precisamente porque esa es la forma de conseguir mayor difusión. Al cabo todos dijeron, dijimos, pobrecita, qué injusta la vida con alguna gente valiosa. ¿Y yo? No, de mí no voy a hablar.

¿Señor? Estamos cerrando la caja, ¿me permite que le cobre?

Sí, ya me estaba yendo, ¿qué te debo?

Esa estúpida de cortar la vida en días, ¿no? Un día te graduás, ponele, como si el día que te dieron el diploma, el día en que aprobaste el último examen, representasen la carrera toda, cada día que estudiaste, cada hora de sueño no dormido, cada hora de sueño con el cuerpo exhausto de fatiga intelectual –las veces que hubieras querido que fuera de la otra- y, al fin, un abismo, un antes, enorme y cada vez más pequeño, y un después, enorme primero, más estrecho cada vez, todo a la misma desembocadura.

¿Qué harías en el mejor día de tu vida? ¿Te pusiste a pensar? En un día de la vida, por ejemplo, caben todas las  películas de Kubrick. ¿Las verías? No, no es buen plan. Ya las viste casi todas. Ninguna vez es igual a la primera. Y Killer´s kiss ni siquiera es buena. Pero le sirvió de lección. Las historias nuestras, las que cada uno tiene para contar, lejos están de ser las mejores. Siempre hay otro que lo hace mejor que uno. A todo, ¿eh? Sea dividir usando números romanos, sea a volar en aladelta.

Un día en la vida te sentás a la mesa de un bar, escribís una carta que no debés escribir, pulcra, en letra suave y clara, como si de un cheque se tratase, a sabiendas de que nunca vas a enviarla. Y la cortás en seco. Vino el mozo, quiere cobrar. Le das propina. En fin, te vas.

Buenas tardes mis queridos chichipíos, cómo dicen que les va. Me imagino que habrán hecho la tarea que el miércoles pasado les dejé encargada. A eso lo doy por descontado, ¿no? ¿Alguna vocecita, allá, en el fondo? Ustedes deberían aprovechar a decir todo lo que les venga en gana, jovencitos. Yo incluso, en lugar de ustedes, me apuraría, vieron que en cualquier momento se baja la edad de imputabilidad penal. ¿No lo escucharon en la radio? Yo lo escuché hoy a la mañana, aunque tal vez haya estado soñando, pero un diputado ya hablaba de un pabellón para infantes. Y yo me imaginaba un corralito para bebés. Claro, con mejores medidas de seguridad, con barrotes firmes. Y algunos privilegios para los que tengan buena conducta. El que pide permiso para ir al baño tiene derecho a que le hagan cosquillas en la panza. Y a tener perro. Y a que le lean cuentos.  Pero por lo pronto son inimputables.

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3 Responses

  1. marce dice:

    el perverso se regodea al provocar la angustia del otro, el peor castigo es que ya nunca más va a comer de tu angustia. salud! la vida continúa

  2. Portnoy dice:

    ¿Cómo no me mandaste el enlace?
    En cuanto pueda te incluyo en el mapa y agrego el enlace.
    Gracias por tu colaboración

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